15 de diciembre de 2008

Falta de alas




Me conformaría poder llorar de vez en cuando. No un llanto catastrófico ni absoluto ni redentor ni mucho menos.

Un buen llanto cada tanto para liberar ciertas angustias, ciertas incomodidades que me pesan, ciertas dudas de esas que molestan hasta el hartazgo.

Un llanto despacito, como a mí me gusta. Un llanto que me libere de tu boca.

Bastarían un par de lágrimas, no muchas. Algunas lagrimitas que sepan decir que ya te fuiste y que me lo tengo que aprender. Para salir a encontrar de nuevo.

Supongo que debería ser simple.

No debería demandar mas que un par de minutos, y quizás luego un vaso de vino para acompañar el logro y la desidia de encontrarme sola, otravez y comosiempre.

Pero no puedo.

Últimamente se me está haciendo difícil cumplir con ciertos errores (de esos que amaba). Y cumplir también con las decisiones tomadas desde hace un tiempo.

No creo que sea irresponsabilidad.

Creo que es la falta de alas que vengo sufriendo.

Por la decisión de un destino malvado o quizás sólo mala leche, mis alas se han ido hace algunos meses y no han vuelto.

Es una lástima. Una tristeza grande.

Antes solía volar seguido. Aleteaba este mundo cada tanto y cantaba mucho y besaba mucho y me sonrojaba más seguido. Y me gustaba la mirada linda, el verso silencioso, el abrazo compañero, el juego entre las sábanas.

Hoy vuelo bajito, lo cual es una pena porque odio estar atada al suelo por un tiempo prolongado.

En fin. Ando extrañando mis alas. Y el conformismo simple que me daría un buen llanto, no de los que inundan, pero sí de los que liberan.

Pero como me faltan mis alas grandes, prefiero que el llanto no venga por ahora. Si viniera no tendría en qué irse volando. Y tendrían que quedarse mis penitas atadas a mi lado, andando cerca, revoloteando, o peor aún, recordándome por qué andan cerca de mí.

Y eso sería una verdadera molestia. Y una sincera lástima.


Na.-
Dibujo: El Principito, de Antoine Saint Exupèry
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