28 de octubre de 2010

El nombre y el hombre son nuestros.



Hay momentos en que la historia te sacude. Te apuñala. Te abofetea violenta y estruendosamente.
Hoy fue un día de esos.
Se nos murió un compañero.
Un compañerazo.
De esos que le cambian el color a la política. A los significados de la palabra compromiso.

Había que llorarlo. Sentirlo adentro, en lo hondo. Porque nacía así. A torrentes. Y dolía como la putamadre.

Y después había que salir a la calle.
A buscar los abrazos que siempre están cuando hacen falta. Las manos unidas juntas y compañeras. Las lágrimas lloradas juntas y compañeras. A buscar los otros cuerpos a los que también les dolía y por eso se encontraban. Y este era un dolor de a muchos. Pero también era el dolor que confirmaba que ahí estábamos, juntos, compartiéndolo. Reafirmando que las plazas son nuestras, como la patria, como el proyecto, como esta militancia que fogonea a los pibes, que nos despabila, que nos encuentra reavivando aquello de que los pueblos deprimidos no vencen, y por eso venimos a combatir por el país alegremente, como decía don Arturo.

Hoy había que inundar las plazas del país. Hoy exigía definiciones. Nada de tibiezas políticas, nada de quesíqueno. Hoy había que estar donde hay que estar. Y estuvimos.

El gorilaje, esos macabros, cipayos y vendepatrias que hoy salieron en algunos lugares a festejar esta muerte, ese gorilaje se va a tener que lavar la boca con vinagre cada vez que lo nombre a ese hombre. Porque ese hombre y ese nombre son nuestros. Un líder. Compañero. Bandera a la victoria, como bien sabe el pueblo argentino de banderas a la victoria.

Y guarda.
Muchísimo cuidado con jugar a desestabilizar.
Cuidadito con decir que esta muerte afecta la gobernabilidad.
Mucho cuidado con desestimar a la compañera Presidenta. Cuidado.
Porque en esos momentos, gorilas, agarrensé.
Acá atrás y adelante y también a los costados de la compañera Presidenta hay un pueblo entero.
Un pueblo que hoy está mucho más unido que ayer y que saldrá a defenderla con garras y dientes, y sangre también (si hiciera falta) a ella, a este proyecto, y a esta patria que supimos volver a conseguir, después de tanto tiempo.

Hasta la victoria, compañero Néstor Kirchner. ¡Venceremos!

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