19 de junio de 2013

27.

Veintisiete años les cumplo hoy. Edad impar en año impar. No sé si tiene importancia, pero me gusta que así sea. Como me gusta que haya gentes hermosas cerca, abrazándome.
Hoy tengo veintisiete. No es que sea una gran novedad, pero es la mía. Dos personas se embarazaron de mí  nueve meses antes de un día como hoy, hace veintisiete otoños, y la verdad se los agradezco, porque me gusta mucho ser yo. Sí, ando con el ego hinchadito, hasta me doy cuenta y todo. Pero hoy tengo licencia para eso, no?
Y además crecí. Y sané. Y soy feliz, contra todos los pronósticos.
Quedan cosas por hacer, tantas. Toda una vida enterita tendida a los pies.
Y sin embargo, tengo esta memoria de hace muchos años.
Ya le puedo decir a algún amigo: "hace más de una década que nos conocemos". Sí, suena a vejez. Pero a mi me gusta.
Tengo la sensación de que acumulé pliegues en la piel, memorias, arruguitas, cicatrices, personas, amores, rollos, miopías y un libro mío –todo mío-.
Sé que ya no me cuestan tanto algunas cosas. Aprendí a nombrar. A soltar. A caminar pausadito.
Sé que ya no soy una adolescente –costó comprenderlo, costó-. Un signo de madurez, supongo.
Sé que no quiero “aspirar a una vida mejor”. Me cago en los que te enchufan recetas para la “vida ideal, el progreso, el perrito, los hijitos”. Dejame nomás con esta vida mía, estrepitosa, a veces poco saludable, frenética, tranquila, falible y hermosísima. La que me hago pasito a paso. Y la que me descubre puta o monja, según el clima, pero nunca, jamás, señora de.
Sé que el mundo no es tan grande, tampoco. Encontré rincones que adoro.
Sé que amar no es tan difícil ni traumático ni complicado como suponía.
Sé que vivir sola es la mejor decisión que tomé en mucho tiempo. Mi casita es mi cueva y mi mundo. El espacio que construyo adentro, y afuera.
Veintisiete es el número de la celebración. Ya pasé el tiempo en el que tenía la misma cantidad de años que de dedos. Eso es algo importante. Y no me había dado cuenta de ese detalle hasta ahora. Mirá qué loco, tengo más años que dedos. Supongo que los veintisiete también llegan con una cantidad incontable de reflexiones pelotudas.
Sobreviví al apocalipsis preanunciado, a los agoreros de caca permanente, a los aconsejadores compulsivos, a momentos de mierda, a los señaladores de defectos, a tipitos que no me quisieron, a la santísima facultad, a dios, a cuatro o cinco trabajos, a la familia unita.
No sé cómo soy, esa es la pura verdad. Y es lo que más me gusta de cumplir años.
Que cambio. Y me contradigo. Y crezco, claro.
Sí sé que me encontré varias veces conmigo. Y eso bien vale la pena celebrarlo. 
Veintisiete otoños les cumplo hoy. Bienvenidos sean.

Brunancio




7 de junio de 2013

Sanar II.

Acá adentro hay cosas podridas, que ya no pueden ser más. Y abrir las ventanas ya no es suficiente.
Hay que tirar la basura de adentro. Juntarla, todita, desmenuzarla, clasificarla. Y arrojarla al río. 
Lagrimear un poco por eso que fue y ya no es más.
Que la pena recorra el cuerpo, un rato.
Que las basuritas se hagan camalote y después, más adelante, espuma de mar.
Yo me quiero quedar con el espacio vacío, lleno de nada, clarito como el agua, purificador.
Escuchar el silencio de ese espacio mío, ver correr la soledad del momento.
Y esperar que llegue lo que sea que tenga que llegar.


El comienzo, de Virginia Palomeque.


2 de junio de 2013

Interrupciones.


No me interrumpas ahora


                                                                       te estoy diciendo que te quiero



¿escuchás?



27 de mayo de 2013

25.

