19 de junio de 2010

Influencias de veinticuatro.


Yo no sé lo que es el destino.

Caminando fui lo que fui.

Allá dios que será divino

Yo me muero como viví.

El necio – Silvio Rodríguez




Fijate. Mirá bien. Abrí los ojos. Vas a ver que el mundo está del revés, patas arriba. Y sin embargo sigue siendo hermoso, tan lleno de palabras y de abrazos. Tan necesitado de nosotros- eso me dijo Eduardo.


Nosotros estamos cabeza abajo- me contó Mafalda. Y me mostró los palitos de abollar ideologías (que hoy pueden y suelen tener otras formas).


Sé que ando sin buscar, pero no sé si ando sabiendo que nos vamos a encontrar alguna vez. Quiero dejar que otro me vea como ven mis ojos. Quiero que un día me dejes ver como ven tus ojos- estito me lo enseñó Julio, a quien queremos tanto. Y hubo un día que, sin siquiera darme cuenta, entendí a Oliverio cuando me decía dejate ser con otro, y lo reviví: Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan…


LaGente no está ahí abajo ni ahí arriba. LaGente está a la altura de los ojos. (¿Vos para dónde mirás cuando me ves? Fijate. Prestate atención cada vez que veas, siempre que veas a otro). Porque el pueblo es la frontera es la trinchera es el camino. Adelante y atrás del pueblo no hay nada. Nos toca vencer todos los días a la derrota, a los derrotistas. Y también a los conformistas, a los hipócritas y a los farsantes. (A los traidores nada, ni palabras, ni justicia)- me susurraron Eva y Juan. Y Rodolfo y Paco y Juan y TreintaMil.


Mirá bien. Abrí los ojos. Los que nos mienten desde siempre no muestran sus caras, se esconden atrás de LaGente que está en las pantallas que ocultan las verdades y machacan las cabezas. Los que mienten son los que dominan a través de zonceras, esas que nos han enseñado en la escuela y son conocidas como sentido común. Los que mienten son, y serán siempre que estén, nuestros enemigos. (Y al enemigo hay que asumirlo neciamente, conocer su cara, para después poder confrontarlo) - esto lo aprendí de Arturo y lo poetizó Silvio; después me lo repitió DosMilOcho.


Mirá bien. Prestá atención. Hay compañeros por todos lados, subversivos hermosos. Aunque nos hayan arrancado a muchos imprescindibles, ellos son los que nos mueven hoy, a cada instante. Alzamos sus banderas cada día, cantamos sus canciones, buscamos lo que soñaron. Una patria grande, una patria enorme que vamos construyendo con amor, con mucho amor y mucho pueblo (y fusiles también, si hicieran falta). Y la justicia, siempre la justicia. Todo eso pegadito a nuestra hermosa costumbre de abrazos, de alegría ante todo y contra todo- me lo contó José; me lo dieron a entender mis compañeros; y más tarde me lo dije a mí misma, cuando comprendí la magnitud de la palabra compañero.



Sorprende el amor cuando ataca. Sorprende la nostalgia. Sorprende la sensación de pertenecer a un lugar, a algunas personas. Sorprende cuando a los muchos los sentís tuyos.


Sorprende la historia cuando abarca lo que no se dice, la tanta historia de esos muchos, tan llena de piel, de sangre, siempre haciendo frente a la amargura, a la avaricia de los pocos. Sorprende encontrarse rodeada de banderas. De un amor inconmensurable que sólo puede ser humano, tan complejo, llenador y extraño como somos los humanos.


Sorprende saberme constructora de mis propios pasos (aunque sea tan difícil a veces tomar las decisiones correctas). Pero somos lo que hacemos de nosotros mismos.


Sorprende descubrir que abrir los ojos es lo más difícil del mundo. Cuesta vida. Y arde en las entrañas. Ver derrumbarse, uno a uno, nuestros prejuicios, las sinrazones con las que justificábamos algunas injusticias, es algo terrible y maravilloso al mismo tiempo (y hay tantos y tantos muros que derrumbar todavía). Comprender que el mundo también depende de lo que hace uno. Verse haciendo cosas, por más ínfimas que sean, por, para y con los otros (que son yo, siempre).


