21 de julio de 2010

Amigos.


No.
No todos los amigos de mis amigos son mis amigos. Por suerte.
Y porque muchos me caen mal. Es la verdad más verdadera. 
Ahora que pienso, las novias o novios también. La mayoría, por principio (y al principio) me caen para el culo. 
Porque soy celosa de ellos. Y sé darme cuenta cuándo aquellos son cagadores o altos gatos. Eso. Instinto de protección, ponele. Y unos celos grandes como una casa. Porque mis amigos son eso. Mis casas alternativas. Y también mis abrazos necesarios, mis caricias cotidianas, mis mates, mis noches locas y mis noches tristes, mis monotonías y mis alteraciones. Tan parte de mi vida como mis anteojos o mis manos. Tan imprescindibles como el beso, el café con leche y la palabra.
Así que va un sincero, y tardío, felíz día a mis amigos que saben que son mis amigos. Y a los que yo sé que lo son. Está bueno decirlo de vez en cuando: Los amo yo a ustedes. Sepanló. No es que los amo hoy nomás. Es siempre. Hoy aprovecho pa decirlo, ya que todos aprovechan pa decirlo. 
Redoblo la apuesta, a riesgo de quedar como una pesada reiterativa:
                                      Felíz Día y Buena Vida.


Pintura: Gustav Klimt.
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