"Esta es nuestra Patria. La Patria de la primavera. Aunque la humille el liberal, servil al Imperio del Norte, aunque la niegue el intelectual de la izquierda dogmática, que aprende de la vida por los libros, la Patria siempre está volviendo… Con la insistencia de la ola en el mar, con la tenacidad del viento, con la paciencia inmemorial de la tierra". Marcelo Koenig
es que con esto no tiene nada que ver el mundo o por lo menos lo que considero mi mundo, que es pequeño abarca un solo continente y algunos hermanos del hemisferio sur
pero atrás de los ojos que no veo hay otro cielo. un abrazo renovado naciendo con la ventisca nublada de otoño.
atrás manos y decires gente que hace bien porque está nomás
adelante ese tumulto enardecido y feliz
esa marea entonando la misma música la misma que entona desde hace tantos decenios
por eso no tiene nada que ver el mundo esa fiesta que todavía late es nuestra para siempre
coronada de ese pueblo hermoso y asombrado por encontrarse con que comparte la palabra PATRIA.
¡Oíd, mortales!, el grito sagrado: ¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad! Oíd el ruido de rotas cadenas, ved en trono a la noble igualdad. Se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación, coronada su sien de laureles, y a sus plantas rendido un león.
De los nuevos campeones los rostros Marte mismo parece animar la grandeza se anida en sus pechos: a su marcha todo hacen temblar. Se conmueven del Inca las tumbas, y en sus huesos revive el ardor, lo que ve renovando a sus hijos de la Patria el antiguo esplendor.
Pero sierras y muros se sienten retumbar con horrible fragor: todo el país se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor. En los fieros tiranos la envidia escupió su pestífera hiel; su estandarte sangriento levantan provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre México y Quito arrojarse con saña tenaz y cuál lloran, bañados en sangre, Potosí, Cochabamba y La Paz? ¿No los veis sobre el triste Caracas luto y llanto y muerte esparcir? ¿No los veis devorando cual fieras todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, argentinos, el orgullo del vil invasor. Vuestros campos ya pisa contando tantas glorias hollar vencedor. Mas los bravos, que unidos juraron su feliz libertad sostener, a estos tigres sedientos de sangre fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente argentino a las armas corre ardiendo con brío y valor, el clarín de la guerra, cual trueno, en los campos del Sud resonó. Buenos Aires se pone a la frente de los pueblos de la ínclita unión, y con brazos robustos desgarran al ibérico altivo León.
San José, San Lorenzo, Suipacha, ambas Piedras, Salta y Tucumán, La Colonia y las mismas murallas del tirano en la Banda Oriental. Son letreros eternos que dicen: aquí el brazo argentino triunfó, aquí el fiero opresor de la Patria su cerviz orgullosa dobló.
La victoria al guerrero argentino con sus alas brillantes cubrió, y azorado a su vista el tirano con infamia a la fuga se dio. Sus banderas, sus armas se rinden por trofeos a la libertad, y sobre alas de gloria alza el pueblo trono digno a su gran majestad.
Desde un polo hasta el otro resuena de la fama el sonoro clarín, y de América el nombre enseñado les repite: "¡Mortales, oíd!: ya su trono dignísimo abrieron las Provincias Unidas del Sud". Y los libres del mundo responden: "Al gran pueblo argentino, ¡salud!
Sean eternos los laureles, que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos... ¡o juremos con gloria morir!
Reencontrarse con gente que uno no ve hace muchísimo tiempo, generalmente no está bueno.
Sobre todo porque una no tiene ni idea qué pasó con la vida de esa gente: si les va bien, si les va mal, si pasaron por cosas jodidas, o cosas hermosas. Nada, una no sabe nada.
Y por supuesto también está la certeza de que seguramente les pasaron cosas, de cualquier tipo, pero cosas les pasaron. De que seguramente ya no son las mismas personas. Porque una ya no es, ni de lejos, lo que era hace tantísimo tiempo.
Por suerte esta no es la reflexión de una incomodidad similar.
