que no haya muchas cosas que decir
alguito para preguntar
ese abrazo
la primavera estallando acá adentro
y en tubocayenlamía
mañana a la tarde
o el sábado
cuando se abre el día
con las manos al sol
que estén los ojos esos
que miran
y ven
aunque no lo digan en voz alta
sonreir de tanta luz
y tanto abrazo
alguito para preguntar
que no haya muchas cosas que decir
♣ Palabreando hasta las cenizas. Revolviendo el viento, desde la piel al aire. Y ViceVersa ♣
24 de septiembre de 2014
22 de septiembre de 2014
Ojalá.
Ojalá vengas a abrazarme mañana a la
tarde, tan lunes. Y me seques las lágrimas de hoy.
Es tan difícil a veces separarme de
vos. Es tan difícil no saber lo que viene. Esto es más difícil de
lo que pensaba.
Y te amo.
Y te elijo, contra todos los
pronósticos y los horóscopos y las no-palabras y los pasados que
son tan presentes. Te elijo.
Pero tengo miedo de esperarte siglos.
De amarte siempre así, con un 'te quiero', con un 'nos vemos'. A
medias.
Yo no sé si quiero eso. Yo no sé si
puedo sólo eso. Y duele hasta el fondo, en ese rincón de adentro
que aprieta cuando te extraño, el alma creo. El sitio donde estás
adentro mío. Y no sé qué se hace con esto. Dónde se deja, para
que no duela.
Ojalá vengas a besarme y a decirme que
vos también tenés tus miedos. Y a quererme toda, con mis lágrimas
a cuestas, los miedos, las carcajadas. Ojalá vengas con tu sonrisa
enorme, a comerme el corazón.
Después una musiquita, el ruido del
viento primaveral en la ventana, cerrar los ojos: esto es lo que es
hoy. Mañana quién sabe. Mi responsabilidad es el presente, dijo un
sabio. Y creo que tiene razón.
Ojalá nada.
Te abrazo hoy. Te entiendo hoy. Te
quiero hoy.
21 de septiembre de 2014
Primavera acá.
y yo, que no he visto nada entre mis manos,
he visto lo mío entre otras manos
que no existen
despunta el primer sol de la primavera en la ventana
y hallo como siempre mis papeles esparcidos en la mesa
y adivino que hay palabras que me llaman
sonrío un poco ante el desafío.
reescribo, repaso, reinvento adentro mío
las mil razones que son ninguna
por las que me vibra en la mano
una palabra o dos.
la tierra se enciende estos días
y andan estallando los lapachos
siempre la primavera es el remanso
que aclara el camino
y despeja la vista
es una suerte -pequeño latiguillo enrevesado-
tan suerte que arda el sol cada primavera
para llenarme de ganas de decir
![]() |
| Rebo |
12 de septiembre de 2014
Tiempo.
¿Hablamos desde el tiempo nosotros? De
eso que no vemos pero nos falta, nos determina, nos agota, nos
enriquece, nos olvida.
Hablamos desde quién sabe dónde. Pero
hablamos.
Suspiramos deseos. Como que llegue el
fin de semana. Un feriado. Dejar de pagar el alquiler. Trabajar un
solo turno -fíjense qué buena esclava-.
El tiempo pasa lento. No me llama. No
me escribe. No me nada. No lo llamo, no le escribo, no le nada.
Porque el orgullo, y blá. Porque el agotamiento, las ganas de sólo algunas cosas y nada más.
El tiempo pasa rápido. Diez o doce
horas corridas de trabajo, un baño, una reunión amistosa, dos
cervezas, un postre, la cama. Bendita cama.
¿En qué momento salir se convierte en
un esfuerzo?
Revelarse contra la rutina a mitad de
semana, tomarse el tiempo para charlar de minucias y de importancias.
Beber alcohol de forma moderada, por las dudas. Malditas dudas que
nos salvan del despido y la resaca.
Crecimos, no?
Salir es un esfuerzo después del día
largo, pero también después de la larga semana.
Elijo una peli, comida humeante, vino,
la cama-refugio-desayunador, buena compañía siempre, claro.
