21 de octubre de 2013

Curiosidades.

Es curioso este tiempo con otros.
Hay momentos en los que creo que vivo en una pausa. En el intersticio de un tiempo robado de algún lado, de alguien, que no es mío, que esta no soy yo, a pesar de que me miro en el espejo y canto alguna canción de esas que encienden el alma y los pies, me escucho la voz. Pero no estoy, ando sin habitar.

Es curioso este tiempo y sus caricias nuevas.
Arder una tarde de primavera cualquiera sin necesidad de respuestas ni tiempos ni calamidades compartidas. Ser en el tumulto, bailando. Arder de intensidades que no duelen y corren como el río. Mirarme en otros ojos, sin necesidad de decir absolutamente nada.

Es curioso verme entera. Un alivio que sucede por intermitencias. En resquicios. Cuando no me doy cuenta.
Planeo seguir así. Ardiendo de curiosas intensidades, a veces sin mí, pero acá adentro, conmigo.

Dibujo de Andrea Lértora





16 de octubre de 2013

Ojalá.

ojalá que te enamores
con los ojos
el cuerpo
la boca
el futuro
los deseos
las manos


y no tengas forma de decirlo.


10 de octubre de 2013

Pedacitos.

[hoy te lloré.
voy llorando partes de vos.
recuerdos.
anécdotas.
almohadas.
esquinas.
hoy lloré un bar al que íbamos.
en otro momento será la plaza.
y así.
te lloro de a pedacitos
que espero sea parte de sacarte de acá adentro.
ya no estoy muy segura de cómo era la forma de tu caricia.
ni la de tus besos.
por suerte.
de a pedacitos, te voy soltando
-y crezco-]

Ilustración de Caru Grossi


30 de septiembre de 2013

Escapar.

escapar en algún tumulto ajeno
en músicas incandecentes
en otra mirada que sepa mirar
y que sepa decir algo, cualquier cosa, pero decir
salirme de este silencio con palabras nuevas
aprender a brillar otra vez
escapar del presente que no es
y quedó en puro deseo
                                  -no soy la ausencia de nadie, ni la sombra, ni el amor-
escapar. escapar. escapar.
tripas corazón.
arremangarse.
y escapar.

22 de septiembre de 2013

Patria sensiblera.

Habito un país que no es el mío, este último tiempo.
En la patria sensiblera estrujo las manos y siento que se me achica el corazón.
Me asusta la palabra amor. Pero la necesito. Tanto la necesito que la nombro diferente.
Tengo miedo de levantarme un día y tener 60 años, y haber amado poco.
Tengo miedo de que este vacío de adentro, que lleva tu nombre por estos días, no se vaya nunca.
Tengo miedo de las sombritas ajenas, la racionalidad extrema, la muerte, convertirme en Penélope, habitar para siempre esta patria.

Más tarde siento abrazos sanadores. Tengo estas redes que sostienen y agrandan la esperanza, mis amigas.
Las trincheras que me dejan llorar océanos, y esperan la vuelta de mí hacia mí misma, sosteniendo las sonrisas, construyendo futuro.

Eso quiero.
Decir gracias y seguir construyendo un futuro lleno de abrazos.


17 de septiembre de 2013

Imperfecciones.

y lo que también está al alcance de la mano
es todo esto que está adentro
y no se explica
se hace imperfectamente
y es un alivio poder decir y nombrar y escuchar y abrazar
                                                 a pesar de tantas cosas


La mafia del agua - Andrea Lértora



14 de septiembre de 2013

Finales.

Siempre creí que los finales tenían un trasfondo de culpitas de cada cual y de cada quien.
Algo se hizo mal, alguien lo hizo mal.
Pero resulta que no.
Pasa que no hay ganas de construir con el otro. O se acaba el amor. O nunca lo hubo. O alguien se cansa. O todo se detuvo. O tantas cosas más.
Resulta que los finales están ahí, al alcance de la mano, para ser nombrados en toda su estruendosa realidad.
Y duele como la putamadre saber que ya es tiempo de llamar a las cosas por su nombre.