Pasó que me reencontré con gente que no veía hace muchísimo tiempo. En realidad no nos reencontramos, ni de casualidad ni de golpe y porrazo. Nos encontramos porque quisimos. Y eso está bueno. Tener las ganas de reencontrarse con gente, de re-conocerse. Lo que en realidad es encontrarse, porque ahora son gente nueva.
Y porque yo no sé nada de ellos. Son distintos. Y convengamos que tampoco los conocí mucho antes. Se trata de mirarlos de otra forma. Con estos ojos que tengo ahora, que no son los que eran cuando los veía más seguido.
Lo cierto es que las pocas veces que nos vimos la pasé de diez, de miles. No tuve necesidad siquiera de pensar dónde estaba. O por qué. Estábamos en sintonía, se podría decir. Viejos amigos. Nos reímos de las mismas cosas, lo que es curioso. No tuve que amoldarlos a algún juicio forzado. No tuve que esforzarme para estar ahí. No tuve que callarme nada tampoco. Y esas cositas, a veces, te llenan. Como abrazar, pero distinto.
Me sorprende que a pesar de que transitamos caminos diferentes, estos pocos años que pasaron nos llevaron a realidades y pensamientos parecidos. Lo que también es un abrazo.
Como esto de encontrarme con la certeza, de golpe y porrazo, de que no andábamos tan lejos como prejuiciaba. Todo lo contrario. Andábamos bastante cerca, pero no teníamos ni idea.
Otoño debería ser parte de la metáfora más sublime y más hermosa.
Otoño es el otoño de Juan. Y también el de los besos que aparecen, tan nuevos, tan intermitentes.
Otoño son mis hojas secas. El papel que nunca está en blanco. Los amuletos que encuentro en la vereda.
El silencio preciso. La lluvia justa. El sol, el tan puro sol de otoño.
Otoño son mis gentes que renacen. Las alas renovadas. El abrazo caliente. Los ojos que arden.
Otoño es este abril que corre. Las tempestades de cielo celeste.
Esta vorágine de abril, que siempre es abriles, muchos miles y miles de abriles.
Otoño la belleza. El fulgor incandescente. Tu mano que me lleva, me lleva y la dejo.
Este otoño tan siempre mío, tan mi cuerpo negando el invierno, tan decididamente y sin tapujos el tiempo de la violencia. Y también de la calma. Tan falto de grises. De palabras que sobren.
Otoño siempre tan árbol. Tan desnudamente humano. El nombre de lo ajeno abajito de la sombra. El nombre de la sombra. De lo imposible. De la poesía.
Otoño siempre, infinito. Otoño tan metáfora inconclusa.
Hace unos días, por primera vez en mi vida, escuché música en un Wincofon (o tocadiscos). Jamás había experimentado ese sonido. Fue increíble. Una maravilla, es poco. Comprendí la fascinación que deberían haber sentido mis viejos cuando de pendejos les regalaron uno.
La música escuchada a través de ese aparato es asombrosamente diferente. Nosotros jamás sentimos algo similar. Todo es nuevo y viejo al mismo tiempo en estos días que corren. Estamos acostumbrados a los sonidos “limpios”. Los de un cd o un mp3 (que es el mejor invento en mucho tiempo, valga la aclaración).
En cambio un disco de pasta tiene ese sonido atrás, como a pisar hojas secas. Un no sé qué. Como cuando alguien llama por teléfono y está bien lejos. O escuchar una radio AM, de fondo, mientras se hacen otras cosas. A todo eso junto suena. Y a otras cosas más, pero inexplicables en palabras.
Y experimenté lo obvio cuando se descubre algo: la piel de gallina. La certeza de que me quedaría horas y horas escuchando discos de pasta. Después la memoria. Ésta, la mía, tan detallada.
Muchas personas tienen una asombrosa tendencia a enrarecerse cuando escuchan música. No cualquier música, la que los llena. La que los invade. Y los hace destinatarios absolutos de aquello que escuchan.