El otro día cantamos. Un pueblo todojunto cantando. Y bailando. Y siendo feliz, en la primera plaza del país. Desde hace diez años, somos felices ahí. Nadie nos caga a palos. Nadie nos echa. Tenemos el privilegio de vivir en este país, que hace fiesta en sus plazas y se llena de pueblo y de un amor enorme, abrazador, hermoso.
Decíamos hace dos noches: pocas veces vamos a poder decir que bailamos canciones de Charly o de Fito en la Plaza de Mayo. Cuánta felicidad. Qué ganas de abrazar inmensamente a la compañera Presidenta, y decirle todo lo que la queremos, la admiramos. Por suerte, lo sabe. Lo sabe perfectamente.
El amor al pueblo, del pueblo. Es eso.
¿Dónde estaban los que piden palos? ¿Los que se llenan la boca de odio y escupen: “acá ya no se puede vivir”? Qué tristes deben ser esas vidas, que no pueden sentir este amor con el pueblo, tan distinto, tan hermosamente único y diferente a todos los otros amores.
Fue una fiesta el 25. Un carnaval hermoso, repleto de abrazos con compañeros y compañeras desconocidos, pero que sienten el mismo amor con el pueblo, y porque era el día de la Patria, y a la Patria se la celebra y se la festeja y se le grita ¡Viva la Patria! en todo momento, para acariciarla. Y también, porque hace diez años el Flaco, ese compañero gigante, entró a jurar su mandato presidencial para cambiar el rumbo de nuestra historia. Sin dejar afuera de la Casa de la Patria sus convicciones e ideales. Así dijo. Y así fue.
Setecientas mil personas bailando, siendo felices, juntas y en paz, podemos dar fe de eso diez años después.






17 de mayo de 2013

Bondades.

S/T
Lo bueno es este cielo, de noche. La copa de vino. El vientito fresco de otoño, que asoma tímido a la ventana. Buenos son esos abrazos que empezaron hace tantos años, y aún hoy, quedan. Las amigashermanas y los amigoshermanos que calientan el corazón y ponen el oído para la catarsis y están estando, perdurando, queriendo(nos).
Lo hermoso es la nocturnidad de tus ojos profundos que miran. Y me ven, inexplicablemente, como si entendieran que todo es nuevo y asombroso y tengo miedo. Lo hermoso es que pueda quererte así, sin necesidad de decir tanto y hacer más.
Qué bueno tu abrazo y el mío, fundidos.
Qué bueno este tiempo, voraz y hermoso, que nos permite crecer con algunas palabras, con encuentros, bocas que salvan, sonrisas, abrazos, ojos que ven, silencios.
Esta pena, una cosa buena. Y la felicidad, también. Encuentro mis rincones ahí. Todas las máscaras que fui. Los espejos rotos que no supieron devolverme la mirada. Ahí están, las puedo contar, todas las veces que me quedé callada, que no supe nombrar/contestar/llamar. Y salí corriendo, muerta de miedo. Ojalá el tiempo me redima por lo que no pude decir. Lo bueno es que ahora todo resuena a viva voz, con la garganta fresca y nueva, por fin.
Qué cosa buena la palabra. Y nosotros, siendo(nos)

9 de mayo de 2013

Extrañeza II.

Te extraño, hoy. Quizás, andamos a destiempo por estos días.
Yo, por ejemplo, esta noche me voy a dejar invadir por unas tristezas, extrañas, que no son mías. Unas negruras ajenas que merodean en los bordes de las ventanas.
Esta noche las voy a dejar pasar. Que entren, que habiten, que hagan ronda alrededor del cuerpo.
Mañana las exhalo. Las exilio. Las sano. Mañana se van a ir con el primer rayito de sol.
Hoy, además, te extraño. Con las manos y los ojos, te extraño. Quizás, andamos desencontrados, caminando en esquinas que no son las nuestras, a destiempo, destemplados.
Por suerte, siempre puede ser tiempo de reencuentro.
Te espero, entonces, a la vera de un buen vino cualquiera de estos días, compañero.

7 de mayo de 2013

Sanar.


Cada vez estoy más convencida de que todo tiene que ver con el amor. Curarse también. Sanarse del tiempo, implacable, que dejó un montón de tajos abiertos. 
Curarse de la culpa, la maldita culpa. Curarse del decir cuando no hay necesidad de decir nada.
Sanarse de todas las ausencias. De los nombres que nos hacen mierda.
Es hora de arriesgarse hermosamente, emprender el camino, sanar con amor, vivir esta vida, viaje infinito. Y aprender a decir lo nunca antes dicho. 

