19 de junio de 2010

Influencias de veinticuatro.


Yo no sé lo que es el destino.

Caminando fui lo que fui.

Allá dios que será divino

Yo me muero como viví.

El necio – Silvio Rodríguez




Fijate. Mirá bien. Abrí los ojos. Vas a ver que el mundo está del revés, patas arriba. Y sin embargo sigue siendo hermoso, tan lleno de palabras y de abrazos. Tan necesitado de nosotros- eso me dijo Eduardo.


Nosotros estamos cabeza abajo- me contó Mafalda. Y me mostró los palitos de abollar ideologías (que hoy pueden y suelen tener otras formas).


Sé que ando sin buscar, pero no sé si ando sabiendo que nos vamos a encontrar alguna vez. Quiero dejar que otro me vea como ven mis ojos. Quiero que un día me dejes ver como ven tus ojos- estito me lo enseñó Julio, a quien queremos tanto. Y hubo un día que, sin siquiera darme cuenta, entendí a Oliverio cuando me decía dejate ser con otro, y lo reviví: Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan…


LaGente no está ahí abajo ni ahí arriba. LaGente está a la altura de los ojos. (¿Vos para dónde mirás cuando me ves? Fijate. Prestate atención cada vez que veas, siempre que veas a otro). Porque el pueblo es la frontera es la trinchera es el camino. Adelante y atrás del pueblo no hay nada. Nos toca vencer todos los días a la derrota, a los derrotistas. Y también a los conformistas, a los hipócritas y a los farsantes. (A los traidores nada, ni palabras, ni justicia)- me susurraron Eva y Juan. Y Rodolfo y Paco y Juan y TreintaMil.


Mirá bien. Abrí los ojos. Los que nos mienten desde siempre no muestran sus caras, se esconden atrás de LaGente que está en las pantallas que ocultan las verdades y machacan las cabezas. Los que mienten son los que dominan a través de zonceras, esas que nos han enseñado en la escuela y son conocidas como sentido común. Los que mienten son, y serán siempre que estén, nuestros enemigos. (Y al enemigo hay que asumirlo neciamente, conocer su cara, para después poder confrontarlo) - esto lo aprendí de Arturo y lo poetizó Silvio; después me lo repitió DosMilOcho.


Mirá bien. Prestá atención. Hay compañeros por todos lados, subversivos hermosos. Aunque nos hayan arrancado a muchos imprescindibles, ellos son los que nos mueven hoy, a cada instante. Alzamos sus banderas cada día, cantamos sus canciones, buscamos lo que soñaron. Una patria grande, una patria enorme que vamos construyendo con amor, con mucho amor y mucho pueblo (y fusiles también, si hicieran falta). Y la justicia, siempre la justicia. Todo eso pegadito a nuestra hermosa costumbre de abrazos, de alegría ante todo y contra todo- me lo contó José; me lo dieron a entender mis compañeros; y más tarde me lo dije a mí misma, cuando comprendí la magnitud de la palabra compañero.



Sorprende el amor cuando ataca. Sorprende la nostalgia. Sorprende la sensación de pertenecer a un lugar, a algunas personas. Sorprende cuando a los muchos los sentís tuyos.


Sorprende la historia cuando abarca lo que no se dice, la tanta historia de esos muchos, tan llena de piel, de sangre, siempre haciendo frente a la amargura, a la avaricia de los pocos. Sorprende encontrarse rodeada de banderas. De un amor inconmensurable que sólo puede ser humano, tan complejo, llenador y extraño como somos los humanos.


Sorprende saberme constructora de mis propios pasos (aunque sea tan difícil a veces tomar las decisiones correctas). Pero somos lo que hacemos de nosotros mismos.


Sorprende descubrir que abrir los ojos es lo más difícil del mundo. Cuesta vida. Y arde en las entrañas. Ver derrumbarse, uno a uno, nuestros prejuicios, las sinrazones con las que justificábamos algunas injusticias, es algo terrible y maravilloso al mismo tiempo (y hay tantos y tantos muros que derrumbar todavía). Comprender que el mundo también depende de lo que hace uno. Verse haciendo cosas, por más ínfimas que sean, por, para y con los otros (que son yo, siempre).


Creo en la magia. En el karma. En el universo. En la música. En el potencial y el poder de la palabra. (esto de poder decir gracias, decir te quiero, decir amigo). Pero antes que cualquier cosa, creo en las personas que conozco, mis tantas gentes que sazonan la vida.


Amo mis distancias mis ausencias, el camino que me construyo a cada paso, mis fracasos. Y lo otro también, por supuesto. Amo las sonrisas de los que amo. Mi lu, mi flo, mi vi, mi fa, mi lula, mi ma, mi pa, mi ni, mi emi, mi sol. Las bocas nuevas que enamoran. Los abrazos eternos e inconmensurables. Mis hojas llenas de manchones que quieren contar algo con palabras. Los libros que cuentan, los que cantan, los que historian. Las caricias cotidianas que están cerca, siempre cerca.


Acá estoy y acá me quedo. Con mi otoño fresco y soleado. Con mi vigesimocuarto otoño entre los dedos. Con la certeza de que falta mucho, de que recién empiezo a andar. Y tengo mis manos que tocan y abrazan, siempre.





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