Mi viejo solía tener muchos discos de pasta cuando era joven. Para cuando yo nací le quedaban algunos pocos. Había perdido discos que amaba, como los de Quilapayún, Los Olimareños y las cantatas de Montoneros. Sí, mi viejo era bien peronista (creo que lo sigue siendo, pero de otra forma).
Entre los pocos discos de pasta que le quedaban estaba uno del pelele de Palito Ortega. Y uno de Creedence. Un día, no sé cómo, ni cuándo, mi viejo agarró ese disco, se lo llevó a alguien y trajo la grabación en casete. Hacía poco, para mi cumpleaños de 12 creo, me habían regalado el primer radiograbador de la casa.
Bailamos Suzie Q con mi viejo. Y Have You Ever Seen The Rain. Cada tanto poníamos el casete después de comer a la noche. Como una improvisada actividad familiar. Y solíamos bailar y cantar esas canciones.
Es rarísimo acordarme de estas cosas -quizás es por esa última canción que amo tanto la lluvia, la bailaba con mi viejo-. Pero el único nombre de una canción de Creedence que realmente me acordaba, y siempre lo hice, fue Suzie Q.
Esas fueron mis primeras lecciones de rock. Rock en inglés. El rock viejo que se baila tan lindo.
Nunca supe por qué eligió grabar ese disco de pasta. Ahora que pienso tendría que agradecerle al viejo por haber elegido a Creedence y no a Palito Ortega. Pero había algo ahí. Esa música en especial es muy mi viejo. Y tenía la capacidad de enrarecerlo. Escuchaba Creedence y de repente era un pibe de nuevo. Le nacía toda esa historia que tiene antes de mis hermanos y yo. Esa historia de banderas. Tan terrible y hermosa. Y tan mía también, de alguna forma.
Son demasiados detalles. Resulta asombroso como unas pocas cosas, de gentes absolutamente diferentes, pueden revivir memorias que una ni imaginaba que andaba guardando. Un dibujo en grafito. El sonido a pisadas sobre hojas secas de un Winco.
En fin, sólo me maravillo por esta memoria que anda encontrando recovecos dónde nunca se imaginó.
Aprovechemos el otoño antes de que el futuro se congele y no haya sitio para la belleza porque el futuro se nos vuelve escarcha...
Mario Benedetti
Este oleaje que recorre la piel para que no se oxide. Un nomeolvides que dije hace mucho tiempo, cuando creía en esas cosas.
Un silencio abrumador nostálgico distinto. Te pienso. Estoy segura que idealicé mi imagen de vos, por todo lo que te quise. Sé que cuando te vea vas a ser, inevitablemente, otra persona. Y ya no te pensaré más.
Pero en el mientras te imagino conmigo cuando éramos. Y me invade lo absurdo de esos tiempos. La vorágine de un amor tan pequeño y accidentado. Pero amor al fin.
Fuiste, y serás siempre, el principio de mis historias de amor. Más allá de que hoy seas otro.
Y yo, a pesar de mi memoria, tampoco sea ya más lo que fui.
rebalsar de besos bien dados, de colchones gastados.
Este poema tiene que decir te quiero.
Y ser lumbrera de utopía
ser desdicha, calvario, maravilla.
Este poema tendrá que susurrar arrullos
abrazar fuerte
besar hasta dejarnos sin aliento
Naufragar de alas, cantar un tango, morirse de risa.
(Estas pequeñas palabras harán la revolución,
algún día.
Pero shhh…
Todavía es temprano, o como decía Antonio,
todavía es siempre).
8 de marzo de 2010
Me llegó con un mail. Sin autor ni nada. Abajito decía: Las mujeres mueven al mundo. Y me gustó (me sentí un poco importante), sea o no esa afirmación cierta.
Vaya para todas las muchachas de mi vida, las mujerazas que conozco, las hermanas, las madres, las amigas, las compañeras.
Me horrorizan los opinólogos profesionales. La alarma de las 7. Los noticieros. Las campanas de la iglesia tan sincronizadas cada tarde, a la misma hora.
Te busco entre pliegues que no existen. Tengo ganas de gritarte que te calles, urgente.
Ya perdí los dos kilos que había ganado y eso me pone triste.