And in that moment, I swear, we were infinite  -The perks of being a wallflower-




29 de abril de 2013

Salado II.


Hace algunos días un amigo con el que solía convivir me devolvió unas fotos familiares que se traspapelaron en la mudanza. En una de esas fotos estoy, pequeñísima, con mi perra La Negra. Mi abuela paterna Nilia, la Chiche, que hacía la comida más exquisita que jamás voy a volver a probar, era la dueña de esa foto. La tenía en su casita del barrio Pompeya, al norte bien norte de Santa Fe. La abuela no tenía muchas fotos, sólo las importantes. Las de su casamiento, las de su mamá -mi bisabuela Aurelia, o Chocha, para la familia-, las de su papá -el bisabuelo Numa-, las de su único hijo cuando era chiquito y orejón –mi viejo, que sigue siendo ambas cosas-. Y las fotos de sus nietos. De esas tenía varias. Mi mamá le había regalado bastantes, para que la abuela no se quedara sin fotos nuestras.
Hace diez años la abuela se inundó. No llegó el Salado a su casa, pero sí el agua de lluvia, que tapó las calles, las veredas, entró en las casas y se quedó por varios días.
Apenas pudimos, sacamos a la abuela de ahí, hasta que bajara el agua. Estábamos lejos. Me acuerdo de la sensación de no poder salir de casa, de no poder ir a verla. Un dolor intenso y nuevo, que no conocía. Lo mismo con la Claudi, la mujer que nos cuidó (nos cuida) desde que me acuerdo. Ella estaba en Barranquitas. El Salado le llevó todo, todo. Hasta un tapial, creo, y muchas de sus mascotas. Lo mismo con mi viejo, en Barrio Alfonso. Ahí sí que llegó el Salado y ¡cómo! Azotó la casa y tuvieron que bajar del techo a mi hermanito de meses en un bolso de viaje hasta la canoa que los sacó de ahí, de la mierda marrón 

–¡¡Cuidado que en el bolso está mi hijo!!- gritó Alejandra, la esposa de mi papá. 

Hoy es una anécdota familiar. Lo mismo mis tíos y primos. A Centenario llegó el Salado y rompió el techo de la casa, el gato se fugó para siempre, y la mugre quedó por días y días y días. Mis tíos, que son sordomudos, se despertaron sorprendidos por el agua en medio de la noche. No imagino el miedo, no puedo.
Lo más terrible fueron las fotos. Después de los llantos, de los abrazos, de agradecer por estar vivos, de putear hasta quedarnos sin aliento, de gritar, de patalear, de marchar, de limpiar la mierda, de putear, putear y putear, lo que faltaba eran las fotos. No quedaban fotos de mis primos cuando eran chiquitos. Se perdieron fotos de mi hermanito Fabrizio, recién nacido. Varias de mi papá cuando era chico. Algunas de mis hermanos y yo.
Meses después, ese mismo año, perdí mis amígdalas, mi virginidad, mi novio. Y la perdí a mi abuela Nora, la abuela materna de los hermosos faroles verdes. Ella no se inundó, su hijo sí –mi tío-. Y eso la carcomió. El Salado la mató, sin dudas.
Ahora, diez años después, pienso que no pasó el tiempo. Que fue ayer. Ayer estaba en quinto año de la secundaria, despertándome de la siesta, sorprendida por la violencia de lo que se podría haber evitado. Son diez años condensados en un cúmulo de memorias que pueden contarse con los dedos de la mano. Y la memoria más feroz y más terrible es la de ese 2003. La del Salado. Es curioso que ahora viva en una ciudad donde el río me significa cosas tan diferentes, tan cercanas a la hermosura. Y hace algunos días mi amigo me dio esa foto en que estoy en el patio de una de las casas en las que viví cuando era chica con mi perra La Negra. Una foto manchada por el agua. Una foto rescatada. Traída del olvido a este presente, diez años después de que se nos metió el Salado adentro y nos tapó la boca.




25 de abril de 2013

Salado I.