Creo en la magia. En el karma. En el universo. En la música. En el potencial y el poder de la palabra. (esto de poder decir gracias, decir te quiero, decir amigo). Pero antes que cualquier cosa, creo en las personas que conozco, mis tantas gentes que sazonan la vida.


Amo mis distancias mis ausencias, el camino que me construyo a cada paso, mis fracasos. Y lo otro también, por supuesto. Amo las sonrisas de los que amo. Mi lu, mi flo, mi vi, mi fa, mi lula, mi ma, mi pa, mi ni, mi emi, mi sol. Las bocas nuevas que enamoran. Los abrazos eternos e inconmensurables. Mis hojas llenas de manchones que quieren contar algo con palabras. Los libros que cuentan, los que cantan, los que historian. Las caricias cotidianas que están cerca, siempre cerca.


Acá estoy y acá me quedo. Con mi otoño fresco y soleado. Con mi vigesimocuarto otoño entre los dedos. Con la certeza de que falta mucho, de que recién empiezo a andar. Y tengo mis manos que tocan y abrazan, siempre.





16 de junio de 2010

Soledades II

Me quedé temblando en tu último abrazo

Acá no estás vos


-me queda chico ese abrazo, me sobran los lados de la cama-


Soy este soliloquio de pequeñas faltas

De murallas

De caminos raros y hermosos.

De ausencias. Tantas y tantas ausencias.


Hoy sumo una más.

Sumo tu nombre tu voz tu abrazo a mi calvario de nostalgias. A mi soliloquio de rechazos.


Porque soy estas soledades. Siempre.

Siempre el espejo que me muestra el vacío.

Siempre el otoño que acaba temprano.


Siempre un nombre que me deslumbra (y se arrepiente).


Siempre un hombre que jamás quiere ser mío (cuando empieza a despuntar el invierno).

Que jamás quiere quedarse a la altura de estos ojos (cuando empieza a terminar el otoño).

Siempre yo.

Yo sola, otravez y comosiempre.


(Y hoy necesito trincheras amigas y cercanas)

28 de mayo de 2010

Bis.

"Esta es nuestra Patria. La Patria de la primavera.
Aunque la humille el liberal, servil al Imperio del Norte,
aunque la niegue el intelectual de la izquierda dogmática,
que aprende de la vida por los libros,
la Patria siempre está volviendo…
Con la insistencia de la ola en el mar,
con la tenacidad del viento,
con la paciencia inmemorial de la tierra".
Marcelo Koenig



es que con esto no tiene nada que ver el mundo
o por lo menos lo que considero mi mundo, que es pequeño
abarca un solo continente y algunos hermanos del hemisferio sur

pero atrás de los ojos que no veo hay otro cielo.
un abrazo renovado naciendo con la ventisca nublada de otoño.

atrás manos y decires
gente que hace bien porque está nomás

adelante ese tumulto enardecido y feliz

esa marea entonando la misma música
la misma que entona desde hace tantos decenios

por eso no tiene nada que ver el mundo
esa fiesta que todavía late es nuestra para siempre

coronada de ese pueblo hermoso y asombrado
por encontrarse con que comparte la palabra PATRIA.

25 de mayo de 2010

Bicentenario.

¡Oíd, mortales!, el grito sagrado:
¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas,
ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación,
coronada su sien de laureles,
y a sus plantas rendido un león.


De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos:
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas,
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.


Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor:
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel;
su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.


¿No los veis sobre México y Quito
arrojarse con saña tenaz
y cuál lloran, bañados en sangre,
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?


A vosotros se atreve, argentinos,
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos, que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.


El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo León.


San José, San Lorenzo, Suipacha,
ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental.
Son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.


La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio.
Sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la libertad,
y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad.


Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñado
les repite: "¡Mortales, oíd!:
ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud".
Y los libres del mundo responden:
"Al gran pueblo argentino, ¡salud!

