Me horrorizan los opinólogos profesionales. La alarma de las 7. Los noticieros. Las campanas de la iglesia tan sincronizadas cada tarde, a la misma hora.
Te busco entre pliegues que no existen. Tengo ganas de gritarte que te calles, urgente.
Ya perdí los dos kilos que había ganado y eso me pone triste.
Me horroriza esta hoja en blanco. Los machitos. Los bebés que lloran en el cine. Eso que llaman LaGente. Y los domingos sin mate.
No saberte. A pesar de que no te callas nunca. No saber si estás, en algún lado. Y si también te horrorizan las campanas, LaGente, los bebés llorones.
Que seguimos acá, creciendo. Sí, cómo que no? Aunque no guste nada de nada a veces. Se camina. Y se camina bien. Uno no es infeliz. Tiene penitas. Nada más
Lo que cuesta no es mirar el cielo. Que arde tan gratamente allá arriba. Lo que cuesta es decir te quiero y no ponerse meloso.
Por suerte está el abrazo. Y las rimas mal logradas.
Por suerte los caminos que nos llevan y las gentes que sazonan.
Por suerte las puteadas las palabras los amores -esos tantos colchones que hay que gastar-.
Buenas Noches...-dijo eso y al instante contrajo el lugar a un nudo, algo insoportable- Estas hecha un espanto, linda- ese calificativo era su fuerte, aunque lo dijera junto a espanto.
Vos también, querido-
Y si. La lluvia, viste?
Ah, la lluvia. Igual ya no llueve... hace como dos horas que no llueve -me miró fijo y después miró el cielo.
Fuiste vos? -lo preguntó como si realmente algo así fuera posible.
No. Mi virtud es sacarle la ficha a los salames como vos, no parar la lluvia. Pelotudo.
"Yo voy a ser como yo quiera. En qué frecuencia estás, yo estoy en las demás. Nos vemos cuando te mueras" Choto, de la tira Ciega a Citas
Qué siniestra esta soledad de milenios. Esta implacable mancha de penumbra que me persigue. Qué desastre.
Hay tanta mediocridad en el mundo. Tanta cosa hecha con desgano. Tanto malhumor. Tanta mierda. Cosas con las que cargamos todos. Y los rencores por supuesto. Aprender a lustrar los muchos rencores que una guarda no es tarea fácil. Y no hay fórmula zen u oriental que valga. Pero me tranquiliza creer en el karma. Todo vuelve, acuerdensé.
Igual, haya paz. Un poco aunque sea. De esa que amolda la locura diaria.
Pero, de vez en cuando, quisiera matar lentamente a cierta gente. No se preocupen, no me da el cuero para matar a nadie. Y son pocas veces. Se me pasa cuando me digo a mí misma que son pelotudos. O fachos.
En fin. Es mucho. Es demasido para este cuerpecito cargar con semejante soledad. Y con histerias ajenas. Demasiado tengo conmigo. Hay algo de violencia ahí. Probablemente un poco de autocastigo. Posiblemente necesite una temporada de psicólogo. Por suerte siempre hay alguien cerca que comprende estas soledades. Y las escucha y las comparte. Para nostalgear de a dos, al menos.
Hay mucho delirio también, y por suerte. Mucho de esta soledad que amo. Mucha belleza que sobra y brota a borbotones. Mucho estremecimiento del bueno. Mucha persona que sabe decir y hacer. Mucha palabra. Mucho abrazo.
- El día que me di cuenta que amaba los abrazos, estaba soltando ese que iba a perder para siempre. Cosas que pasan-.
Igual, haya violencia también. Un poco. De esa que salva de la cordura eterna.
Supongo que todo esto tiene que ver con la sensación térmica. Y con esto de que trabajar en verano es un plomo. Y me pone de los pelos.
En fin. Es mucho. Capaz sea sólo que me está por venir. Y me pongo de la nuca.
-A mis amigas, que siempre siempre me salvan de la locura. Y de la cordura también-
tu cara desconocida, idéntica a mi alma.
Marguerite Yourcenar
I Un vientre danzador
Un ser humano
Un abrazo No tendría que existir nada más en el mundo
para aprender a encontrarnos
II Y si nos dirigimos
inevitablemente
hacia la Nada
¿cómo rompemos el abismo entre el silencio, que niega,
y la sinfonía atormentada, que libera?
¿qué estamos esperando para destrozar el tiempo?
Pintura: Marc Chagall
31 de diciembre de 2009
Para que sigamos haciendo del mundo un lugar un poco más lindo el año que comienza...
