había que ver el mar y ver el río
inhalar fuerte otros aires
dejarse encandilar por el mismo sol iluminando en otro lado
abrir los ojos acá cerca
besar entre la distancia y la cercanía
reformular el aliento
la lentitud
el horizonte
abrir el balcón de par en par
y corroborar que las plantas sobreviven
y vive el amor, también
la extrañeza
el sexo buenaventurado y memorable
los juegos
las palabras -que están y que faltan-
sobrevive incandescente
a pasitos de la risa
del corazón
de las manos mías y las manos tuyas cuando se juntan
y camina el amor, también
con sus vericuetos
y la novedad de andar así
-tan rara para mí-
de a dos
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San Marcos Sierras, Córdoba, hace poquito. |