Sean eternos los laureles,
que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos...
¡o juremos con gloria morir!

Marcha Patriótica (1813)
Vicente López y Planes



Feliz Bicentenario

17 de mayo de 2010

Encuentros.

Reencontrarse con gente que uno no ve hace muchísimo tiempo, generalmente no está bueno.

Sobre todo porque una no tiene ni idea qué pasó con la vida de esa gente: si les va bien, si les va mal, si pasaron por cosas jodidas, o cosas hermosas. Nada, una no sabe nada.

Y por supuesto también está la certeza de que seguramente les pasaron cosas, de cualquier tipo, pero cosas les pasaron. De que seguramente ya no son las mismas personas. Porque una ya no es, ni de lejos, lo que era hace tantísimo tiempo.

Por suerte esta no es la reflexión de una incomodidad similar.

Pasó que me reencontré con gente que no veía hace muchísimo tiempo. En realidad no nos reencontramos, ni de casualidad ni de golpe y porrazo. Nos encontramos porque quisimos. Y eso está bueno. Tener las ganas de reencontrarse con gente, de re-conocerse. Lo que en realidad es encontrarse, porque ahora son gente nueva.

Y porque yo no sé nada de ellos. Son distintos. Y convengamos que tampoco los conocí mucho antes. Se trata de mirarlos de otra forma. Con estos ojos que tengo ahora, que no son los que eran cuando los veía más seguido.

Lo cierto es que las pocas veces que nos vimos la pasé de diez, de miles. No tuve necesidad siquiera de pensar dónde estaba. O por qué. Estábamos en sintonía, se podría decir. Viejos amigos. Nos reímos de las mismas cosas, lo que es curioso. No tuve que amoldarlos a algún juicio forzado. No tuve que esforzarme para estar ahí. No tuve que callarme nada tampoco. Y esas cositas, a veces, te llenan. Como abrazar, pero distinto.

Me sorprende que a pesar de que transitamos caminos diferentes, estos pocos años que pasaron nos llevaron a realidades y pensamientos parecidos. Lo que también es un abrazo.

Como esto de encontrarme con la certeza, de golpe y porrazo, de que no andábamos tan lejos como prejuiciaba. Todo lo contrario. Andábamos bastante cerca, pero no teníamos ni idea.

Hasta que decidimos encontrarnos.












A los jipies.

3 de mayo de 2010

Filtraciones.

No hay mucho que decir.

-Te me filtras por la nariz, los labios, la cintura-

No tengo palabras para esto.
Acá estoy yo, hoy, tan falta de tu abrazo.

-Me invadís por centímetros, por poros, por risas-

Te dejo. Me dejo.

Porque ando ganas de vos.
Porque donde estás, todo sabe exquisito.


28 de abril de 2010

Manifiesto de humor otoñal II


Otoño debería ser parte de la metáfora más sublime y más hermosa.

Otoño es el otoño de Juan. Y también el de los besos que aparecen, tan nuevos, tan intermitentes.

Otoño son mis hojas secas. El papel que nunca está en blanco. Los amuletos que encuentro en la vereda.
El silencio preciso. La lluvia justa. El sol, el tan puro sol de otoño.

Otoño son mis gentes que renacen. Las alas renovadas. El abrazo caliente. Los ojos que arden.

Otoño es este abril que corre. Las tempestades de cielo celeste.
Esta vorágine de abril, que siempre es abriles, muchos miles y miles de abriles.

Otoño la belleza. El fulgor incandescente. Tu mano que me lleva, me lleva y la dejo.

Este otoño tan siempre mío, tan mi cuerpo negando el invierno, tan decididamente y sin tapujos el tiempo de la violencia. Y también de la calma. Tan falto de grises. De palabras que sobren.

Otoño siempre tan árbol. Tan desnudamente humano. El nombre de lo ajeno abajito de la sombra. El nombre de la sombra. De lo imposible. De la poesía.

Otoño siempre, infinito. Otoño tan metáfora inconclusa.

25 de abril de 2010

Suzie Q.