Eso antes que las luces, la
música-estruendo, los tacos, el push up, la faja, los lentes de
contacto, el tampón, la risa medio falsa, el espumante-asco. Igual,
casi siempre mejor cualquier cosa antes que todo eso. Cierto es que
hay tiempos en los que gusta, por supuesto. Pero ahora no.
Crecimos, cambiamos, variamos, qué sé
yo.
Hoy es otra cosa. Unos candombes en una
callecita a mediados de octubre. La carcajada de los amigos en una
cena improvisada. Unos pies que tapan otros pies en el medio de una
cama en el medio del invierno. Cheescake de frutos rojos. Proyectos
nuevos y brillantes nacidos a la luz de un chat casi accidental.
Abundantes copas de vino tinto, bueno y rico. Encuentros casuales. La
luna que cada vez se parece más a la primavera.
El tiempo que nos junta a todos, en
algún momento u otro.
Esto, estas cositas que digo, minucias
e importancias.
Esto debe ser algo parecido a la
adultez.
![]() |
| De la serie ABANDONOS, de Gabi Rubi |
27 de agosto de 2014
Cambiar.
Es raro darse cuenta de cómo cambiamos. Y en el cambio ver lo que vemos distinto. Y con la mirada cambiada, ver cómo también cambian los otros.
Como esto, por ejemplo, de sentir que antes compartía la vida con vos, casi, y ahora no nos une casi nada. Salvo las reminiscencias de un cariño profundo, que construimos durante muchos años. Hoy no queda mucho de aquel pasado. El cariño está, claro que sí, no se borra lo que nos marcó para siempre de un día para el otro.
Además ¿quién querría borrar a quien nos hizo felices? Y estuvo ahí contra viento y marea, siendo carne y uña, cuando los caminos iban bien juntos.
Pasa que, contra todos los pronósticos, cambiamos. Y cambiamos mucho, rotundamente.
Nunca pensé que el cambio significaba que algunas personas ya no iban a compartir la cotidianeidad de mi vida. Y eso duele un poco. Bastante, en realidad. Recién lo estoy comprendiendo en toda su magnitud. Porque en el cambio, elegimos. Y elegir, muchas veces significa también soltar.
Y me imagino que esas soltaduras tienen que ver con esto: dejar que pase el tiempo, andar con las decisiones tomadas, avanzar hacia la felicidad fresca que late tan cerca.
Comprender, aunque duela un poco, que los caminos cambian y los proyectos se bifurcan.
No sé muy bien cómo pasó. Pero tengo esta certeza, cada vez más clara, de que ya no somos parte de nuestras vidas.
Ni vos de la mía ni yo de la tuya.
Y eso es una lastimadura que recién descubro.
Como cuando te encontrás un moretón que no habías visto, y justo en el instante en que lo ves y lo tocás, te empieza a doler. Como si no tuviera nada que ver la marca, sino la cabeza que uno le pone a esa marca.
Es extraño, pero así es. Hasta inevitable, diría. Porque elegir tiene sus consecuencias.
Somos diferentes hoy.
Vos allá y yo acá.
Cada cual con sus proyectos de vida, de futuro, de sueños. Que, aunque sin tener todas las certezas, se construyen, están tomando forma.
Así que hasta pronto o hasta siempre. Porque esto no pretende ser una despedida.
Es la pequeña forma que encontré para decirte que estoy acá igual, aunque los caminos sigan bifurcados. Estoy, contra viento y marea, si es necesario, si es urgente, aunque no nos una casi nada. Estoy. Sigo siendo la misma, aunque haya cambiado la mirada. Estoy.
Hasta que los caminos se vuelvan a juntar o no.
Te quiero, siempr
Como esto, por ejemplo, de sentir que antes compartía la vida con vos, casi, y ahora no nos une casi nada. Salvo las reminiscencias de un cariño profundo, que construimos durante muchos años. Hoy no queda mucho de aquel pasado. El cariño está, claro que sí, no se borra lo que nos marcó para siempre de un día para el otro.
Además ¿quién querría borrar a quien nos hizo felices? Y estuvo ahí contra viento y marea, siendo carne y uña, cuando los caminos iban bien juntos.
Pasa que, contra todos los pronósticos, cambiamos. Y cambiamos mucho, rotundamente.
