21 de noviembre de 2013

Los otros.

Hay gente a la que la vida le pasa por el costado. Es gente fácil de detectar.
Venga señor, señora, haga conmigo el ejercicio: sitúese en lugar público, cualquiera este sea. Si hay una actividad cultural, mejor. Mire con atención. Ábrase el pecho, señor, señora, y vea. Tienen poco brillo los que lustran poco su propia vida. Tienen nubarrones en los ojos. Una angustia que no pueden comprender. Una clase mierda. Una queja en la punta de la lengua. ¿Vió?

Después están los otros. Ay! Los otros. Los que caminan la vida a puro incendio. Y se enamoran. Uf. ¡Cómo! Se enamoran con los ojos, los abrazos, el sexo, la carcajada, la caricia, el vino compartido, la mesa servida, la música que entumece el corazón. Y las manos que construyen futuro. ¿Cómo no amar a los que brillan? ¿Cómo no querer navegarlos siempre? ¿Cómo no ser en ese tumulto hermoso de los otros? -que son yo, claro, siempre-

Ahí andan, amaneciendo el mundo de fuga en fuga, de beso en beso, de amor en amor. Hasta el fin de los tiempos.

Cine a Mano - Julieta Tabbush, Neuquén.

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