Hace unos días, por primera vez en mi vida, escuché música en un Wincofon (o tocadiscos). Jamás había experimentado ese sonido. Fue increíble. Una maravilla, es poco. Comprendí la fascinación que deberían haber sentido mis viejos cuando de pendejos les regalaron uno.

La música escuchada a través de ese aparato es asombrosamente diferente. Nosotros jamás sentimos algo similar. Todo es nuevo y viejo al mismo tiempo en estos días que corren. Estamos acostumbrados a los sonidos “limpios”. Los de un cd o un mp3 (que es el mejor invento en mucho tiempo, valga la aclaración).

En cambio un disco de pasta tiene ese sonido atrás, como a pisar hojas secas. Un no sé qué. Como cuando alguien llama por teléfono y está bien lejos. O escuchar una radio AM, de fondo, mientras se hacen otras cosas. A todo eso junto suena. Y a otras cosas más, pero inexplicables en palabras.
Y experimenté lo obvio cuando se descubre algo: la piel de gallina. La certeza de que me quedaría horas y horas escuchando discos de pasta. Después la memoria. Ésta, la mía, tan detallada.
Muchas personas tienen una asombrosa tendencia a enrarecerse cuando escuchan música. No cualquier música, la que los llena. La que los invade. Y los hace destinatarios absolutos de aquello que escuchan.
Mi viejo solía tener muchos discos de pasta cuando era joven. Para cuando yo nací le quedaban algunos pocos. Había perdido discos que amaba, como los de Quilapayún, Los Olimareños y las cantatas de Montoneros. Sí, mi viejo era bien peronista (creo que lo sigue siendo, pero de otra forma).
Entre los pocos discos de pasta que le quedaban estaba uno del pelele de Palito Ortega. Y uno de Creedence. Un día, no sé cómo, ni cuándo, mi viejo agarró ese disco, se lo llevó a alguien y trajo la grabación en casete. Hacía poco, para mi cumpleaños de 12 creo, me habían regalado el primer radiograbador de la casa.
Bailamos Suzie Q con mi viejo. Y Have You Ever Seen The Rain. Cada tanto poníamos el casete después de comer a la noche. Como una improvisada actividad familiar. Y solíamos bailar y cantar esas canciones.
Es rarísimo acordarme de estas cosas -quizás es por esa última canción que amo tanto la lluvia, la bailaba con mi viejo-. Pero el único nombre de una canción de Creedence que realmente me acordaba, y siempre lo hice, fue Suzie Q.
Esas fueron mis primeras lecciones de rock. Rock en inglés. El rock viejo que se baila tan lindo.
Nunca supe por qué eligió grabar ese disco de pasta. Ahora que pienso tendría que agradecerle al viejo por haber elegido a Creedence y no a Palito Ortega. Pero había algo ahí. Esa música en especial es muy mi viejo. Y tenía la capacidad de enrarecerlo. Escuchaba Creedence y de repente era un pibe de nuevo. Le nacía toda esa historia que tiene antes de mis hermanos y yo. Esa historia de banderas. Tan terrible y hermosa. Y tan mía también, de alguna forma.
Son demasiados detalles. Resulta asombroso como unas pocas cosas, de gentes absolutamente diferentes, pueden revivir memorias que una ni imaginaba que andaba guardando. Un dibujo en grafito. El sonido a pisadas sobre hojas secas de un Winco.
En fin, sólo me maravillo por esta memoria que anda encontrando recovecos dónde nunca se imaginó.




10 de abril de 2010

Otros.

Aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha...

Mario Benedetti


Este oleaje que recorre la piel
para que no se oxide. Un nomeolvides que dije hace mucho tiempo,
cuando creía en esas cosas.

Un silencio abrumador nostálgico distinto.
Te pienso. Estoy segura que idealicé mi imagen de vos, por todo lo que te quise.
Sé que cuando te vea vas a ser, inevitablemente, otra persona.
Y ya no te pensaré más.

Pero en el mientras
te imagino conmigo cuando éramos.
Y me invade lo absurdo de esos tiempos.
La vorágine de un amor tan pequeño y accidentado. Pero amor al fin.