Dormía la siesta. Hubo algunos gritos. De repente estaba metida hasta la cintura en la mugre del río desbarrancado, de todo el río que se había metido en mi ciudad, en mi barrio, en la casa de mi viejo, de mi tío, de mi abuela, de varios amigos.
Agua de mierda, pensé. Agua marrón, agua de mierda, llena de mierda y de bichos. Asqueroso criadero de bichos. Repugnante inmundicia marrón.
Después conseguir pan. Y velas. Y cagarse a puteadas con el almacenero y el supermercadista y la señora de la rotisería que remarcaban los precios en medio del kilombo y la tristeza y la muerte. Y pasar la primera noche. Jamás tuve tanto miedo. Me acuerdo de abrazar a mis hermanos. Abrir los ojos como nunca y abrazarlos.
Tiros.
Gritos.
Agua.
Tres o cuatro días así. Con los ovarios en la boca. Viviendo de la radio. LT10 y LT9 eran la comunicación con el mundo, con ese afuera que parecía tan lejos. Tuvimos un poco de hambre. Mucho sueño. La pasábamos subiendo las cosas a ladrillos o al primer piso o donde se pudiera. Me acuerdo de mi vieja rescatando la cristalería familiar heredada desde hacía años y años, diciendo -Si nos inundamos y nos quedamos sin nada, vendemos las copas. Las vendemos y a la mierda- . 
Volaban los helicópteros, todo el día y toda la noche. Volaban tiros en el barrio. Cada noche, sonaba el estruendo de las bombas detonando la base del río, para que baje. Una, dos, tres, cuatro, cinco bombas conté. Me acuerdo de los vidrios de mi casa a punto de colapsar y las paredes retumbando, flojas.

Un miércoles salió el sol. Era un hermoso miércoles. No llovía. Ni nubes había. Ahora, a buscar a los que perdimos. De los que no sabíamos nada. El río se nos metió adentro. Teníamos que nombrar. Llamar. Buscar. Había tanta gente en las calles. Durmiendo en Avenida Freyre. Sin nada. Gente sola, solísima y triste.

Abrazar, abrazar, abrazar. Se convirtió en cotidiano, en necesario. Y después, en costumbre, claro. Si no te veo más, acá está mi abrazo. Y si te veo siempre, te abrazo porque necesito decirte que te quiero o que gracias o qué suerte que estás.
Ayudar, como se pudiera.
Limpiar la mierda.
Servir comida.
Juntar ropa.
Barrer.
Sentir este odio tan profundo por los hijosdeputa que dejaron entrar el río en mi ciudad y mataron tanta gente y se cagaron en la vida.
Las crucecitas en la plaza son nuestros muertos. Pero también son las casas perdidas. Las fotos de los hijos. Los muebles. Los útiles de la escuela. Los libros.
Los hijosdeputa siguen sueltos. Reutemann. Balbarrey. Todas esas lacras. Tarde o temprano la justicia los va a condenar, como corresponde.
Mientras tanto, hubo que armar de nuevo.
Revolver la mugre. Tirar. Construir.
Volver al primer miércoles de sol, después de la mugre marrón.
Todavía hoy, diez años después.


Foto de Periódico Pausa



23 de abril de 2013

Respiro.

Darle aire al tiempo
para que la boca no se canse
de barajar rutinas y ciclos 
que no busca, la pobre.

Darle aire.
Un respiro a los ojos
para renovar las alas y el deseo

Al fin y al cabo
todo
necesita respirar.

...azul es tu soledad, ámbar es la bruma de tu alma... - Flaco Spinetta - Bahía Final
Dibujo: Gabi Rubi

20 de abril de 2013

Habana.


Muero de ganas de escribir poemas en La Habana. E inventar un mundo de palabras y guerrilla. 
Quiero ser una novia del Che, cualquier novia del Che, en Santa Clara, ardiendo de amor y revolución.
Hacerle muchos hijos que se llamen Ernestos y Fideles y Emilianos. 
Y gritar Hasta la Victoria inclusive cuando voy a comprar el pan. 
Quiero llevar una carabina capaz de asesinar antipatrias cipayos gorilas.
Y sin embargo, escribir poemas de amor en La Habana. 
Amanecer con el calor caribeño del mundo a medio hacer, lleno de compañeros.




"Vienes quemando la brisa, con soles de primavera, para plantar la bandera con la luz de tu sonrisa".



12 de abril de 2013

Crecer.

