Mostrando las entradas con la etiqueta ReDesCubiertos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ReDesCubiertos. Mostrar todas las entradas

4 de noviembre de 2014

Crecer II.

deben entender ustedes que durante mucho tiempo me hice la fuerte, la de la coraza donde nada pasaba. la que no quería ni necesitaba sentir cosas profundas por nadie. la que ni en pedo iba a considerar alguna vez ser madre. la independiente. la grosa. la inteligente. la sola. la fémina cabría y fatal. la que no se enamoraba jamás... porque el amor es una guerra perdida de antemano, pensaba.

qué pelotuda.

sostener todo eso cuesta mucho. y más cuesta creérselo. y yo me lo creí. de verdad creí que no quería una historia que me volara los párpados, o un amor común y corriente -que ya por amor no tiene nada de común ni nada de corriente-.

qué cosa curiosa crecer. es una suerte que sea más veces un cachetazo que una caricia.

y pasó, hace un par de años, que una serie de eventos bastante desafortunados, me llevaron a preguntarme qué quería yo para mí misma. la respuesta era una pregunta ¿ser feliz? y ser feliz implicaba ponerme en movimiento. mirar. abrazar. sonreir. y claro, darme la cabeza contra la pared.
y entonces, esa parte que tenía entumecida por hacerme la dura, se despertó. me enamoré del primer boludo que me dijo dos cosas lindas al oído.
y fui feliz, claro, porque que aquel muchacho fuera boludo no significa que no me haya hecho feliz varias veces. pero no funcionó.
y sufrí.
y me hice la dura de nuevo. y otros eventos mucho más desafortunados me llevaron a preguntarme si quería lo que tenía. si ésta que era, era lo que quería ser. si mi vida me hacía feliz. y entonces no fue suficiente mirar y abrazar y sonreir. había que hablar. sacar de adentro los miedos terribles, las cosas guardadas, las inseguridades que pinchan.
y entonces, alguien que también parecía estar reparándose y reencontrándose consigo mismo, me dijo algunas cosas lindas al oído y, por supuesto, me volví a enamorar. esta vez, dije, va a funcionar. él está un poco roto como yo, nos sanamos juntos, creí.

y de verdad lo creí por un buen tiempo.
pero las roturas de él eran mudas y las mías estaban sanando muy bien. y el silencio a veces era tan grande y tan espeso, que sofocaba. lloré muchas veces ese silencio, hasta el último. el que decidí que fuera el último, suspiré aliviada. yo había crecido por sobre mis roturas, había sanado un montón de rencores viejos conmigo misma, había perdonado, había seguido. tenía claro que el camino estaba ahí, abierto y clarito, para que lo transite.

y andaba triste yo, tratando de olvidar al tipito de los silencios, pero tranquila, sin durezas nuevas. había cierta naturalidad en ese dolor que no sé cómo explicar. estaba ahí, doliendo yo, con cierta certeza de que iba a pasar, como todo: el tiempo es la mejor cura para el desamor, me decía. y eso sentía de día y lloraba de noche. así fue un largo rato.

qué cosa curiosa el dolor.

en el medio de eso, un buen día, un hombre, fresco y hermoso, me dijo que estaba muy linda, a pesar de mi soltería.
y me hizo reir hasta que se me arrugaron los ojos. y otro día casi se nos van dos días enteros de abrazos y charlas y carcajadas.
tienen que entender ustedes que estas cosas no pasan a menudo, y yo soy una descreída de los momentos hermosos -tengo un cinismo latente que muchas veces es insoportable-.

entonces, el hombre fresco era mi buen momento de la semana, la parte linda de una serie de días horribles, con muchas noches tratando de sacarme del cuerpo y la mente al tipito de los silencios. que se iba yendo, despacito, pero se iba yendo a enmudecer otros territorios.

hasta que una buena noche, como quien no quiere la cosa, el hombre fresco me miró con otra intensidad. y yo hice otro tanto. y nos abrazamos.
y otra buena noche me dijo que me quería. y yo le dije lo mismo.
y ahora sucede que hay noches que me encuentro extrañándolo con los huesos. como se extraña el invierno en días de mucho calor, o el sol de un país nuevo cuando en casa está nublado.
y hay otros días en que soy una valija llena de miedos. pero convencida de que si ese camino clarito que estaba abierto me trajo hasta acá, no debo haber hecho tantas cosas mal.

porque, claro, estoy enamorada otra vez. y queriendo como se quiere un amanecer de otoño, o la ducha caliente después de un día largo y frío, o el café con leche de un desayuno en invierno, o la siesta. estoy queriendo hasta los defectos, con las ganas radiantes de construir y viajar y crecer y hallarnos siempre, cada vez, con este hombre fresco que llegó.

qué cosa curiosa el amor, al fin y al cabo.





[la hojita que lo contenía dice, al pie, abril 2014
lo encontré hoy, y me resultó curioso que el otro crecer
también fuera de un abril, pero de 2013. 
coincidencias.
o no.]

21 de agosto de 2014

Nombrar.

Descubro mi corazón, inundado de un amor desconocido. ¿Cómo no me voy a sonreír por eso? Y después, te nombro. Y nos abrazamos en medio de la noche, en medio de la vereda, en medio de la cama. Se escurren al vacío todos los malditos misterios del amor. Se rompen por mentirosos. No hay ningún misterio. Es este sacudón en el estómago, el amor, este rayo que te parte los huesos* sin violencia, pero violentamente. Esta tempestad suave de besos, de palabras, de miradas, de manos.
Te nombro. Quiero que nos salvemos juntos, esta noche, de todas las ausencias que tuvimos. Te nombro, compañero, y me sonrío.


*Frase de Rayuela, Julio Cortázar.



emmasapien



26 de marzo de 2014

Concretamente.

a veces abro los ojos y ya es otoño.
hoy hace un otoño descomunal. se me arremolinó esta mañana en los ojos y me quiso dejar durmiendo, bajo el cielo nubladito y su abrazo fresco.
a veces el otoño es indicio del amor. y, claro, de las inseguridades y los miedos del amor. yo, por ejemplo, vengo descubriendo un corazón mío que no conocía. lo saco y lo contemplo, cada tanto, y me maravillo.
específicamente todo, pero todo todito aquello de lo que huí durante tanto tiempo, me anda pegando brutales cachetazos.
a veces me encuentro a mi misma sólo sintiendo, sin pensar. tengo este amor, voraz, que me anda comiendo por dentro, me despabila, despierto a las cuatro y treinta de la madrugada, sorprendida por la noche, por el repiqueteo de mi sangre que corre y que sueña y que vuela también, claro.
concretamente el nuevo vientito frío de este otoño hermoso y brutal me anda abriendo los ojos, me sacude las entrañas -y no de hambre precisamente-, le grita a mi subconsciente que estoy amando, con el cuerpo y el miedo y estas ganas de salir corriendo yayaya. pero no, no me voy a ningún lado. estoy cansada de salir corriendo.  
y a veces está bueno quedarse a sentir.

Y, viste como es





[encontré esto en carpetas guardadas hace mucho tiempo. la hojita dice, al pie, abril2013. pero es tan actual y tan de ahoritamismoacánomás, que saqué unas cosas y puse otras tantas. y ahora dice, al pie, marzo2014]