ando de desparpajo en desparpajo, a borbotones, a carcajadas, a grandes elípsis o brillantes silogismos.
ando de húmedo en húmedo, a ruedas de tren, arriba de mi carreta nº 2, que transporta este cuerpo a sus quehaceres diarios.
[mi preciosa líbido anda esparcida por lares que no son de los más usuales pero ahí anda. bien, creo]
ando así día a día. pero hoy no.
hoy ando de resumen en resumen, en cardúmenes, he visto cardúmenes de gente, todajunta y sinsentido.
[buenosaires aglutina y apelmaza. y también hermosea y sonroja, se cubre de lindores. se llena de historia. una se pone linda para buenosaires, sólo porque buenosaires se abre entera para una. y hay que beberla. y acariciarla]
ando en busca, de caricia en caricia, un sorteo de toqueteos y palabras y manos y lunas, mi nombre no lo digo aquí. no sea que buenosaires se lo quiera quedar para siempre.
48 horas exactas previas al aniversario de mi natalicio, es el aniversario del natalicio de mi madre.
geminianas nos tocó ser en esta vida. y poetas.
ese día de este año,
[un 17 de junio]
como regalo cumpleañero a mi ma y a mí, un amigo, un escritor, un maestro, publicó un puemita de los míos en su gaceta virtual, de tirada semanal.
no creí, jamás, que acto tan simple me pudiera dar la alegría que me dió.
me sorprendo a veces de estas cosas, como si todavía no hubiera aprendido que la felicidad reside, justamente, en las cosas simples, en los pequeños actos
[pero contundentes]
y supongo que me sigo sorprendiendo porque detrás de toda esa alegría nueva hay gente que no conozco, gente que no he visto, personas que nunca me dijeron hola, a quienes jamás besé ni abracé.
y esto, que uno se pueda encontrar con otros gracias a la palabra, todavía y siempre, me sorprende, me alivia y me regocija.
Así que gracias Alfred, por ser maestro siempre -en las palabras y en los actos-, y por regalarme esta hermosa dosis de alegría.
Pasa que imagino futuros posibles. En realidad un futuro posible, con variaciones en su interior.
De tanto en tanto pienso que este futuro mío no tiene otra alternativa más que hacerse cuerpo. Por imaginarlo tan intensamente, colmado de detalles y colores en cada cuadro, en cada esquina. Repleto de gente, otros lugares, bocas distintas. Muchas buenas noches -y días-. Muchas personas que quiero (y llevo conmigo, arrejuntadas, acá adentro).
Un futuro que implica cosas nuevas. Muy nuevas. Diría que hasta necesarias. Como el café con leche esta mañana, el velador encendido a la una, este papel a medias, pero mío.
Y me estremezco un poco. Porque si es cierto aquello de que lo que se desea con ganas debe cumplirse, hoy a esta hora, por desear tanto así, estoy nerviosa.
Pasa que creo que este es mi tiempo -como nunca pensé que creería-.
Que al estar llegando allí te tiemble el pulso. Te agarre pánico escénico.
Que te dé miedo ser vos mismo con alguien que no seas vos. Que te dé miedo ser vos mismo. Y que te lo preguntes “¿Fui yo mismo alguna vez con alguien o es todo una farsa enorme que me monto?”. Y que sepas que te montás a una farsa. Perdón, que montás una farsa.
Que no puedas decirlo, aunque lo pienses.
Que las palabras se te atrofien antes de salir.
Que de repente ignores cómo decir te quiero, o gracias, o perdón. O "no sé cómo decirlo".
Que te arda el pecho sin explicación alguna. Y no sea infarto.
Que seas consciente de que tu inferioridad intelectual no te permite estar conmigo. Ni con personas similares a mi. Y, sabiéndolo, salgas a gritarlo por toda la ciudad… “¡Soy inferior, soy inferior!”.
Que te digan que no. Y te acostumbres a eso.
Que llores a mares. Que te conviertas en un tipo llorón y quejoso. Un trapo sucio y viejo.