Fuiste, y serás siempre, el principio de mis historias de amor.
Más allá de que hoy seas otro.

Y yo, a pesar de mi memoria,
tampoco sea ya más lo que fui.

30 de marzo de 2010

Hoy es siempre, todavía.


Este poema
tendrá que ver con las veredas
y los dedos fríos en verano.
Tendrá que hablar
sobre algún cuerpo desnudo
que titila de noche.
Y de mi al descubrirlo
al contemplarlo.

Este poema deberá contar
el regocijo de los vientres
de la piel extasiada hasta los huesos.

Tendrá que hablar de la vergüenza
y decir algo del espanto.

Y susurrar amor
amor por todos los rincones
rebalsar de besos bien dados, de colchones gastados.

Este poema tiene que decir te quiero.
Y ser lumbrera de utopía
ser desdicha, calvario, maravilla.

Este poema tendrá que susurrar arrullos
abrazar fuerte
besar hasta dejarnos sin aliento

Naufragar de alas, cantar un tango, morirse de risa.

(Estas pequeñas palabras harán la revolución,
algún día.
Pero shhh…
Todavía es temprano, o como decía Antonio,
todavía es siempre).

8 de marzo de 2010

Me llegó con un mail. Sin autor ni nada. Abajito decía: Las mujeres mueven al mundo.
Y me gustó (me sentí un poco importante), sea o no esa afirmación cierta.

Vaya para todas las muchachas de mi vida, las mujerazas que conozco, las hermanas, las madres, las amigas, las compañeras.

Felíz Día.

27 de febrero de 2010

Hoja en blanco

Me horrorizan los opinólogos profesionales. La alarma de las 7.
Los noticieros.
Las campanas de la iglesia tan sincronizadas cada tarde, a la misma hora.

Te busco entre pliegues que no existen.
Tengo ganas de gritarte que te calles, urgente.
Ya perdí los dos kilos que había ganado y eso me pone triste.

Me horroriza esta hoja en blanco. Los machitos.
Los bebés que lloran en el cine.
Eso que llaman LaGente. Y los domingos sin mate.


No saberte. A pesar de que no te callas nunca.
No saber si estás, en algún lado.
Y si también te horrorizan las campanas, LaGente, los bebés llorones.


11 de febrero de 2010

Por suerte

Que seguimos acá, creciendo. Sí, cómo que no?
Aunque no guste nada de nada a veces. Se camina.
Y se camina bien.
Uno no es infeliz. Tiene penitas.
Nada más

Lo que cuesta no es mirar el cielo. Que arde tan gratamente allá arriba.
Lo que cuesta es decir te quiero y no ponerse meloso.

Por suerte está el abrazo. Y las rimas mal logradas.

Por suerte los caminos que nos llevan y las gentes que sazonan.

Por suerte las puteadas las palabras los amores -esos tantos colchones que hay que gastar-.

Por suerte.

Pintura: Manuel Cabrera

5 de febrero de 2010

Diálogo con final feliz

Buenas Noches...-dijo eso y al instante contrajo el lugar a un nudo, algo insoportable- Estas hecha un espanto, linda- ese calificativo era su fuerte, aunque lo dijera junto a espanto.

Vos también, querido-

Y si. La lluvia, viste?

Ah, la lluvia. Igual ya no llueve... hace como dos horas que no llueve -me miró fijo y después miró el cielo.

Fuiste vos? -lo preguntó como si realmente algo así fuera posible.

No. Mi virtud es sacarle la ficha a los salames como vos, no parar la lluvia. Pelotudo.

22 de enero de 2010

Manifiesto de humor estival

"Yo voy a ser como yo quiera.
En qué frecuencia estás,
yo estoy en las demás.
Nos vemos cuando te mueras"
Choto, de la tira Ciega a Citas




Qué siniestra esta soledad de milenios. Esta implacable mancha de penumbra que me persigue. Qué desastre.


