27 de octubre de 2009

Soledades I

Esta necesidad de vos me delata.

Y si todo fuera un poco distinto. Si ese beso hubiera sido en otro momento, pero igual. Igual de dulce, igual de espontáneo, en el lugar que más me gusta… si hubieran faltado todos ellos, si sintiera que fuiste sincero, si hubiera calma.

No te soltaba, no hubiera dejado que te fueras, no cabría mi corazón, hinchado de vos, en este mundo.

Y te invento. Invento tus manos recorriendo estas soledades. Invento tu boca detrás de la noche, delante de mí, diciendo lo que no digo, sin decirlo.

Te besaría tanto.

Y la verdad es que no es raro.

Suelo amar a hombres maravillosos, pero ocupados o locos. Y me duele tanto.
Esta falta.
Esta ausencia de boca. De tu boca.

Necesito de tu abrazo, ahora. De tus manos que miman, de tu voz dulce diciendo mi nombre.
Pero no estás.
Y sin embargo yo sí estoy, acá, encontrándome con que te necesito, siendo que nunca te tuve antes.

Te besaría tanto. Te recorrería entero con esta boca.
Te haría el amor, intermitentemente, despacio, muchas veces.

Te nombraría cada tarde, como lo hago siempre, cada vez que el reloj marca las 5. Diría tu nombre de aire y entendería lo que me falta, esas pocas sílabas que me hablan de otra cosa, que no es esta soledad, ni esta mentira que me vendo a mí misma, cada día.


Por suerte existen estos momentos, donde puedo nombrarte y tocarte aunque no estés.
Por suerte sé consolarme. Tengo palabras y alas.

Sí. Por suerte todavía tengo todas estas palabras.

Pintura: Soledades, de Miguel Menassa
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