Que no te soporten. Y que tus amigos estén con vos por lástima. O por costumbre, que es peor.
Que tengas la lucidez suficiente como para odiarte. Aunque no puedas decirlo.
Que quieras formar la familia perfecta con la esposa perfecta con los hijos perfectos, un varón y una nena, con el perro (macho, por supuesto) perfecto. Y que la formes. Porque siempre el mediocre se conforma con la mediocridad.
Que te duela. Que sepas que esto es para vos. Y que te duela, corazón.
Va aquí un abrazo fuerte. De los que sostienen tristezas, espaldas y alegrías. De los que son queridos o necesitados. Uno de esos. O del estilo que quieran.
Va aquí, también, mi más sincero deseo de que el año que comenzará mañana sea el mejor para todos.
Que tengan muchos, miles, de momentos felices. Que sean felices.
Que la vida nos encuentre. O no. Quien sabe. Pero sí, que nos hallemos, alguna que otra vez, en el camino. Una noche cualquiera de verano, tomando cerveza en la medida de lo posible. O una tarde cualquiera, tomando sol y tereré, seguro.
Que haya amor. Y besos.
Que los y las amen y ustedes dejen amar. (Usando forro, por supuesto).
Que se rían mucho. Que lloren de alegría.
Que se despierten un día queriéndose más de lo normal sin saber por qué.
Que se encuentren a sí mismos. Y que al encontrarse se quieran.
Que quieran ser algo.
Y que sean lo que carajo quieran ser.
Que, algún día, se den cuenta que les sobra el tiempo.
Y las ganas de cambiar el mundo, todos los días.
Buen comienzo de 2011.
"Yo quiero vivir con amor
Con mi gente abajito del sol
Con las olas y el amanecer
Como un niño jugando otra vez
Sin parar de correr después".
Después - Los Delinquentes y Bebe
Les dejo una canción que, con video y todo, me pone de un excelente humor.
Hay momentos en que la historia te sacude. Te apuñala. Te abofetea violenta y estruendosamente.
Hoy fue un día de esos.
Se nos murió un compañero.
Un compañerazo.
De esos que le cambian el color a la política. A los significados de la palabra compromiso.
Había que llorarlo. Sentirlo adentro, en lo hondo. Porque nacía así. A torrentes. Y dolía como la putamadre.
Y después había que salir a la calle.
A buscar los abrazos que siempre están cuando hacen falta. Las manos unidas juntas y compañeras. Las lágrimas lloradas juntas y compañeras. A buscar los otros cuerpos a los que también les dolía y por eso se encontraban. Y este era un dolor de a muchos. Pero también era el dolor que confirmaba que ahí estábamos, juntos, compartiéndolo. Reafirmando que las plazas son nuestras, como la patria, como el proyecto, como esta militancia que fogonea a los pibes, que nos despabila, que nos encuentra reavivando aquello de que los pueblos deprimidos no vencen, y por eso venimos a combatir por el país alegremente, como decía don Arturo.
Hoy había que inundar las plazas del país. Hoy exigía definiciones. Nada de tibiezas políticas, nada de quesíqueno. Hoy había que estar donde hay que estar. Y estuvimos.
El gorilaje, esos macabros, cipayos y vendepatrias que hoy salieron en algunos lugares a festejar esta muerte, ese gorilaje se va a tener que lavar la boca con vinagre cada vez que lo nombre a ese hombre. Porque ese hombre y ese nombre son nuestros. Un líder. Compañero. Bandera a la victoria, como bien sabe el pueblo argentino de banderas a la victoria.
Y guarda.
Muchísimo cuidado con jugar a desestabilizar.
Cuidadito con decir que esta muerte afecta la gobernabilidad.
Mucho cuidado con desestimar a la compañera Presidenta. Cuidado.
Porque en esos momentos, gorilas, agarrensé.
Acá atrás y adelante y también a los costados de la compañera Presidenta hay un pueblo entero.
Un pueblo que hoy está mucho más unido que ayer y que saldrá a defenderla con garras y dientes, y sangre también (si hiciera falta) a ella, a este proyecto, y a esta patria que supimos volver a conseguir, después de tanto tiempo.
