2 de diciembre de 2012

Silbidos de cielo.

Con amores fugaces e inolvidables, 
con parasiempres grávidos como espuma 
y el acero afilado de los probables 
colgado vigilante junto a la luna.
Soltar todo y largarse, Silvio Rodríguez.

Hace unos días
un hombre estuvo a punto de hacerme estallar el corazón
varias veces.
Tanta belleza. Tanta poesía cantada.
El mundo es mi recoveco hecho una canción de Silvio.
Silbidos de cielo.
Me enamoré esa noche. Como nunca. Como siempre, en realidad.
Como si fuera la primera vez. Como si nunca hubiera escuchado.
Después las mujeres que me rodean.
Las muchas muchachas que pueblan de voz el mundo.
Que cantan y se hinchan las estrellas. Se callan los grillos para escucharlas.
Ardió el mundo.
Subió fuego a fuego por la columna.
Extendí la mirada. Abrí los ojos.
Lloré sobre las escaleras toda conciencia sobre mí misma [esto de saber que somos finitos, tan]
Supe de mis dedos cuando tocan. De mi voz cuando canta. De mi amor roto y entero. De mi, supe. 
                                                                                           Gracias a todos ellos.






A Silvio, mis amigas y compañer@s.
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