Hay tanta mediocridad en el mundo. Tanta cosa hecha con desgano. Tanto malhumor.
Tanta mierda.
Cosas con las que cargamos todos. Y los rencores por supuesto. Aprender a lustrar los muchos rencores que una guarda no es tarea fácil. Y no hay fórmula zen u oriental que valga. Pero me tranquiliza creer en el karma. Todo vuelve, acuerdensé.


Igual, haya paz. Un poco aunque sea. De esa que amolda la locura diaria.


Pero, de vez en cuando, quisiera matar lentamente a cierta gente. No se preocupen, no me da el cuero para matar a nadie. Y son pocas veces. Se me pasa cuando me digo a mí misma que son pelotudos. O fachos.


En fin. Es mucho. Es demasido para este cuerpecito cargar con semejante soledad. Y con histerias ajenas. Demasiado tengo conmigo. Hay algo de violencia ahí. Probablemente un poco de autocastigo. Posiblemente necesite una temporada de psicólogo. Por suerte siempre hay alguien cerca que comprende estas soledades. Y las escucha y las comparte. Para nostalgear de a dos, al menos.


Hay mucho delirio también, y por suerte. Mucho de esta soledad que amo. Mucha belleza que sobra y brota a borbotones. Mucho estremecimiento del bueno. Mucha persona que sabe decir y hacer. Mucha palabra. Mucho abrazo.
- El día que me di cuenta que amaba los abrazos,
estaba soltando ese que iba a perder para siempre.
Cosas que pasan-.


Igual, haya violencia también. Un poco. De esa que salva de la cordura eterna.


Supongo que todo esto tiene que ver con la sensación térmica. Y con esto de que trabajar en verano es un plomo. Y me pone de los pelos.


En fin. Es mucho. Capaz sea sólo que me está por venir. Y me pongo de la nuca.






-A mis amigas, que siempre
siempre
me salvan de la locura.
Y de la cordura también-

8 de enero de 2010

Series II

Yo abrazo, delicia pura,
tu cara desconocida, idéntica a mi alma.
Marguerite Yourcenar

I

Un vientre danzador
Un ser humano
Un abrazo
No tendría que existir nada más en el mundo
para aprender a encontrarnos




II
Y si nos dirigimos
inevitablemente
hacia la Nada


¿cómo rompemos el abismo entre el silencio, que niega,
y la sinfonía atormentada, que libera?


¿qué estamos esperando para destrozar el tiempo?


Pintura: Marc Chagall


31 de diciembre de 2009

Para que sigamos haciendo del mundo un lugar un poco más lindo el año que comienza...

Les deseo mucho...


















Pero mucho...


























CULO en 2010
¡Buen comienzo, y que les garüe finito!




Dibujos: 1- No sé
2- Mariano Lucano
3- Banksy

La ambigüedad de bocacalle
las herrumbres
un cielo que parpadea cada dianoche
sin quejarse.

Los silencios que me susurran palabras cada tarde
cuando el reloj marca las 5.

Hoy estoy siendo en esta bocanada de humo.

La simpleza es un lugar tibio y cómodo
donde uno podría quedarse quietamente rato largo.
Sin embargo elijo la voracidad de lo complejo,
el camino de piedras, algunos fracasos,
las victorias infinitas.

Elijo existir en esta bocanada de humo,
en su silueta de mujer.

Elijo los fracasos porque detrás hay nuevos mapas,
más personas,
el tumulto enardecido,
la soledad implacable.

Elijo ser en otra gente. Desmembrarme l'alma y repartirla.
Verla volar, victoriosa, entre los míos.

Elijo la calma de una noche cualquiera
para escribir estas cosas. Para llorar o para arder.
Para nombrar lo que me falta.

Elijo ver -y no mirar-. Elijo tocar.
Elijo destruir los muchos muros que oxidan la piel. Elijo sembrar.

Elijo el gesto. La palabra. Una mirada, un abrazo.
El amor.
Elijo el amor.

14 de noviembre de 2009

Arriba.

"Se va quitando
poco a poco
telarañas".