Hasta la victoria, compañero Néstor Kirchner. ¡Venceremos!
No. No todos los amigos de mis amigos son mis amigos. Por suerte. Y porque muchos me caen mal. Es la verdad más verdadera. Ahora que pienso, las novias o novios también. La mayoría, por principio (y al principio) me caen para el culo. Porque soy celosa de ellos. Y sé darme cuenta cuándo aquellos son cagadores o altos gatos. Eso. Instinto de protección, ponele. Y unos celos grandes como una casa. Porque mis amigos son eso. Mis casas alternativas. Y también mis abrazos necesarios, mis caricias cotidianas, mis mates, mis noches locas y mis noches tristes, mis monotonías y mis alteraciones. Tan parte de mi vida como mis anteojos o mis manos. Tan imprescindibles como el beso, el café con leche y la palabra. Así que va un sincero, y tardío, felíz día a mis amigos que saben que son mis amigos. Y a los que yo sé que lo son. Está bueno decirlo de vez en cuando: Los amo yo a ustedes. Sepanló. No es que los amo hoy nomás. Es siempre. Hoy aprovecho pa decirlo, ya que todos aprovechan pa decirlo. Redoblo la apuesta, a riesgo de quedar como una pesada reiterativa:
habitamos tiempos pequeños ayer fuimos la decisión de alguien hoy la nuestra retazos de historias que hilan algo que no sabemos dónde acabará y sin embargo siempre hace falta desafío otra boca y una copa de vino
Fijate. Mirá bien. Abrí los ojos. Vas a ver que el mundo está del revés, patas arriba. Y sin embargo sigue siendo hermoso, tan lleno de palabras y de abrazos. Tan necesitado de nosotros- eso me dijo Eduardo.
Nosotros estamos cabeza abajo- me contó Mafalda. Y me mostró los palitos de abollar ideologías (que hoy pueden y suelen tener otras formas).
Sé que ando sin buscar, pero no sé si ando sabiendo que nos vamos a encontrar alguna vez. Quiero dejar que otro me vea como ven mis ojos. Quiero que un día me dejes ver como ven tus ojos- estito me lo enseñó Julio, a quien queremos tanto. Y hubo un día que, sin siquiera darme cuenta, entendí a Oliverio cuando me decía dejate ser con otro, y lo reviví: Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan…
LaGente no está ahí abajo ni ahí arriba. LaGente está a la altura de los ojos. (¿Vos para dónde mirás cuando me ves? Fijate. Prestate atención cada vez que veas, siempre que veas a otro). Porque el pueblo es la frontera es la trinchera es el camino. Adelante y atrás del pueblo no hay nada. Nos toca vencer todos los días a la derrota, a los derrotistas. Y también a los conformistas, a los hipócritas y a los farsantes. (A los traidores nada, ni palabras, ni justicia)- me susurraron Eva y Juan. Y Rodolfo y Paco y Juan y TreintaMil.
Mirá bien. Abrí los ojos. Los que nos mienten desde siempre no muestran sus caras, se esconden atrás de LaGente que está en las pantallas que ocultan las verdades y machacan las cabezas. Los que mienten son los que dominan a través de zonceras, esas que nos han enseñado en la escuela y son conocidas como sentido común. Los que mienten son, y serán siempre que estén, nuestros enemigos. (Y al enemigo hay que asumirlo neciamente, conocer su cara, para después poder confrontarlo)- esto lo aprendí de Arturo y lo poetizó Silvio; después me lo repitió DosMilOcho.
Mirá bien. Prestá atención. Hay compañeros por todos lados, subversivos hermosos. Aunque nos hayan arrancado a muchos imprescindibles, ellos son los que nos mueven hoy, a cada instante. Alzamos sus banderas cada día, cantamos sus canciones, buscamos lo que soñaron. Una patria grande, una patria enorme que vamos construyendo con amor, con mucho amor y mucho pueblo (y fusiles también, si hicieran falta). Y la justicia, siempre la justicia. Todo eso pegadito a nuestra hermosa costumbre de abrazos, de alegría ante todo y contra todo- me lo contó José; me lo dieron a entender mis compañeros; y más tarde me lo dije a mí misma, cuando comprendí la magnitud de la palabra compañero.