9 de septiembre de 2013

Imposibles.

no pido
          -ni quiero-
cosas imposibles
soy feliz con los lapachos a pleno florecer
y con los momentos para cantar
y los otros para llorar
y los otros para construir

no quiero imposibles
              -no podría sostenerlos-
soy feliz con la primavera recién parida
y el vientito caliente en la cara
y los otros que están ahí, estando

sólo me falta ser feliz con la certeza de un abrazo que me sepa nombrar.
                                           

5 de septiembre de 2013

Futuro.

Quiero escribir poemas de futuro
y que no falte tu carcajada ahí, espero.
Quiero decirte mirá, amor, se pasa la vida así, rapidito, de indecisión en indecisión. De inseguridad en inseguridad.
Hay que encontrar una pasión y dejar que nos arrolle, o algo parecido dijo Bukowski, al que seguro le salió más oscuro y no tan lindo.
Yo quiero decir que a veces me aburro. Otras me enfrasco. Y otras, muchas, miro para arriba y sé que todo tiene un tiempo y una solución. Todo todito. Lloro a mares también. Y vuelvo conmigo, siempre vuelvo conmigo, porque, mal que mal, me gusto.
Quiero decirte que estoy acá, amor, un tiempo nomás, de paso, como todos. Y sé que no es suficiente. Ya no. Ya no. Y eso es lo que más duele.
Quiero escribir poemas con futuro
y ojalá esté tu risa ahí, llenando ese espacio.

29 de agosto de 2013

Últimamente.

Últimamente no entiendo algunos silencios.
Ni las oscuridades ajenas. Ni las palabras que están demás.
Sólo sé que hay momentos donde se hace lo que se puede. Y otros momentos donde se es feliz.
Y de los primeros hay bastantes.

-quiero cantarte y que te rías, 
abrazarte el silencio tonto, 
llenarte de besos-

Últimamente dudo que sobre el tiempo. 
Y quiero alguna certeza. 
Algún indicio que diga que no nos vamos a morir mañana. Pero, claro, no hay nada de eso por ningún lado.
Más tarde me voy a reconciliar con la casualidad, lo eventual de la vida, sus complicaciones, sus hermosuras. Estoy cansada, hoy.

-quiero dormir en tu abrazo, 
que me espantes los males y los miedos, 
y que te extraño, te digo, hoy-

Últimamente me sorprende una necesidad desconocida. 
Contemplo este corazón, que pulsa desbocado algunas veces, y no lo entiendo. 
Hoy quiero darle pausa. Acariciarlo despacio, sanarlo de velocidades innecesarias. 

-quiero que estés sintiéndome,
porque te extraño, te digo, hoy- 

14 de agosto de 2013

Nora.

Cuando estoy por dormir, en ese umbral extraño entre la conciencia y el limbo, Nora me mira con sus hermosos faroles verdes. Me sonríe con una sonrisa que me abraza el alma. Y después me da la mano. Siempre me da la mano. Nora habita mis sueños desde hace casi diez años. La llevo en mi dedo índice, todos los días, en agradecimiento por su compañía, aunque no esté acá. Pienso que la Cruz del Sur, allá arriba, está habitada por los ojos de Nora. Los verdes ojos de la mujer más bella que conocí. Y que hoy extraño, infinitamente.



3 de agosto de 2013

Nudos.


No sé qué será de nosotros. A mí todavía me arden tus ojos cuando me dijeron te quiero la otra noche y me dejaron muda de amor; de palabras no, porque ante los nervios hablo y hablo y hablo. Todavía me arde el abrazo que dejaste enredado en la cama, y las ganas de hacernos nuditos los domingos y que no existan los relojes alarmas que atropellan el amor con la rutina. Tengo esta memoria gigante de la noche, toda la noche, que fue otro país entre tu cuerpo, cuando nos habitamos entre risas y sexo y vino y chocolates. Aún siento tu vocecita, fresca, anunciándome al oído la mañana nueva que se asomaba a la ventana. Es de noche todavía, te dije. Y pusiste la pava al fuego y me abrazaste con el cuerpo y la boca y esos ojos que me dejan temblando. Sí, dijiste, es de noche. Y bajamos, después, escalón por escalón, hasta el viento del lunes, a patear las horitas, vestidos y desanudados.



1 de agosto de 2013

Mujeres.

