25 de octubre de 2014

Cambiar II.

Cambiamos, sí. 
Y sin embargo, hay permanencias que nos marcan para siempre. 
Debe ser que cambiar tiene que ver con darse cuenta de que hay cosas que no cambian. Y esto viene a modo de epílogo necesario de esto.
Anoche hablábamos de la efímera vida, de los cariños enormes, de las complicidades imposibles de olvidar, y que no estamos dispuestos a dejar ir.
Antes, reencontrarnos con todo lo que sabemos de nosotros. 
Hallar intactos los códigos, las señales, las marcas, los secretos, los olores, las visiones, los chistes, la confianza.
Ante la confusión, ante el desamparo, ante las puteadas no dichas a tiempo, ante el destiempo, ante los amores que vienen y van, ante las movidas, las corridas, las mudanzas, los caminos, ante la vida que pasa, implacable, hay miradas y hay sonrisas que no estamos dispuestos -ni a patadas- a dejar ir, que yo no estoy dispuesta a dejar ir -y qué cosa buena decirlo en voz alta!-
Entonces, reencontrarse, reparar, recomponer.
Sanar lo que hubo para construir lo nuevo, con todo lo nuevo que hay.


Para S.
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