19 de octubre de 2012

Mañanas.

Hay veces que me acariciás
como si estuviera por acabarse el mundo. De una forma final. Atroz.
Terriblemente hermosa.

Es incierto esto. Raro. Tranquilo... debe ser por eso que me gusta.
No tiene exigencias. Ni tiempos.
Hay cariño, no amor. Y eso, por ahora, es un alivio.

Hay veces que me duermo pensando en tu abrazo, en tu espalda, tu boca
y ay!, dudo de todo, un rato.

Pero no. Esto que somos es así, con sus incertezas y sus vaivenes
y sus gestos amorosos. O no.
Esto que no somos, no se mide.

Y eso es tan lindo como tu caricia mañanera.
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