Nunca pensé que el cambio significaba que algunas personas ya no iban a compartir la cotidianeidad de mi vida. Y eso duele un poco. Bastante, en realidad. Recién lo estoy comprendiendo en toda su magnitud. Porque en el cambio, elegimos. Y elegir, muchas veces significa también soltar.
Y me imagino que esas soltaduras tienen que ver con esto: dejar que pase el tiempo, andar con las decisiones tomadas, avanzar hacia la felicidad fresca que late tan cerca.
Comprender, aunque duela un poco, que los caminos cambian y los proyectos se bifurcan.
No sé muy bien cómo pasó. Pero tengo esta certeza, cada vez más clara, de que ya no somos parte de nuestras vidas.
Ni vos de la mía ni yo de la tuya.
Y eso es una lastimadura que recién descubro.
Como cuando te encontrás un moretón que no habías visto, y justo en el instante en que lo ves y lo tocás, te empieza a doler. Como si no tuviera nada que ver la marca, sino la cabeza que uno le pone a esa marca.
Es extraño, pero así es. Hasta inevitable, diría. Porque elegir tiene sus consecuencias.
Somos diferentes hoy.
Vos allá y yo acá.
Cada cual con sus proyectos de vida, de futuro, de sueños. Que, aunque sin tener todas las certezas, se construyen, están tomando forma.
Así que hasta pronto o hasta siempre. Porque esto no pretende ser una despedida.
Es la pequeña forma que encontré para decirte que estoy acá igual, aunque los caminos sigan bifurcados. Estoy, contra viento y marea, si es necesario, si es urgente, aunque no nos una casi nada. Estoy. Sigo siendo la misma, aunque haya cambiado la mirada. Estoy.
Hasta que los caminos se vuelvan a juntar o no.
Te quiero, siempr
21 de agosto de 2014
Nombrar.
Descubro mi corazón, inundado de un amor desconocido. ¿Cómo no me voy a sonreír por eso? Y después, te nombro. Y nos abrazamos en medio de la noche, en medio de la vereda, en medio de la cama. Se escurren al vacío todos los malditos misterios del amor. Se rompen por mentirosos. No hay ningún misterio. Es este sacudón en el estómago, el amor, este rayo que te parte los huesos* sin violencia, pero violentamente. Esta tempestad suave de besos, de palabras, de miradas, de manos.
Te nombro. Quiero que nos salvemos juntos, esta noche, de todas las ausencias que tuvimos. Te nombro, compañero, y me sonrío.
*Frase de Rayuela, Julio Cortázar.
![]() |
| emmasapien |
25 de julio de 2014
Día fuera del tiempo.
Aprovecho este día para no decir nada. Patear el tablero. Andar bailando por la casa. Quiero mucha música que encienda el cuerpo.
O sí, mejor digo algo: hoy, aquí y ahora yo estoy. ¡Y qué lindo eso!
Anuncio que no voy a limpiar ni ordenar. Tampoco voy a pre-ocuparme.
Para eso está mañana, que el tiempo vuelve a su curso natural.
Hoy quiero descansar, cenar rico, besar las manos del compañero, tomar vino, regar las plantas, enredarme el pelo. Mirar a la luna directo a los ojos, y sonreirle por su último ciclo.
Y decir, para adentro, todos los futuros que espero. Y decir, para afuera, todas las gracias que tengo.
Gracias lunita, por la luz plateada y los ojos brillantes.
Gracias por el tiempo sin tiempo de este día.
Gracias por los abrazos que llegan de noche, a iluminar la vida.
Gracias.
[El Calendario Maya anuncia que ayer terminó el año y que mañana comienza uno nuevo. Pero hoy, ¡ay, hoy! Es un día fuera del ciclo de su calendario. Un día diferente por donde se lo mire -si así elegimos mirar, claro está-. Por estos lados, decidimos tomarnos este día fuera del tiempo, apagar el celular, la compu y escucharnos a nosotros mismos (al menos por unas horas). Que se venga nuevo el año maya para todos ♥]
O sí, mejor digo algo: hoy, aquí y ahora yo estoy. ¡Y qué lindo eso!
Anuncio que no voy a limpiar ni ordenar. Tampoco voy a pre-ocuparme.