El Principito - Antoine de Saint-Exupéry

Creo que la gente crece para adelante.
Lo de arriba y abajo es una mentira inventada por este mundo consumista y bipolar que ve altos y petisos, blancos y negros, pobres y ricos.
Crecemos como podemos. Caminando. Hacia adelante. Dar pasos en falso y retroceder, es inevitable. Crecer cuesta un montón de vida y duele. Y es hermoso y contradictorio, como todo lo que vale la pena.
La mayoría de las veces, por suerte, hay gente que nos da la mano. O que nos la suelta cuando ya es necesario. Vamos aprendiendo así, accidentadamente, que estamos hechos de sueños y errores, estrellas, paradojas, ventanas y papeles. Cuesta no perder la capacidad de asombro, las ganas de cambiar el mundo, mirar todo como si fuera la primera vez, con ojos de niño. Crecer para adelante sabiendo mirar para arriba, con las ganas intactas de aprender a volar, porque lo imposible sólo está en nuestra cabeza.
Caminar con ganas, como nos sale, con amor, con abrazos, es la mejor manera que conozco de ser feliz.

8 de abril de 2013

quiero III


te mido la boca, los rincones, el abrazo estremecedor.
quiero nadar en tus ojos todas las noches.
-todas las noches-
te quiero amanecer.
salir con gusto a vos a la mañana.
encontrarte, de repente, impregnado en mi ropa, en el viento, los ojos
te llevaría con gusto.

esas pequeñeces confirmarían que estás siendo conmigo


"El beso", de Gustav Klimt (en un muro de Siria)

4 de abril de 2013

Pena.

Sonó un ruido seco. En algún lado estaba rompiendo algo, o varias cosas, que habían permanecido intactas por muchos años -duele como la putamadre-. Volvió a sonar. Algo así como una rama que se parte o las hojitas que pisamos al caminar -porque mis felicidades más lindas y mis tristezas más terribles, siempre tienen que ver con el otoño-. Es increíble que ya haya llegado abril. Este abril que siempre es muchos abriles. Un solo abril a mil, que me asesina me grita me estremece, pero me arde, me libera.
Silbé un tanguito por lo bajo. Lo sigo haciendo, ahora mismo. Pienso que el tango embellece la pena, cuando ya se la puede nombrar. Y pienso que todo puede ser un poco más bello, incluida la pena ésta, que me invade a veces. Si la música hace todo más lindo, la tristeza también debe tener sus compases. Yo pienso que esta pena mía, la del ruido seco que suena acá adentro, es un dos por cuatro. Y escucho postales del alma allá a lo lejos, y pienso qué hermoso que estos tipos hayan escrito esta música en el país que habito, y me alimenten el alma así, de esta manera tan crucial y necesaria.
En fin, la pena. El ruido seco. Tengo que invitarlos a pasar, de una buena vez por todas. Sí. 
Que lloren conmigo estas cosas que no digo, y ya no quiero no decir. 
Que vengan acá al lado mío, para empezar a nombrar.




Silbé las letras y a mi guitarra
el encordado se le enlutó.
Hoy canto algunas cantando aquellas
Canto por nadie, canto por vos.
Postales mías del alma viva
fotografiando lo que yo soy.
Letra: Adrián Abonizio


28 de marzo de 2013

Hueco.

[ahí mismo
en el hueco de tu abrazo
quepo entera y sin tapujos
-soy yo, increíblemente-
te suelto los besos que guardo, las palabras, los ojos, las manos
somos
dos fugitivos que se hallan
debajo de la luna, a la vera de un vino
-cosa extraña si las hay-]


24 de marzo de 2013

Tacho.

Reparar. Desdramatizar. Romper la palabra “seriedad”. Tirar cosas a la basura. Llenar el tacho de suciedades, traumitas, corazones rotos, frustraciones, zapatos viejos, carteras que no voy a arreglar, bombachas feas, apuntes que no quiero ver más, puntos suspensivos, manos que ya no voy a tocar, hijos de puta, algunas miradas que nunca fueron mías. Salir al sol. Volver. Que el viento de otoño nos funde. Abrazarnos inmensamente. Para siempre.
Barajar y dar de nuevo, que le dicen.

14 de marzo de 2013

Desafíos.

Él tiene sus desafíos.
Yo los míos.
El beso de la mañana dice suerte, nos vemos pronto. Y también dice palabras que no decimos, todavía.
A la noche, cuando nos abrazamos, es otra cosa. 

Estamos vivos. Hoy, aquí, ahora.
Hermosamente vivos para abrazarnos y enredarnos 
después de los días nublados
el tumulto
los desafíos.

