16 de junio de 2009

Pachamama de mi sangre



Tan escandalosamente fabulosa. Mi vieja.
Madre flor, madre suelo.

Mi vieja, Pachamama de mi sangre.
Ella tan atormentada de recuerdos. Tan inundada de palabras.
Mi vieja que me enseñó a mirar a los otros, lejanos, como hermanos.
Ella tan colmada de desamores, tan saciada de amores.

Mi vieja de sangre y ceniza. Y algunas lágrimas, y algunos fracasos.
Madre nostalgia. Madre castigo. Madre alegría, mi vieja tan llena de carcajadas.

Mi vieja luz, madre luciérnaga. Tan increíblemente apasionada.
Tan sorprendentemente deprimida. Mi vieja geminiana.

Que metaforea la vida de mil modos,
que me enseñó la militancia y la entrega que ahora me corre por las venas.
Ella que me tatuó el socialismo en los poros.
Mi vieja utopía. Madre entrega.
Ella tan así de valiente. Mi vieja cielo.
Madre estrella. Madre noche.
Ella que nunca nos preguntó por la tarea, porque se sobreentendía lo que era la responsabilidad.

Mi vieja de verdades atronadoras, de mentiras pequeñas,
de sexología casera, de retos infernales.
Ella que me inculcó el amor por la palabra escrita, por el verso compartido.
Madre verso. Madre poema.
Que nos mostró el abrazo inconmensurable y nos enseñó a quererlo,
como se quiere a las flores o a los fantasmas.
Mi vieja de voces. Madre palabra.
Que anda atareada de ausencias que le duelen y de compañías que la placen.

Mi vieja tambor. Madre comparsa.
Que me enseñó a renovar las alas en cada aleteo,
para que no me aburra de mi y aprenda a quererme.
Mi vieja ocaso. Madre crepúsculo.

Mi vieja. Atormentadoramente nueva en cada paso.
Madre ciclos. Madre estrella.

Mi vieja.
Tan escandalosamente fabulosa
Pachamama de mi sangre
Mi vieja.

14 de junio de 2009

Cruzar los dedos



Quizás sea toda esta maravilla.
De cruzar los dedos una tarde de otoño. Y justificar mi remota felicidad con hojas secas que están ahí debajo de mis pies. Afinadas y certeras, para que me canten hojas secas cuando las camine.
Buscar el sol en la vereda porque la sombra es fría en otoño. Y el sol abraza lindo, curiosamente.
Hablar de frazadas y descubrirlas, a mis favoritas, las que estuvieron desterradas por meses debajo de mi cama. Y sacarlas al patio para que agarren olor a otoño. Y acurrucarme con ellas luego para jugar a soñar durante varias horas.
Puedo convivir en paz con mis papeles y con el mundo cuando hace otoño. Mi otoño. El que me regala hojas secas y no se llueve (otoño no se atrevería a nublarse ante estos ojos).
Ahora miro la ventana mientras tomo el café con leche. Hoy en mi patio hace un otoño hermoso, descomunal.
La enredadera silva un tango mientras desparrama hojas. Y el hornero que hizo casa sobre la ventana, anda buscando hijos con su compañera.
Sí. Definitivamente puedo cruzar los dedos y justificar mi remota felicidad con estas cosas.




10 de junio de 2009

Hoy escuché a una profesora decir que el sentido común es el menos común de los sentidos. La entendí más tarde, probablemente por pereza. Pero es cierto: lo obvio es tan obvio algunas veces que constantemente lo pasamos por alto (como esta mismísima afirmación).


Y he aquí algunas pruebas.









29 de mayo de 2009

Manifiesto de humor otoñal



Empezar a darle sentido a estas secuencias de rutinas insalvables.
Y salvarnos de a todos. De una buena vez por todas.
Agotar el espacio entre lo dicho y lo callado.Y salvarnos.
De la desmemoria el desinterés y las dosis descomunales de bizarriedad que consumimos.
Salvarnos del cuarteto de nostalgias e historias trilladas que todavía seguimos creyendo.
Salvarnos del absurdo de la palabra cuando no es sincera. Y de la repetición continua de lo mismo, siempre.
Salvarnos de la lumpecracia que abunda y que tozudamente se mantiene en el mismo sitio desde hace siglos. Sin mover un puto pelo sin cambiar una sola palabra.
Salvarnos de esa parte de lo cotidiano que agobia y aburre y machaca la cabeza hasta el cuadrado.
Salvarnos de la racionalización absoluta de todo lo que existe. Del objetivismo. De la seriedad. Burlarse con altura de la historia es un buen ejercicio cuando se sabe hacer (bien nos lo enseñan los videos de Peter).
Salvarnos de la droga mediática que arremete sin remedio. Y de los portavoces de ninguna voz que valga realmente la pena.
Salvarnos de los revolucionarios de estampilla. Y su par de fotocopias revolucionarias (manifiestos del finado líder) leídas con cansancio y sin vergüenza.
Salvarnos de Otto Vargas, de Elisa Carrió y de Mauricio Macri y su Va a estar bueno… ¡Las pelotas va a estar bueno!
Salvarnos de la educación estándar, encasillada y agotadora. Y de los simposios de sabios referentes de la nada que no tienen nada nuevo que decir.
Y entonces también:
Salvarnos de la impartición indiscriminada de pensamiento vacío, de la Crítica Lanata o la crítica por la crítica misma.
Salvarnos de las verdades absolutas que acechan.
Salvarnos de las mentiras veniales que hostigan.

