20 de septiembre de 2012

Buenaventura.

En la ciudad donde vivo
andan floreciendo los aromos, los lapachos.
Se anda asomando la vida nueva de la primavera
en cada esquina, en cada cauce, en cada lluvia.

En la ciudad que habito, que quiero, que me llena
el río anda cantando una cancioncita con gusto a futuro,
anuncia el tiempo de las flores,
los colores, los olores.

La ciudad se anda convirtiendo en una ventana
hacia los abrazos,
en una pausa,
en un silencio,
en un solsticio.

Miro el cielo colmado de azul, repleto, felíz.
Llega el calor. El carnaval. La buenaventura.
Viene el tiempo de las polleras, las mareas,
las estrellas enormes, allá arriba,
los ciclos nuevos.

¿Cómo no va a ser tiempo de cambiar de piel,
también?



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