Les deseo mucho...
Pero mucho...
CULO en 2010 ¡Buen comienzo, y que les garüe finito!
Dibujos: 1- No sé 2- Mariano Lucano 3- Banksy
La ambigüedad de bocacalle las herrumbres un cielo que parpadea cada dianoche sin quejarse.
Los silencios que me susurran palabras cada tarde cuando el reloj marca las 5.
Hoy estoy siendo en esta bocanada de humo.
La simpleza es un lugar tibio y cómodo donde uno podría quedarse quietamente rato largo. Sin embargo elijo la voracidad de lo complejo, el camino de piedras, algunos fracasos, las victorias infinitas.
Elijo existir en esta bocanada de humo, en su silueta de mujer.
Elijo los fracasos porque detrás hay nuevos mapas, más personas, el tumulto enardecido, la soledad implacable.
Elijo ser en otra gente. Desmembrarme l'alma y repartirla. Verla volar, victoriosa, entre los míos.
Elijo la calma de una noche cualquiera para escribir estas cosas. Para llorar o para arder. Para nombrar lo que me falta.
Elijo ver -y no mirar-. Elijo tocar. Elijo destruir los muchos muros que oxidan la piel. Elijo sembrar.
Elijo el gesto. La palabra. Una mirada, un abrazo. El amor. Elijo el amor.
Y si todo fuera un poco distinto. Si ese beso hubiera sido en otro momento, pero igual. Igual de dulce, igual de espontáneo, en el lugar que más me gusta… si hubieran faltado todos ellos, si sintiera que fuiste sincero, si hubiera calma.
No te soltaba, no hubiera dejado que te fueras, no cabría mi corazón, hinchado de vos, en este mundo.
Y te invento. Invento tus manos recorriendo estas soledades. Invento tu boca detrás de la noche, delante de mí, diciendo lo que no digo, sin decirlo.
Te besaría tanto.
Y la verdad es que no es raro.
Suelo amar a hombres maravillosos, pero ocupados o locos. Y me duele tanto.
Esta falta.
Esta ausencia de boca. De tu boca.
Necesito de tu abrazo, ahora. De tus manos que miman, de tu voz dulce diciendo mi nombre.
Pero no estás.
Y sin embargo yo sí estoy, acá, encontrándome con que te necesito, siendo que nunca te tuve antes.
Te besaría tanto. Te recorrería entero con esta boca.
Te haría el amor, intermitentemente, despacio, muchas veces.
Te nombraría cada tarde, como lo hago siempre, cada vez que el reloj marca las 5. Diría tu nombre de aire y entendería lo que me falta, esas pocas sílabas que me hablan de otra cosa, que no es esta soledad, ni esta mentira que me vendo a mí misma, cada día.
Por suerte existen estos momentos, donde puedo nombrarte y tocarte aunque no estés. Por suerte sé consolarme. Tengo palabras y alas. Sí. Por suerte todavía tengo todas estas palabras.
(un plato vacío en la cama, mis cigarrillos, Huerque Mapu)
ahi afuera hay otros
que no son muros (y saben que los nombro)
hoy hace pocas palabras de las que se dicen
y muchas de las que se escriben
(cuando era chica, muy, le robe el sacapuntas a un compañero de la escuela -y todavía lo tengo-)
hoy hacen ganas de hacer otras cosas que escribir en este lugar
darle nombre a lo que tengo que no se llama
(hace poco tiempo prometimos regalarnos con amigos, léase regalarnos de hacernos regalos, y sentí una cosa tan grande, tan mía, como un amor raro por gente que no conozco tanto, que me sentí egoísta)
hoy hace cierta locura y nostalgia y felicidades pequeñas
(lo cierto, lo absolutamente cierto, es que cuando quise verte no te vi, y tenía preparado todo lo que te iba a decir, las posturas, las miradas, los sortilegios hechos la noche anterior)
No existe.
No existe el relámpago ni la piel
si no los encuentro bajo la almohada
o entre mis piernas.
Es mentira este elíxir de madrugada
esta verdad de invierno
esta necesidad de vientre y abrazo.
Por mis huesos navega el semblante de un reflejo
la inmensidad de un parpadeo
y cierto rumor a vasco en mis orillas
-las que se oponen a la injusticia, a la voracidad del tiempo y el mundo-
No existe.
No existe mi carne en la dulzura de la noche
ni los otros ojos que me miran
más allá de este papel que los nombra los crea los sostiene.
Y aquí, los enhebra.
Aquí, los festeja.