-Ahí está un poco de la dosis de felicidad que transporto por estos días-


"La maman et la putain", película de Jean Eustache (1973)




9 de marzo de 2013

Ya.

Me duele la panza. No es un dolor común y corriente igual. Estoy nerviosa.
Me pica el pecho. Pero no de angustia. Es una mezcla extraña entre angustia y curiosidad.
Tengo ganas de nacerme de nuevo.
Es tiempo ya.

6 de marzo de 2013

Comandante.


Lo hermoso es que estos tipos que han muerto por nosotros son nuestros. Hermoso y terrible, claro, pero hermoso. Y con nuestros muertos no se jode, porque aquí no se rinde nadie. La Patria Grande va a andar renga por estos días. Estamos tristes. Pica una pena profunda en el pecho. Una pena con la misma forma que cuando perdimos al Flaco. 
¿Qué será que tiene esta Latinoamérica nuestra que hace que den la vida por ella?

Dijeron que no había que llorarlo al Comandante. Pero la verdad, es inevitable. Vamos a extrañarlo por peleón, por negro lindo, por simpático, por líder, por imprescindible. Ayer, hoy, mañana, pasado, nos va a doler el cuerpo porque tenemos que procesar la pena y comprenderlo en toda su magnitud: se nos murió Chávez. 
El mismo que mandó a la mierda el ALCA, y a Bush, y al Rey de España. El que se abrazaba inmensamente con el Flaco y con Cristina, y se cagaba de risa de los miserables, porque sabía que la historia los va a juzgar, en algún momento. Construir el Socialismo del Siglo XXI era su misión y su vida. Se le notaba en los ojos, lo veía en sus abrazos, en sus manos, en su inmensa capacidad para decir "los amo" con acciones (me late fuerte el corazón y me arden los ojos por esta pena enorme que lleva el nombre del Comandante).

Nos queda eso. La inmensidad del hombre que reinventó la Patria Grande. Y dijo las cosas que había que decir en el momento en el que había que decirlas. Llorarlo es ahora. Mañana será tiempo de seguir construyendo nuestra Latinoamérica democrática, unida y revolucionaria.

Por suerte, sabemos que habrá callecitas nuevas con los nombres de nuestros muertos, que bien vivos están. Escuelas. Hospitales. Habrá niños recién nacidos con sus nombres. No por el olvido, porque el pueblo no olvida nunca a sus líderes y menos a sus sueños, sino para molestar desde ahora y para siempre a todos los que celebran la muerte y se jactan de ser civilizados, a los miserables, a los hipócritas y a los hijosdeputa.

Somos muy privilegiados. La historia de que en nuestra América hubo un Chávez y un Fidel y un Néstor no nos la contó nadie… la estamos viendo con nuestros propios ojos, la vivimos intempestivamente, con amor, cada uno en su lugar, convencidos de que este es el camino. Y de que si en Venezuela no hay una Revolución socialista, yo no entiendo qué carajo significan esas palabras. Habrá, entonces, que ponerse a la altura de las circunstancias.

El Comandante, ahorita, debe andar gritando "exprópielo" en el cielo de los libertadores. Sé, con el cuerpo, con esta angustia que es mía y de millones, que no se va a apagar nunca la llama chavista (algún día, me fundiré en un abrazo fraterno y profundo con el pueblo venezolano, mientras tanto sólo tengo estas palabras).

¡Viva Chávez!
¡Viva Venezuela!
¡Viva la Revolución bolivariana!


5 de marzo de 2013

Seis.

tengo seis corazones
doce manos y sus doce pies
la ternura que brota a borbotones
en este viaje sin fin que es nuestra vida compartida

les debo mi espontaneidad
las carcajadas más grandes
los llantos catastróficos
los halagos sentidos
los moretones gigantes
las puteadas bien puestas
los enojos terribles
los mejores juegos del mundo
los besos más lindos que tuve en mi vida
                                              -y que tendré-
todo el amor que me cabe en el cuerpo


tengo seis abrazos
                       -tan increíblemente llenadores,
                        tan inmensamente míos y yo misma-

y la certeza, hermosamente atronadora, de que yo no sería yo sin ellos.
y que les daría la vida sin pensarlo dos veces.


Felíz día a mis hermosos y hermosas!