12 de junio de 2014

28, parte I

- O: la edad me pone verborrágica- 


Cumplir años me resulta un hecho trascendental. Ya lo he dicho varias veces. Y tiene que ver con que cada vez que se acerca mi natalicio, empiezo a contar, de atrás para adelante, todo lo que hice, crecí, sané, escribí, dolí, lloré, amé. Y siempre me maravillo de lo mucho que es. De todo lo que es.
Cumplir años es comenzar a contar las canas nuevas y lamentarse por ellas, inevitablemente. Y contar, después, los abrazos, los mimos, las palabras, los tequieros, los textraños, las anécdotas, los caminos, los reencuentros, las ausencias, las presencias, las alegrías, las carcajadas. Todo eso. Lo de antes, lo de ahora, lo que está para quedarse. Lo que perdimos. Lo que soltamos. Lo que amamos. Especialmente, lo que amamos con la libertad de elegirlo. Las personas y los libros y los veladores y las almohadas y los ocios y, principalmente, los abrazos.

Muchas veces pienso que me desvanecería en la nada si no tuviera la red de abrazos que me rodea. Y ese descubrimiento refuerza mi única creencia: amar lo que tengo, que, por poco que parezca, es un montón.
Y me pasa también, cuando estoy cerca del aniversario de mi natalicio, que encuentro plenitud. Hoy, me doy cuenta que tengo todo lo que necesito para ser feliz. Y eso me renueva las alas, las ganas, el cuore. Me atraviesa la existencia vislumbrar, a veces, la circularidad de la historia, la casualidad de algunos eventos, la causalidad de otros, las decisiones que nos marcan para siempre.

¿Cómo fue que llegué hasta acá, que soy esta que soy?, me re-pregunto cada vez.
En algún momento, pienso, dejé de hacerme la boluda y crecí. Y ahora no paro de crecer. Y de sorprenderme por lo crecido, lo construido, lo descubierto. Mirá qué loco, la cantidad de años que acumulé. Y es tan poco, en realidad. Esa paradoja del tiempo/espacio me maravilla siempre. Soy adulta, es así.

28 otoños, natalia, qué cosa bárbara.

Más allá de que no tengo nada resuelto, de que no sé que habrá en el futuro, y de que tengo un ramillete de deseos frescos, tengo esta sensación, que brilla, de que no voy por mal camino.

Porque, hay que ser sincera con una misma, perdí varias batallas. Amé tanto a los hombres que amé que no sé cómo tengo entero el corazón. Y claro, también fui egoísta, cínica, abandónica, charlatana, chismosa, histérica. Y lo soy todavía, porque este es un solo paquete imperfecto, por suerte.

Sin embargo en el medio entregué lo que tenía a quien lo quisiera tomar. Inventé otoños de amor que no fueron y escribí poemas desesperados y cartas que jamás verán sus destinatarios. Fui feliz. Soy feliz, muy. Y esto de la felicidad es una cosa extraña, que se descubre por tramos, en instantes que muy poco tienen que ver con la felicidad en el imaginario sentidocomunacho. Como ahora, por ejemplo, que escribo estas cosas en un recreo del trabajo de oficina. Un intersticio que me doy, en este instante preciso, para escaparme de la vorágine.

Igual, queda mucho por cambiar. Tengo prejuicios, debilidades, miedos, errores, inseguridades, desaciertos, vanidades, críticas. A veces no empatizo con nada ni nadie, el mundo es una mierda, todos se equivocan menos yo, qué forra la humanidad, qué ganas de nada, qué inútiles somos, y otras peroratas del mismo tinte. Sí, me equivoco, claro que sí.
Por suerte, me rodea gente sabia. Aquella red de abrazos que sabe mostrarme mis errores, para que escriba y escribiendo los vea, los suelte, los cambie.

Soy un saco de emociones por estos días. De mieditos. De vulnerabilidades. El futuro es tan grande que me aterra un poco. Pero después, en el festejo, sé que no hay nada que valga más la pena que compartir todo lo que soy con los que quieran estar y con los que yo quiero estar. Y agradezco por eso, siempre.

28 natalia, mirá qué loco. Al final del otoño, 28.

Y no es poca cosa haber llegado, y sentirme un poco añejada, como los vinos que amo. Porque al fin y al cabo, sólo hay otra opción a la de cumplir años, y gracias pero no, quiero llegar a vieja chota. Cumplir años es, indefectiblemente, vivir. Y es bueno saber que en ese trajín amo, sueño y construyo, a pesar de las batallas perdidas (y las que quedan). Y a pesar, sobre todo, de que estoy llegando peligrosamente a los 30.



Tiempo al tiempo al tiempo
cada huella irá encontrando su arena
cada beso deteniendo un momento
y cada canción matando una pena.



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