19 de junio de 2012

26.

Tengo una urgencia.
Un picor.
Un apuro.
Una nota.

Pero voy con calma.
Me he nacido a mi misma varias veces ya. 26 casi. 
Tengo el cuerpo entero, que hace.
La voz toda, que dice.
Mis gentes-roca.
Mis gentes-camino.

Puedo hacer una pausa. Y mirar el cielo.
Porque tuve 26 cielos y fueron todos míos.
Parí 26 ojos, también.
Con sus abrazos y sus desidias y sus ansias y sus hermosuras.

Tengo un silencio.
Una caricia.
Una memoria de elefante.
Un elefante en una serpiente.

Pero voy paseando.
Me dejo asombrar. O no. Me muero de miedo. O asusto.
Soy toda esta cantidad de voces de adentro
y de voces de afuera.
De música incendiaria, enardecida,
tamborileando en mis dedos, en el pecho.

Tengo algunos versos
-que son sólo míos-
Y muchas manos compañeras, montones, que se extienden y me abrazan
siempre.

Tengo 26 otoños.
Y nadie nace en otoño sin laberintos y cielos grises y poesía.
Así que acá me tienen, laberínticamente
naciendo una vez más,
de otoño a otoño, como lo indica el calendario,
y mis arrebatos de alegría.

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