Sorprende el amor cuando ataca. Sorprende la nostalgia. Sorprende la sensación de pertenecer a un lugar, a algunas personas. Sorprende cuando a los muchos los sentís tuyos.
Sorprende la historia cuando abarca lo que no se dice, la tanta historia de esos muchos, tan llena de piel, de sangre, siempre haciendo frente a la amargura, a la avaricia de los pocos. Sorprende encontrarse rodeada de banderas. De un amor inconmensurable que sólo puede ser humano, tan complejo, llenador y extraño como somos los humanos.
Sorprende saberme constructora de mis propios pasos (aunque sea tan difícil a veces tomar las decisiones correctas). Pero somos lo que hacemos de nosotros mismos.
Sorprende descubrir que abrir los ojos es lo más difícil del mundo. Cuesta vida. Y arde en las entrañas. Ver derrumbarse, uno a uno, nuestros prejuicios, las sinrazones con las que justificábamos algunas injusticias, es algo terrible y maravilloso al mismo tiempo (y hay tantos y tantos muros que derrumbar todavía). Comprender que el mundo también depende de lo que hace uno. Verse haciendo cosas, por más ínfimas que sean, por, para y con los otros (que son yo, siempre).
Creo en la magia. En el karma. En el universo. En la música. En el potencial y el poder de la palabra. (esto de poder decir gracias, decir te quiero, decir amigo). Pero antes que cualquier cosa, creo en las personas que conozco, mis tantas gentes que sazonan la vida.
Amo mis distancias mis ausencias, el camino que me construyo a cada paso, mis fracasos. Y lo otro también, por supuesto. Amo las sonrisas de los que amo. Mi lu, mi flo, mi vi, mi fa, mi lula, mi ma, mi pa, mi ni, mi emi, mi sol. Las bocas nuevas que enamoran. Los abrazos eternos e inconmensurables. Mis hojas llenas de manchones que quieren contar algo con palabras. Los libros que cuentan, los que cantan, los que historian. Las caricias cotidianas que están cerca, siempre cerca.
Acá estoy y acá me quedo. Con mi otoño fresco y soleado. Con mi vigesimocuarto otoño entre los dedos. Con la certeza de que falta mucho, de que recién empiezo a andar. Y tengo mis manos que tocan y abrazan, siempre.
"Esta es nuestra Patria. La Patria de la primavera. Aunque la humille el liberal, servil al Imperio del Norte, aunque la niegue el intelectual de la izquierda dogmática, que aprende de la vida por los libros, la Patria siempre está volviendo… Con la insistencia de la ola en el mar, con la tenacidad del viento, con la paciencia inmemorial de la tierra". Marcelo Koenig
es que con esto no tiene nada que ver el mundo o por lo menos lo que considero mi mundo, que es pequeño abarca un solo continente y algunos hermanos del hemisferio sur
pero atrás de los ojos que no veo hay otro cielo. un abrazo renovado naciendo con la ventisca nublada de otoño.
atrás manos y decires gente que hace bien porque está nomás
adelante ese tumulto enardecido y feliz
esa marea entonando la misma música la misma que entona desde hace tantos decenios
por eso no tiene nada que ver el mundo esa fiesta que todavía late es nuestra para siempre
coronada de ese pueblo hermoso y asombrado por encontrarse con que comparte la palabra PATRIA.
¡Oíd, mortales!, el grito sagrado: ¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad! Oíd el ruido de rotas cadenas, ved en trono a la noble igualdad. Se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación, coronada su sien de laureles, y a sus plantas rendido un león.
De los nuevos campeones los rostros Marte mismo parece animar la grandeza se anida en sus pechos: a su marcha todo hacen temblar. Se conmueven del Inca las tumbas, y en sus huesos revive el ardor, lo que ve renovando a sus hijos de la Patria el antiguo esplendor.