Me horroriza esta hoja en blanco. Los machitos. Los bebés que lloran en el cine. Eso que llaman LaGente. Y los domingos sin mate.
No saberte. A pesar de que no te callas nunca. No saber si estás, en algún lado. Y si también te horrorizan las campanas, LaGente, los bebés llorones.
Que seguimos acá, creciendo. Sí, cómo que no? Aunque no guste nada de nada a veces. Se camina. Y se camina bien. Uno no es infeliz. Tiene penitas. Nada más
Lo que cuesta no es mirar el cielo. Que arde tan gratamente allá arriba. Lo que cuesta es decir te quiero y no ponerse meloso.
Por suerte está el abrazo. Y las rimas mal logradas.
Por suerte los caminos que nos llevan y las gentes que sazonan.
Por suerte las puteadas las palabras los amores -esos tantos colchones que hay que gastar-.
Buenas Noches...-dijo eso y al instante contrajo el lugar a un nudo, algo insoportable- Estas hecha un espanto, linda- ese calificativo era su fuerte, aunque lo dijera junto a espanto.
Vos también, querido-
Y si. La lluvia, viste?
Ah, la lluvia. Igual ya no llueve... hace como dos horas que no llueve -me miró fijo y después miró el cielo.
Fuiste vos? -lo preguntó como si realmente algo así fuera posible.
No. Mi virtud es sacarle la ficha a los salames como vos, no parar la lluvia. Pelotudo.
"Yo voy a ser como yo quiera. En qué frecuencia estás, yo estoy en las demás. Nos vemos cuando te mueras" Choto, de la tira Ciega a Citas
Qué siniestra esta soledad de milenios. Esta implacable mancha de penumbra que me persigue. Qué desastre.
Hay tanta mediocridad en el mundo. Tanta cosa hecha con desgano. Tanto malhumor. Tanta mierda. Cosas con las que cargamos todos. Y los rencores por supuesto. Aprender a lustrar los muchos rencores que una guarda no es tarea fácil. Y no hay fórmula zen u oriental que valga. Pero me tranquiliza creer en el karma. Todo vuelve, acuerdensé.
Igual, haya paz. Un poco aunque sea. De esa que amolda la locura diaria.
Pero, de vez en cuando, quisiera matar lentamente a cierta gente. No se preocupen, no me da el cuero para matar a nadie. Y son pocas veces. Se me pasa cuando me digo a mí misma que son pelotudos. O fachos.
En fin. Es mucho. Es demasido para este cuerpecito cargar con semejante soledad. Y con histerias ajenas. Demasiado tengo conmigo. Hay algo de violencia ahí. Probablemente un poco de autocastigo. Posiblemente necesite una temporada de psicólogo. Por suerte siempre hay alguien cerca que comprende estas soledades. Y las escucha y las comparte. Para nostalgear de a dos, al menos.
Hay mucho delirio también, y por suerte. Mucho de esta soledad que amo. Mucha belleza que sobra y brota a borbotones. Mucho estremecimiento del bueno. Mucha persona que sabe decir y hacer. Mucha palabra. Mucho abrazo.
- El día que me di cuenta que amaba los abrazos, estaba soltando ese que iba a perder para siempre. Cosas que pasan-.
Igual, haya violencia también. Un poco. De esa que salva de la cordura eterna.
Supongo que todo esto tiene que ver con la sensación térmica. Y con esto de que trabajar en verano es un plomo. Y me pone de los pelos.
En fin. Es mucho. Capaz sea sólo que me está por venir. Y me pongo de la nuca.
-A mis amigas, que siempre siempre me salvan de la locura. Y de la cordura también-
tu cara desconocida, idéntica a mi alma.
Marguerite Yourcenar
I Un vientre danzador
Un ser humano
Un abrazo No tendría que existir nada más en el mundo
para aprender a encontrarnos
II Y si nos dirigimos
inevitablemente
hacia la Nada
¿cómo rompemos el abismo entre el silencio, que niega,
y la sinfonía atormentada, que libera?