Para eso está mañana, que el tiempo vuelve a su curso natural.
Hoy quiero descansar, cenar rico, besar las manos del compañero, tomar vino, regar las plantas, enredarme el pelo. Mirar a la luna directo a los ojos, y sonreirle por su último ciclo.
Y decir, para adentro, todos los futuros que espero. Y decir, para afuera, todas las gracias que tengo.
Gracias lunita, por la luz plateada y los ojos brillantes.
Gracias por el tiempo sin tiempo de este día.
Gracias por los abrazos que llegan de noche, a iluminar la vida.
Gracias.
[El Calendario Maya anuncia que ayer terminó el año y que mañana comienza uno nuevo. Pero hoy, ¡ay, hoy! Es un día fuera del ciclo de su calendario. Un día diferente por donde se lo mire -si así elegimos mirar, claro está-. Por estos lados, decidimos tomarnos este día fuera del tiempo, apagar el celular, la compu y escucharnos a nosotros mismos (al menos por unas horas). Que se venga nuevo el año maya para todos ♥]
Más info: http://www.13lunas.net/diafueratiempo.htm
![]() |
| Imagen: Calendario de un mes maya, con sus 20 días. |
16 de julio de 2014
Si quiero me toco el alma.
[anda la gente pequeña con ganas de andar la vida. y de mirarse a los ojos largo rato, en algún instante del día cuando se hallan, aún vestidos pero sinceros, abiertos a la mano que da la mano y que envuelve otra mano adentro apretando algo, el alma quizás. la gente pequeña comienza el día y cambia el rumbo en el camino al trabajo, y sonríe ante el verano en pleno invierno. le cae mal la humedad. le cae bien el gurisito jugando en mangas cortas, le da sensación de vacaciones. se enoja, la gente pequeña, a veces, con el mundo. con el mala onda que salpica con su auto a un transeúnte, con los que acusan sin dar la cara, los que amenazan, los que remarcan los precios, los que no levantan la caca del perro. pero la gente pequeña cambia su rumbo, y en su rumbo cambia el rumbo de otro destino. y se halla la gente, armando el mundo, en algún instante cotidiano, con las ganas intactas de despertar en un abrazo -ese abrazo- que abraza adentro y guarda otro abrazo que estalla el alma.]
Si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada
Luis Alberto Spinetta
27 de junio de 2014
Invierno.
esta noche tengo los pies fríos, me atacaron de sorpresa hace unas horas y corrí a cubrirme de medias gruesas, pantuflas, frazadas. y en un rapto de lucidez agradecí por tener todo eso.
pasa que llegó el invierno a este hemisferio. el tiempo de las estufas, los resfríos, las bufandas, los guisos, los acolchados, el café caliente.
el fresco asoma esta noche por las rendijas de las ventanas de mi casita
se echa a andar por el piso
arrastra la noche gigante a su paso
susurra que vino para quedarse
allá afuera hace frío
asomo la nariz a la ventana y lo respiro, dejo que la cara se me impregne de invierno
junto en una bolsa una frazada, algunos pulóveres que ya no uso y los dejo cerca de la puerta porque mañana tendrán otros dueños
miro las estrellas, al cielo o a la gente, quién sabe
y pido: que todos tengan una estufa, un café caliente
un abrazo firme y abrigado este invierno.
pasa que llegó el invierno a este hemisferio. el tiempo de las estufas, los resfríos, las bufandas, los guisos, los acolchados, el café caliente.
el fresco asoma esta noche por las rendijas de las ventanas de mi casita
se echa a andar por el piso
arrastra la noche gigante a su paso
susurra que vino para quedarse
allá afuera hace frío
asomo la nariz a la ventana y lo respiro, dejo que la cara se me impregne de invierno
junto en una bolsa una frazada, algunos pulóveres que ya no uso y los dejo cerca de la puerta porque mañana tendrán otros dueños
miro las estrellas, al cielo o a la gente, quién sabe
y pido: que todos tengan una estufa, un café caliente
un abrazo firme y abrigado este invierno.
19 de junio de 2014
28, parte II
-O: yo no quiero perder ninguna caricia-
Me llamo Natalia que significa nacimiento, la que cuida de la vida, y principalmente, nacida en navidad.