Pero sierras y muros se sienten retumbar con horrible fragor: todo el país se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor. En los fieros tiranos la envidia escupió su pestífera hiel; su estandarte sangriento levantan provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre México y Quito arrojarse con saña tenaz y cuál lloran, bañados en sangre, Potosí, Cochabamba y La Paz? ¿No los veis sobre el triste Caracas luto y llanto y muerte esparcir? ¿No los veis devorando cual fieras todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, argentinos, el orgullo del vil invasor. Vuestros campos ya pisa contando tantas glorias hollar vencedor. Mas los bravos, que unidos juraron su feliz libertad sostener, a estos tigres sedientos de sangre fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente argentino a las armas corre ardiendo con brío y valor, el clarín de la guerra, cual trueno, en los campos del Sud resonó. Buenos Aires se pone a la frente de los pueblos de la ínclita unión, y con brazos robustos desgarran al ibérico altivo León.
San José, San Lorenzo, Suipacha, ambas Piedras, Salta y Tucumán, La Colonia y las mismas murallas del tirano en la Banda Oriental. Son letreros eternos que dicen: aquí el brazo argentino triunfó, aquí el fiero opresor de la Patria su cerviz orgullosa dobló.
La victoria al guerrero argentino con sus alas brillantes cubrió, y azorado a su vista el tirano con infamia a la fuga se dio. Sus banderas, sus armas se rinden por trofeos a la libertad, y sobre alas de gloria alza el pueblo trono digno a su gran majestad.
Desde un polo hasta el otro resuena de la fama el sonoro clarín, y de América el nombre enseñado les repite: "¡Mortales, oíd!: ya su trono dignísimo abrieron las Provincias Unidas del Sud". Y los libres del mundo responden: "Al gran pueblo argentino, ¡salud!
Sean eternos los laureles, que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos... ¡o juremos con gloria morir!
Reencontrarse con gente que uno no ve hace muchísimo tiempo, generalmente no está bueno.
Sobre todo porque una no tiene ni idea qué pasó con la vida de esa gente: si les va bien, si les va mal, si pasaron por cosas jodidas, o cosas hermosas. Nada, una no sabe nada.
Y por supuesto también está la certeza de que seguramente les pasaron cosas, de cualquier tipo, pero cosas les pasaron. De que seguramente ya no son las mismas personas. Porque una ya no es, ni de lejos, lo que era hace tantísimo tiempo.
Por suerte esta no es la reflexión de una incomodidad similar.
Pasó que me reencontré con gente que no veía hace muchísimo tiempo. En realidad no nos reencontramos, ni de casualidad ni de golpe y porrazo. Nos encontramos porque quisimos. Y eso está bueno. Tener las ganas de reencontrarse con gente, de re-conocerse. Lo que en realidad es encontrarse, porque ahora son gente nueva.
Y porque yo no sé nada de ellos. Son distintos. Y convengamos que tampoco los conocí mucho antes. Se trata de mirarlos de otra forma. Con estos ojos que tengo ahora, que no son los que eran cuando los veía más seguido.
Lo cierto es que las pocas veces que nos vimos la pasé de diez, de miles. No tuve necesidad siquiera de pensar dónde estaba. O por qué. Estábamos en sintonía, se podría decir. Viejos amigos. Nos reímos de las mismas cosas, lo que es curioso. No tuve que amoldarlos a algún juicio forzado. No tuve que esforzarme para estar ahí. No tuve que callarme nada tampoco. Y esas cositas, a veces, te llenan. Como abrazar, pero distinto.
Me sorprende que a pesar de que transitamos caminos diferentes, estos pocos años que pasaron nos llevaron a realidades y pensamientos parecidos. Lo que también es un abrazo.
Como esto de encontrarme con la certeza, de golpe y porrazo, de que no andábamos tan lejos como prejuiciaba. Todo lo contrario. Andábamos bastante cerca, pero no teníamos ni idea.