¿qué estamos esperando para destrozar el tiempo?
Pintura: Marc Chagall
31 de diciembre de 2009
Para que sigamos haciendo del mundo un lugar un poco más lindo el año que comienza...
Les deseo mucho...
Pero mucho...
CULO en 2010 ¡Buen comienzo, y que les garüe finito!
Dibujos: 1- No sé 2- Mariano Lucano 3- Banksy
La ambigüedad de bocacalle las herrumbres un cielo que parpadea cada dianoche sin quejarse.
Los silencios que me susurran palabras cada tarde cuando el reloj marca las 5.
Hoy estoy siendo en esta bocanada de humo.
La simpleza es un lugar tibio y cómodo donde uno podría quedarse quietamente rato largo. Sin embargo elijo la voracidad de lo complejo, el camino de piedras, algunos fracasos, las victorias infinitas.
Elijo existir en esta bocanada de humo, en su silueta de mujer.
Elijo los fracasos porque detrás hay nuevos mapas, más personas, el tumulto enardecido, la soledad implacable.
Elijo ser en otra gente. Desmembrarme l'alma y repartirla. Verla volar, victoriosa, entre los míos.
Elijo la calma de una noche cualquiera para escribir estas cosas. Para llorar o para arder. Para nombrar lo que me falta.
Elijo ver -y no mirar-. Elijo tocar. Elijo destruir los muchos muros que oxidan la piel. Elijo sembrar.
Elijo el gesto. La palabra. Una mirada, un abrazo. El amor. Elijo el amor.
Y si todo fuera un poco distinto. Si ese beso hubiera sido en otro momento, pero igual. Igual de dulce, igual de espontáneo, en el lugar que más me gusta… si hubieran faltado todos ellos, si sintiera que fuiste sincero, si hubiera calma.
No te soltaba, no hubiera dejado que te fueras, no cabría mi corazón, hinchado de vos, en este mundo.
Y te invento. Invento tus manos recorriendo estas soledades. Invento tu boca detrás de la noche, delante de mí, diciendo lo que no digo, sin decirlo.
Te besaría tanto.
Y la verdad es que no es raro.
Suelo amar a hombres maravillosos, pero ocupados o locos. Y me duele tanto.
Esta falta.
Esta ausencia de boca. De tu boca.
Necesito de tu abrazo, ahora. De tus manos que miman, de tu voz dulce diciendo mi nombre.
Pero no estás.
Y sin embargo yo sí estoy, acá, encontrándome con que te necesito, siendo que nunca te tuve antes.
Te besaría tanto. Te recorrería entero con esta boca.
Te haría el amor, intermitentemente, despacio, muchas veces.
Te nombraría cada tarde, como lo hago siempre, cada vez que el reloj marca las 5. Diría tu nombre de aire y entendería lo que me falta, esas pocas sílabas que me hablan de otra cosa, que no es esta soledad, ni esta mentira que me vendo a mí misma, cada día.
Por suerte existen estos momentos, donde puedo nombrarte y tocarte aunque no estés. Por suerte sé consolarme. Tengo palabras y alas. Sí. Por suerte todavía tengo todas estas palabras.
(un plato vacío en la cama, mis cigarrillos, Huerque Mapu)
ahi afuera hay otros
que no son muros (y saben que los nombro)
hoy hace pocas palabras de las que se dicen
y muchas de las que se escriben
(cuando era chica, muy, le robe el sacapuntas a un compañero de la escuela -y todavía lo tengo-)
hoy hacen ganas de hacer otras cosas que escribir en este lugar
darle nombre a lo que tengo que no se llama
(hace poco tiempo prometimos regalarnos con amigos, léase regalarnos de hacernos regalos, y sentí una cosa tan grande, tan mía, como un amor raro por gente que no conozco tanto, que me sentí egoísta)
hoy hace cierta locura y nostalgia y felicidades pequeñas
(lo cierto, lo absolutamente cierto, es que cuando quise verte no te vi, y tenía preparado todo lo que te iba a decir, las posturas, las miradas, los sortilegios hechos la noche anterior)