30 de junio de 2009
darse cuenta
por accidente
que atrás y adelante y también a los costados
siempre
arriba y abajo va la vida tramando algo enfurecida o titilando
De cruzar los dedos una tarde de otoño. Y justificar mi remota felicidad con hojas secas que están ahí debajo de mis pies. Afinadas y certeras, para que me canten hojas secas cuando las camine.
Buscar el sol en la vereda porque la sombra es fría en otoño. Y el sol abraza lindo, curiosamente.
Hablar de frazadas y descubrirlas, a mis favoritas, las que estuvieron desterradas por meses debajo de mi cama. Y sacarlas al patio para que agarren olor a otoño. Y acurrucarme con ellas luego para jugar a soñar durante varias horas.
Puedo convivir en paz con mis papeles y con el mundo cuando hace otoño. Mi otoño. El que me regala hojas secas y no se llueve (otoño no se atrevería a nublarse ante estos ojos).
Ahora miro la ventana mientras tomo el café con leche. Hoy en mi patio hace un otoño hermoso, descomunal.
La enredadera silva un tango mientras desparrama hojas. Y el hornero que hizo casa sobre la ventana, anda buscando hijos con su compañera.
Sí. Definitivamente puedo cruzar los dedos y justificar mi remota felicidad con estas cosas.
10 de junio de 2009
Hoy escuché a una profesora decir que el sentido común es el menos común de los sentidos. La entendí más tarde, probablemente por pereza. Pero es cierto: lo obvio es tan obvio algunas veces que constantemente lo pasamos por alto (como esta mismísima afirmación).
Empezar a darle sentido a estas secuencias de rutinas insalvables.
Y salvarnos de a todos. De una buena vez por todas.
Agotar el espacio entre lo dicho y lo callado.Y salvarnos.
De la desmemoria el desinterés y las dosis descomunales de bizarriedad que consumimos.
Salvarnos del cuarteto de nostalgias e historias trilladas que todavía seguimos creyendo.
Salvarnos del absurdo de la palabra cuando no es sincera. Y de la repetición continua de lo mismo, siempre.
Salvarnos de la lumpecracia que abunda y que tozudamente se mantiene en el mismo sitio desde hace siglos. Sin mover un puto pelo sin cambiar una sola palabra.
Salvarnos de esa parte de lo cotidiano que agobia y aburre y machaca la cabeza hasta el cuadrado.
Salvarnos de la racionalización absoluta de todo lo que existe. Del objetivismo. De la seriedad. Burlarse con altura de la historia es un buen ejercicio cuando se sabe hacer (bien nos lo enseñan los videos de Peter).
Salvarnos de la droga mediática que arremete sin remedio. Y de los portavoces de ninguna voz que valga realmente la pena.
Salvarnos de los revolucionarios de estampilla. Y su par de fotocopias revolucionarias (manifiestos del finado líder) leídas con cansancio y sin vergüenza.
Salvarnos de Otto Vargas, de Elisa Carrió y de Mauricio Macri y su Va a estar bueno… ¡Las pelotas va a estar bueno!
Salvarnos de la educación estándar, encasillada y agotadora. Y de los simposios de sabios referentes de la nada que no tienen nada nuevo que decir.
Y entonces también:
Salvarnos de la impartición indiscriminada de pensamiento vacío, de la Crítica Lanata o la crítica por la crítica misma.
Tan empapado de soles celestes y terrazas desiertas...
Me regocijo ante la existencia del río. De su noche caliente. De su abrazo milenario.
Camino esta calma tan colmada de pequeñas verdades, de magníficos misterios.
Me rompo en este abrazo que acabo de nacer, entre palabras, para usted
Poeta del Ah!mor... que será de vos allá donde hayas ido, imagino que directo al corazón de una palabra, como decía Paco. Allí donde tu alma, l’alma se sienta completita y cantora,
como lo era cuando habitabas estas latitudes...
Vamos a extrañar un poco bastante tus abrazos de río y niebla, de amigo y hermano
Y tus palabras, tanto tanto, nos van a faltar tus palabras...las del amor las del agua las de la vida, esa que tanto te sobraba
Te abrazo, desde este lado del río al que supiste cantarle con unos pocos versos
Las despedidas, rompen, por eso te saludo. Tiro una botella al infinito para que la encuentres
-adentro hay varias palabras, de esas que te pertenecen-
Te vuelvo a abrazar en esta escritura, que te corona, hermano, debajo de los vaivenes de la noche.
A Horacio
Poeta en la terraza... A Mario Poeta de acá enfrente...