Tengo esta genealogía llena de mujeres hermosas. Me han hecho ellas, las mujeres del mundo. 
Han lavado mis manos, mi cara. Me han llenado de caricias y besos. Me han abrazado inmensamente, hasta el fondo del alma.
Soy gracias al amor de mi madre y mis abuelas.
Ellas son el principio de mi camino. Ellas, mi árbol. Y la paciencia del aquelarre que me nombra parte de una trama que cuenta historias de hijos y de tiempos que ya no son y de hombres que fueron. En esas esquinas en las que crezco, llenas de mujeres, hallo a los hombres que amo. 
Los hombres de este tiempo, que crecen conmigo. Mis hermanos y amigos. Y mis amores hermosos.


S/T - Andrea Lértora


Feliz día, Pacha.

21 de julio de 2013

Poesía de café.

Puedo estar triste, claro. Y también tener unas ganas voraces de hacer el amor.
Miro mi talón izquierdo, que no es de Aquiles, sino de Natalia.
Pienso que no quiero hacer poesía de café. Ni parir hijos que no quiera tener. Ni ser agnóstica por las dudas, si dios no existe.
A veces quiero salir en pelotas y burlarme de los corpiños.
Hacer poesía así, con el pechito desnudo y unos kilos demás.
Cagarme de risa, mucho. Caminar la vida a carcajada limpia.
Estar un poco loca, también. Desnudamente cuerda y sanamente loca. Ser feliz.

Estrepitosamente feliz, contra todos los pronósticos.

20 de julio de 2013

Tipos.

Soy de esas privilegiadas que tienen amigos. Y no pocos. Y de todos los tipos.
Los de sangre. Los de siempre. Los de "de vez en cuando". Los de "cada muerte de obispo".
Los confidentes. Los loquitos. Los sanos. Los coherentes. Los amorosos. Los racionales.
Los abrazadores. Los militantes. Los ni fu ni fa. Los humoristas. Los besuqueiros. Los fiesteros. Los literatos. Lor ordenados. Los profesores. Los kilomberos. Los organizadores. Los colgados. Los fumados. Los sinceros.
Los hermanos y hermanas que elegí. Y que esta vida hermosa me fue poniendo en el camino.
Más allá del marketing y de la cosa construida para que compremos, celebro que andemos festejando la amistad: uno de los pocos amores que elegimos por nosotros mismos.
Que siempre haya amistad, les deseo, de la sincera, la profunda, la incorruptible. Y que siempre haya un abrazo cerca, para celebrarla.

¡Feliz Día!


6 de julio de 2013

Eso.

Pienso que esas miradas que él me da son, efectivamente, para mí.
Y las palabras que dice también son para mí.
Y algunos silencios.
Y las caricias.
Y el abrazo profundo, hermoso.



Algo tan ensordecedor como eso. 

19 de junio de 2013

27.

