30 de abril de 2009

Mientras.

"Déjame ver algún día
como ven tus ojos".

Julio Cortázar - Rayuela





Prestame calma esta noche
que tu nombre se desfigura
despacito
acá adentro

mientras te escribo

-mientras te olvido-

20 de abril de 2009

Joaquinito y Serrat






¡Qué tanta belleza junta me marea, coño!

Gracias gracias Joaquín...



Y a uno le dan ganas de escucharlos para siempre no?

5 de abril de 2009

No perderme de mi después de vos












No esta vez












No perderme de mi como tantas otras veces antes de vos







3 de abril de 2009

Oleaje.



“Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez
mi corazón de viaje.
Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un `no te quiero querer`”.
Peces de ciudad. Joaquín Sabina



La cachiporra tendida en el estómago. Me cuesta imaginar que un hombre o mujer con cachiporra pueda amar. A veces pienso que debe ser un amor menos humano, o menos intenso. Un amor muy lejos de nosotros, los que para pegar usamos las manos.
Un hombre que se llama Santiago, ponele, (porque me gusta ese nombre) sabe descubrirme en otro mundo. Y esto de que no haya frío cada vez que me toca. A veces creo que me falta tanto para aprender a amar que me agarra nostalgia de futuro. Una nostalgia muy lejos de esta vida de ahora, esta vida que me sobra, me envuelve, me enamora.
La guitarra ardiendo en la garganta. Me resulta fácil imaginar que un hombre o una mujer con guitarra en las manos o en el corazón (que son los más) sepan amar. Si tiene música en los dedos o en el alma, debe amar de formas indescriptibles, casi asustadizas. De formas que nosotros, los que llevamos la mitad del mundo preguntándonos por el amor, no conocemos. Y eso me da ganas de saber, de explorar.
Bajo este cielo de otoño hay otro nombre, uno que no es Santiago ni está cerca, y no se si me llama, o si quiere llamarme. Un nombre que me deslumbra. Que si dijera ese nombre no abarcaría tanta poesía. Un nombre que me hace fuego a la noche y a la mañana cambia. Un nombre ciclotímico. Un nombre de azufre, de dedos, de sal.
El alma sobrando en los poros.
La soledad en compañía.
Con esto no tienen que ver las cachiporras ni las guitarras. Con esto de saberme esta que soy. Esta que soy y que busco no sabe de tipos de amor. Se abraza a distintas figuras que no son ni viento ni estatua. Se enamora de besos tristes. Se besa de sombras. Y se viste de arrullos buenos que no son ni van a ser. Esta que busco y que soy se pierde de palabras que faltan.
Y hoy.
El alma sobrando en los poros.