Pero vi el mundo por primera vez una noche de junio, cerca del final del otoño. Géminis. Hasta las palabras que me faltan.
Nacer de nuevo es algo que cada tanto me sucede. Debe ser que Natalia tiene algo que ver con los nacimientos, como anuncia la etimología. No me creo eso de que la vida sigue. Pienso que la vida es una sucesión de nacimientos propios, cada vez que sea necesario, cada vez que sea urgente, cada vez que pique adentro.
De todos los futuros que imaginé, jamás vislumbré este presente. Y eso que, como geminiana, tengo una imaginación verborrágica. Un presente marcado por el reencuentro, pero también por las caricias, la intuición afilada, las carcajadas, las tristezas nuevas y casi accidentales, las lecturas asombrosas, el amor. ¡Y qué lindo eso! Qué bueno que el amor no se planee, que irrumpa así, en el medio de una cama, una noche cualquiera y sin previo aviso. Sucediendo, asombrosamente.
Me entristecen las cosas que ya no tienen solución, y que en realidad, nunca la tuvieron. A veces me invade una angustia que no sé nombrar. Hasta que lo sé. Y sigo.
No sé comprender, siempre y todavía, cómo cambian las relaciones, las prioridades, la gente, los problemas.
Después, por suerte, las palabras. La cura improvisada y necesaria de poner algunas palabras hiladas en el papel o la pantalla. Desagotar palabras, que no son sólo palabras, claro. Eso debe ser de lo más lindo que me sucede. Y sucede seguido.
No sé comprender, siempre y todavía, cómo cambian las relaciones, las prioridades, la gente, los problemas.
Después, por suerte, las palabras. La cura improvisada y necesaria de poner algunas palabras hiladas en el papel o la pantalla. Desagotar palabras, que no son sólo palabras, claro. Eso debe ser de lo más lindo que me sucede. Y sucede seguido.
Comprender de a poco que muchas cosas son como son y vamos cambiando. Todo va cambiando, lenta y certeramente.
Sé que me llamo Natalia siempre cerca del final del otoño, renaciendo cada laberinto que me ha sabido nombrar. Y es siempre un nuevo nombre cuando despunta el invierno y cala los huesos.
Y qué suerte que no hay tantas certezas, me digo a veces, para no morir de aburrimiento.
Y qué suerte las ganas de hallarse. Encontrarse en el tumulto cotidiano con los otros, que brillan.
Ésta Natalia, que escribe y nace, no quiere perderse ninguna caricia ni ningún amor ni nada que signifique que me puede estallar el alma.
Sé que me llamo Natalia, la de los 28, cerca del fin del otoño.
Quien me quiera amar
amará también lo peor de mi
con ardor.
El corazón del mundo
canta en mi corazón
mis pies siguen bailando
sin cesar.
12 de junio de 2014
28, parte I
- O: la edad me pone verborrágica-
Cumplir años es comenzar a contar las canas nuevas y lamentarse por ellas, inevitablemente. Y contar, después, los abrazos, los mimos, las palabras, los tequieros, los textraños, las anécdotas, los caminos, los reencuentros, las ausencias, las presencias, las alegrías, las carcajadas. Todo eso. Lo de antes, lo de ahora, lo que está para quedarse. Lo que perdimos. Lo que soltamos. Lo que amamos. Especialmente, lo que amamos con la libertad de elegirlo. Las personas y los libros y los veladores y las almohadas y los ocios y, principalmente, los abrazos.
Muchas veces pienso que me desvanecería en la nada si no tuviera la red de abrazos que me rodea. Y ese descubrimiento refuerza mi única creencia: amar lo que tengo, que, por poco que parezca, es un montón.
Y me pasa también, cuando estoy cerca del aniversario de mi natalicio, que encuentro plenitud. Hoy, me doy cuenta que tengo todo lo que necesito para ser feliz. Y eso me renueva las alas, las ganas, el cuore. Me atraviesa la existencia vislumbrar, a veces, la circularidad de la historia, la casualidad de algunos eventos, la causalidad de otros, las decisiones que nos marcan para siempre.