Salvarnos de nosotros, cuanto antes.
Y, urgentemente, Salvarnos con nosotros.

18 de mayo de 2009

De terrazas y palabras.



“Con la mansa bravura
de insistir respirando”
Horacio C. Rossi

Que le espera a este otoño tan húmedo?
Tan empapado de soles celestes y terrazas desiertas...
Me regocijo ante la existencia del río. De su noche caliente. De su abrazo milenario.
Camino esta calma tan colmada de pequeñas verdades, de magníficos misterios.
Me rompo en este abrazo que acabo de nacer, entre palabras, para usted
Poeta del Ah!mor... que será de vos allá donde hayas ido, imagino que directo al corazón de una palabra, como decía Paco. Allí donde tu alma, l’alma se sienta completita y cantora,
como lo era cuando habitabas estas latitudes...
Vamos a extrañar un poco bastante tus abrazos de río y niebla, de amigo y hermano
Y tus palabras, tanto tanto, nos van a faltar tus palabras...las del amor las del agua las de la vida, esa que tanto te sobraba
Te abrazo, desde este lado del río al que supiste cantarle con unos pocos versos
Las despedidas, rompen, por eso te saludo. Tiro una botella al infinito para que la encuentres
-adentro hay varias palabras, de esas que te pertenecen-
Te vuelvo a abrazar en esta escritura, que te corona, hermano, debajo de los vaivenes de la noche.

A Horacio

Poeta en la terraza...
A Mario
Poeta de acá enfrente...

30 de abril de 2009

Mientras.

"Déjame ver algún día
como ven tus ojos".

Julio Cortázar - Rayuela





Prestame calma esta noche
que tu nombre se desfigura
despacito
acá adentro

mientras te escribo

-mientras te olvido-

20 de abril de 2009

Joaquinito y Serrat






¡Qué tanta belleza junta me marea, coño!

Gracias gracias Joaquín...



Y a uno le dan ganas de escucharlos para siempre no?

5 de abril de 2009

3 de abril de 2009

Oleaje.



“Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez
mi corazón de viaje.
Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un `no te quiero querer`”.
Peces de ciudad. Joaquín Sabina



La cachiporra tendida en el estómago. Me cuesta imaginar que un hombre o mujer con cachiporra pueda amar. A veces pienso que debe ser un amor menos humano, o menos intenso. Un amor muy lejos de nosotros, los que para pegar usamos las manos.
Un hombre que se llama Santiago, ponele, (porque me gusta ese nombre) sabe descubrirme en otro mundo. Y esto de que no haya frío cada vez que me toca. A veces creo que me falta tanto para aprender a amar que me agarra nostalgia de futuro. Una nostalgia muy lejos de esta vida de ahora, esta vida que me sobra, me envuelve, me enamora.
La guitarra ardiendo en la garganta. Me resulta fácil imaginar que un hombre o una mujer con guitarra en las manos o en el corazón (que son los más) sepan amar. Si tiene música en los dedos o en el alma, debe amar de formas indescriptibles, casi asustadizas. De formas que nosotros, los que llevamos la mitad del mundo preguntándonos por el amor, no conocemos. Y eso me da ganas de saber, de explorar.
Bajo este cielo de otoño hay otro nombre, uno que no es Santiago ni está cerca, y no se si me llama, o si quiere llamarme. Un nombre que me deslumbra. Que si dijera ese nombre no abarcaría tanta poesía. Un nombre que me hace fuego a la noche y a la mañana cambia. Un nombre ciclotímico. Un nombre de azufre, de dedos, de sal.
El alma sobrando en los poros.
La soledad en compañía.
Con esto no tienen que ver las cachiporras ni las guitarras. Con esto de saberme esta que soy. Esta que soy y que busco no sabe de tipos de amor. Se abraza a distintas figuras que no son ni viento ni estatua. Se enamora de besos tristes. Se besa de sombras. Y se viste de arrullos buenos que no son ni van a ser. Esta que busco y que soy se pierde de palabras que faltan.
Y hoy.
El alma sobrando en los poros.




28 de marzo de 2009

Clavado en la memoria





Miguel Rep

(Y si todo esto es cierto, porque lo es
-porque uno mira de verdad, y duele-
¿Qué es lo que estamos esperando?)