Veintisiete años les cumplo hoy. Edad impar en año impar. No sé si tiene importancia, pero me gusta que así sea. Como me gusta que haya gentes hermosas cerca, abrazándome.
Hoy tengo veintisiete. No es que sea una gran novedad, pero es la mía. Dos personas se embarazaron de mí  nueve meses antes de un día como hoy, hace veintisiete otoños, y la verdad se los agradezco, porque me gusta mucho ser yo. Sí, ando con el ego hinchadito, hasta me doy cuenta y todo. Pero hoy tengo licencia para eso, no?
Y además crecí. Y sané. Y soy feliz, contra todos los pronósticos.
Quedan cosas por hacer, tantas. Toda una vida enterita tendida a los pies.
Y sin embargo, tengo esta memoria de hace muchos años.
Ya le puedo decir a algún amigo: "hace más de una década que nos conocemos". Sí, suena a vejez. Pero a mi me gusta.
Tengo la sensación de que acumulé pliegues en la piel, memorias, arruguitas, cicatrices, personas, amores, rollos, miopías y un libro mío –todo mío-.
Sé que ya no me cuestan tanto algunas cosas. Aprendí a nombrar. A soltar. A caminar pausadito.
Sé que ya no soy una adolescente –costó comprenderlo, costó-. Un signo de madurez, supongo.
Sé que no quiero “aspirar a una vida mejor”. Me cago en los que te enchufan recetas para la “vida ideal, el progreso, el perrito, los hijitos”. Dejame nomás con esta vida mía, estrepitosa, a veces poco saludable, frenética, tranquila, falible y hermosísima. La que me hago pasito a paso. Y la que me descubre puta o monja, según el clima, pero nunca, jamás, señora de.
Sé que el mundo no es tan grande, tampoco. Encontré rincones que adoro.
Sé que amar no es tan difícil ni traumático ni complicado como suponía.
Sé que vivir sola es la mejor decisión que tomé en mucho tiempo. Mi casita es mi cueva y mi mundo. El espacio que construyo adentro, y afuera.
Veintisiete es el número de la celebración. Ya pasé el tiempo en el que tenía la misma cantidad de años que de dedos. Eso es algo importante. Y no me había dado cuenta de ese detalle hasta ahora. Mirá qué loco, tengo más años que dedos. Supongo que los veintisiete también llegan con una cantidad incontable de reflexiones pelotudas.
Sobreviví al apocalipsis preanunciado, a los agoreros de caca permanente, a los aconsejadores compulsivos, a momentos de mierda, a los señaladores de defectos, a tipitos que no me quisieron, a la santísima facultad, a dios, a cuatro o cinco trabajos, a la familia unita.
No sé cómo soy, esa es la pura verdad. Y es lo que más me gusta de cumplir años.
Que cambio. Y me contradigo. Y crezco, claro.
Sí sé que me encontré varias veces conmigo. Y eso bien vale la pena celebrarlo. 
Veintisiete otoños les cumplo hoy. Bienvenidos sean.

Brunancio




7 de junio de 2013

Sanar II.

Acá adentro hay cosas podridas, que ya no pueden ser más. Y abrir las ventanas ya no es suficiente.
Hay que tirar la basura de adentro. Juntarla, todita, desmenuzarla, clasificarla. Y arrojarla al río. 
Lagrimear un poco por eso que fue y ya no es más.
Que la pena recorra el cuerpo, un rato.
Que las basuritas se hagan camalote y después, más adelante, espuma de mar.
Yo me quiero quedar con el espacio vacío, lleno de nada, clarito como el agua, purificador.
Escuchar el silencio de ese espacio mío, ver correr la soledad del momento.
Y esperar que llegue lo que sea que tenga que llegar.


El comienzo, de Virginia Palomeque.


2 de junio de 2013

Interrupciones.


No me interrumpas ahora


                                                                       te estoy diciendo que te quiero



¿escuchás?



27 de mayo de 2013

25.

El otro día cantamos. Un pueblo todojunto cantando. Y bailando. Y siendo feliz, en la primera plaza del país. Desde hace diez años, somos felices ahí. Nadie nos caga a palos. Nadie nos echa. Tenemos el privilegio de vivir en este país, que hace fiesta en sus plazas y se llena de pueblo y de un amor enorme, abrazador, hermoso.
Decíamos hace dos noches: pocas veces vamos a poder decir que bailamos canciones de Charly o de Fito en la Plaza de Mayo. Cuánta felicidad. Qué ganas de abrazar inmensamente a la compañera Presidenta, y decirle todo lo que la queremos, la admiramos. Por suerte, lo sabe. Lo sabe perfectamente.
El amor al pueblo, del pueblo. Es eso.
¿Dónde estaban los que piden palos? ¿Los que se llenan la boca de odio y escupen: “acá ya no se puede vivir”? Qué tristes deben ser esas vidas, que no pueden sentir este amor con el pueblo, tan distinto, tan hermosamente único y diferente a todos los otros amores.
Fue una fiesta el 25. Un carnaval hermoso, repleto de abrazos con compañeros y compañeras desconocidos, pero que sienten el mismo amor con el pueblo, y porque era el día de la Patria, y a la Patria se la celebra y se la festeja y se le grita ¡Viva la Patria! en todo momento, para acariciarla. Y también, porque hace diez años el Flaco, ese compañero gigante, entró a jurar su mandato presidencial para cambiar el rumbo de nuestra historia. Sin dejar afuera de la Casa de la Patria sus convicciones e ideales. Así dijo. Y así fue.
Setecientas mil personas bailando, siendo felices, juntas y en paz, podemos dar fe de eso diez años después.