20 de junio de 2006

A propósito de la Sintonía Bipolar

No es una pena que no entiendas lo que escribo. Y si es una verdadera lástima, despues de todo no es rentable que lo explicites, pues como quizás lo imaginas no eres el epicentro de mi tinta.
Verás (y ésto si que es complejo), tu no apareces en la antesala de mi silencio cuando me desparramo sobre renglones. Es una tregua que me regalo sin tu consentimiento; ¿acaso podrás culparme? Crucifícame, soy loca (¿contento ahora?). Puedes creer de mi lo que quieras, nada hará que llore estupefacientes que no me corresponden.
Como dije al principio, no tiene caso que intentes comprenderme ahora, si cuando estube de cuerpo y fiebre ante tus pupilas de scaner no pudiste aceptarme. Es claro y entendible que no entiendas nada de principio a fin, porque soy yo la que intenta decirte NADA con el fin en el principio (o al menos no presisamente a tí).
¿Tiene peso la nada?- me pregunto- ¿ésta nada te significa o mas bien te repudia?...
No pretendo estorbar con mis alas de libélula en tu estanca miopía, ¡tenga piedad de mi Sr Esquema!
Al final de cuentas, con tus concluciones puedes hacer burbujas, que es casi lo mismo que la cantaleta mil veces repetida.
Co-habitemos- te propongo (yo aqui con mis libertades trotamundas, tu allí con tus prejuicios) en el mismo engranaje exquisito de la vida.
Sibila retruca su
antepenultimo ancho titiritésco.
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