3 de marzo de 2009

Pregunta.







Detrás de la arena
un cuerpo nuevo que me salva.
Agradezco estas intensidades
que aparecen cada tanto.

Si te respirara lentamente un tiempo largo
quizás te querría. Pero no se.
Tu mirada todavía es un poema inconcluso
cierta metáfora que no descifro
-y eso me fascina-

Después y ahora
encuentro todas esas bocas
que me hacen tan feliz
Las que reconozco mías
por salvarme muchas veces

-de la tristeza,
de la locura,
de esos lados tan humanos
que persiguen-

Detrás de la pereza
y de mis besos suaves
no sabría encontrarme
sin abrazos que ardan
de tan inconmensurables

-gracias por eso, siempre-

Y me pregunto,
secretamente,
sin querer decirlo en voz alta,
por las dudas

¿qué hubiera sido de nosotros
si nunca
se hubiera inventado el abrazo?



25 de febrero de 2009

Juan




Juan

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
Juan Gelman, de “El juego en que andamos”.




la despiadada intemperie de esta ausencia prolongada
la constante presencia de tu ausencia
Juan siente de estas cosas
él es un presente con el alma arrancada a retazos
y devuelta por partes
nunca entera
Juan sabe de ese dolor que cuenta la historia
-sin saberlo sin decirlo
él es ese dolor porque lo escribe-
pero Juan ama
aprendió a reconocer la tumba sin nombre
el nombre sin tumba
su ausencia de alma ese nombre mudo
ese arrullo de niño que duele hasta los huesos
que rasguña el alma hasta siempre hasta después de siempre
Juan sabe de esto
de esas palabras que nacen y arden y siguen naciendo todo el tiempo
para contar las voces que otros quisieron apagar
por eso Juan no usa comas ni puntos ni mayúsculas
el dolor hay que contarlo entero como venga
y siempre el grito la rabia el desamor la vergüenza
nos llegan de a retazos
desordenados
y sin reglas de sintaxis.
A Juan Gelman, por la palabra, siempre

Nati.-

12 de febrero de 2009

Serie I



I
Hoy quisiera tocarte.
Arderte de noche
y mirarte los silencios
y las espinas.
Sólo esta noche
de madrugada y sin luces
quisiera que seas batalla ganada.
Porque sólo hoy y sin apuros
entrego el alma
por transpirarte.

II
Me zambullo en la maldición
irreversible de las máscaras.
Concurro a esta sangrienta llamada de tambores
hacia el mar
tan cerca de ser libre
tan pedazo de mi sangre
Te regalo cada cielo que se llueve
y algunos tangos
-de esos que arden-
Me ahogo en mi propia piel
por esto de quererte...
Pequeña vergüenza de mi carne
Silencioso orgullo de mis sábanas

III
Hallé un mar de sales
a la orilla de mis pasos.
Me detuve a contemplar el nácar
que horadaba tanto suelo.
Vi violetas arroyos gentes.
Supe con certeza, en un instante,
que me encontraba sola.
Éramos la sal y yo
lentamente
haciendo mares...

IV
Miro toda esta ausencia que me rodea
todas estas feroces máscaras
que buscan la cara que no tengo
la que perdí esa noche cuando me dejaste
tan insaciablemente sola.
Recorro toda esta cantidad de ausencia
que me ocupa el cuerpo
y me río de la brevedad de tus sonrisas
y del fascinante resplandor de tus pupilas.
Soy feliz.
Lo sentencio. Lo grito. Lo aseguro.
Por esto de transportar ausencia,
por este solsticio y esta lluvia y mañana de noche para querer.
Feliz de seguir siendo
aunque duela un poco
lo que siempre he sido.


Suplicios
Me convenzo de que existo
más allá de estos fracasos.
De la noche grisácea y de los sueños sin tiempo.
A veces creo que podría vivir en un rasgueo
en la curva de la nostalgia
o simplemente sin mi.
Puro aire.
Sublime espesura.
Y me sorprendo por esta necesidad de cuerpo.
De querer oler el libro viejo
o tocar madera joven.
Observo este dulce suplicio
en el intento de conciliar
las alas y el suelo.

(Los dos primeros publicados en Revista La Chancleta, Nº 4)
Imagen: Stencil callejero. Autor: Dolk

24 de enero de 2009

A 50 años del Triunfo de la Revolución cubana



Fidel

Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.
Y en eso sus enemigos tienen razón.

Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el "Granma", ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.
Y en eso sus enemigos tienen razón.

Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces.
Y en eso sus enemigos tienen razón.

Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión,
que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán,
que sobrevivió seiscientos treinta y siete atentados,
que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria,
y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.

Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la Copa Mundial del Felpudo.

Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen que en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.

Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.

Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.



Espejos - Eduardo Galeano.