Ella - Bebe


Hay cielos por todas partes


Y esto de los muros es un problema. Arriba -bien arriba- sigue habiendo cielo.
Tan triste andaba una, que se olvidaba de mirar pa'rriba.


Tiempo pasado siempre fue peor.
Habrá que hablar de futuros, de las cosas que podemos hacer,
que tenemos que hacer



Habrá que desechar un par de cosas, saborear algunas nuevas


Hoy todo es esta lluvia que invade y abriga y canta


Tan grande es esa maravilla...






Ahi voy... a mirar el cielo

27 de octubre de 2009

Soledades I

Esta necesidad de vos me delata.

Y si todo fuera un poco distinto. Si ese beso hubiera sido en otro momento, pero igual. Igual de dulce, igual de espontáneo, en el lugar que más me gusta… si hubieran faltado todos ellos, si sintiera que fuiste sincero, si hubiera calma.

No te soltaba, no hubiera dejado que te fueras, no cabría mi corazón, hinchado de vos, en este mundo.

Y te invento. Invento tus manos recorriendo estas soledades. Invento tu boca detrás de la noche, delante de mí, diciendo lo que no digo, sin decirlo.

Te besaría tanto.

Y la verdad es que no es raro.

Suelo amar a hombres maravillosos, pero ocupados o locos. Y me duele tanto.
Esta falta.
Esta ausencia de boca. De tu boca.

Necesito de tu abrazo, ahora. De tus manos que miman, de tu voz dulce diciendo mi nombre.
Pero no estás.
Y sin embargo yo sí estoy, acá, encontrándome con que te necesito, siendo que nunca te tuve antes.

Te besaría tanto. Te recorrería entero con esta boca.
Te haría el amor, intermitentemente, despacio, muchas veces.

Te nombraría cada tarde, como lo hago siempre, cada vez que el reloj marca las 5. Diría tu nombre de aire y entendería lo que me falta, esas pocas sílabas que me hablan de otra cosa, que no es esta soledad, ni esta mentira que me vendo a mí misma, cada día.


Por suerte existen estos momentos, donde puedo nombrarte y tocarte aunque no estés.
Por suerte sé consolarme. Tengo palabras y alas.

Sí. Por suerte todavía tengo todas estas palabras.

Pintura: Soledades, de Miguel Menassa

21 de octubre de 2009

La Loca y la Violencia

¿Sintieron alguna vez la increíble y desquiciada necesidad de putear hasta quedar afónicos?

¿O de pegarle a alguien, cualquiera, una buena trompada para liberar tensiones?

Así fue mi día. Por suerte sólo me quedé con ganas de lo segundo.

Y por suerte, existe esta gente que sabe reflejar tan bien lo que le pasa a una.

La Loca de Mierda, una amiga de las buenas.




Y la frutillita del postre: Violencia

18 de septiembre de 2009

()

hoy hace quietud

(escucho una música que desentona con la lluvia)

hay otros muros ahi afuera

los indescifrables los imprescindibles

hoy hace agua

(un plato vacío en la cama, mis cigarrillos, Huerque Mapu)

ahi afuera hay otros

que no son muros (y saben que los nombro)

hoy hace pocas palabras de las que se dicen

y muchas de las que se escriben

(cuando era chica, muy, le robe el sacapuntas a un compañero de la escuela -y todavía lo tengo-)

hoy hacen ganas de hacer otras cosas que escribir en este lugar

darle nombre a lo que tengo que no se llama

(hace poco tiempo prometimos regalarnos con amigos, léase regalarnos de hacernos regalos, y sentí una cosa tan grande, tan mía, como un amor raro por gente que no conozco tanto, que me sentí egoísta)

hoy hace cierta locura y nostalgia y felicidades pequeñas

(lo cierto, lo absolutamente cierto, es que cuando quise verte no te vi, y tenía preparado todo lo que te iba a decir, las posturas, las miradas, los sortilegios hechos la noche anterior)


no importa

ahi afuera hay una lluvia que me espera

y no le debo nada

ni sacapuntas, ni metáforas

ni muros, ni palabras

-A algunos de esos-