¿Cómo fue que llegué hasta acá, que soy esta que soy?, me re-pregunto cada vez.
En algún momento, pienso, dejé de hacerme la boluda y crecí. Y ahora no paro de crecer. Y de sorprenderme por lo crecido, lo construido, lo descubierto. Mirá qué loco, la cantidad de años que acumulé. Y es tan poco, en realidad. Esa paradoja del tiempo/espacio me maravilla siempre. Soy adulta, es así.
28 otoños, natalia, qué cosa bárbara.
Más allá de que no tengo nada resuelto, de que no sé que habrá en el futuro, y de que tengo un ramillete de deseos frescos, tengo esta sensación, que brilla, de que no voy por mal camino.
Porque, hay que ser sincera con una misma, perdí varias batallas. Amé tanto a los hombres que amé que no sé cómo tengo entero el corazón. Y claro, también fui egoísta, cínica, abandónica, charlatana, chismosa, histérica. Y lo soy todavía, porque este es un solo paquete imperfecto, por suerte.
Sin embargo en el medio entregué lo que tenía a quien lo quisiera tomar. Inventé otoños de amor que no fueron y escribí poemas desesperados y cartas que jamás verán sus destinatarios. Fui feliz. Soy feliz, muy. Y esto de la felicidad es una cosa extraña, que se descubre por tramos, en instantes que muy poco tienen que ver con la felicidad en el imaginario sentidocomunacho. Como ahora, por ejemplo, que escribo estas cosas en un recreo del trabajo de oficina. Un intersticio que me doy, en este instante preciso, para escaparme de la vorágine.
Igual, queda mucho por cambiar. Tengo prejuicios, debilidades, miedos, errores, inseguridades, desaciertos, vanidades, críticas. A veces no empatizo con nada ni nadie, el mundo es una mierda, todos se equivocan menos yo, qué forra la humanidad, qué ganas de nada, qué inútiles somos, y otras peroratas del mismo tinte. Sí, me equivoco, claro que sí.
Por suerte, me rodea gente sabia. Aquella red de abrazos que sabe mostrarme mis errores, para que escriba y escribiendo los vea, los suelte, los cambie.
Soy un saco de emociones por estos días. De mieditos. De vulnerabilidades. El futuro es tan grande que me aterra un poco. Pero después, en el festejo, sé que no hay nada que valga más la pena que compartir todo lo que soy con los que quieran estar y con los que yo quiero estar. Y agradezco por eso, siempre.
28 natalia, mirá qué loco. Al final del otoño, 28.
Y no es poca cosa haber llegado, y sentirme un poco añejada, como los vinos que amo. Porque al fin y al cabo, sólo hay otra opción a la de cumplir años, y gracias pero no, quiero llegar a vieja chota. Cumplir años es, indefectiblemente, vivir. Y es bueno saber que en ese trajín amo, sueño y construyo, a pesar de las batallas perdidas (y las que quedan). Y a pesar, sobre todo, de que estoy llegando peligrosamente a los 30.
Tiempo al tiempo al tiempo
cada huella irá encontrando su arena
cada beso deteniendo un momento
y cada canción matando una pena.
cada huella irá encontrando su arena
cada beso deteniendo un momento
y cada canción matando una pena.
8 de junio de 2014
Sonríe.
sonríe, usted
conmigo
y a mi se me abre el alma toda
algo da saltos acá adentro
tengo una habitación llena de besos
y ganas de cuidarnos
y amar este tiempo que nos junta
esta tarde -y las que faltan-
porque sonríe, usted
conmigo
conmigo
y a mi se me abre el alma toda
algo da saltos acá adentro
tengo una habitación llena de besos
y ganas de cuidarnos
y amar este tiempo que nos junta
esta tarde -y las que faltan-
porque sonríe, usted
conmigo
no maltrates nunca mi fragilidad
yo seré el abrazo que te alivia
yo seré el abrazo que te alivia
30 de mayo de 2014
Momento.
Es extraño el mundo. Va, no el mundo,
la gente y las cosas que pasan con la gente.
Justo en el momento de la alegría,
algún sacudón desacomoda un poco, vuela las chapas, recuerda. Me
recuerda en otro momento de alegría. Y en otro, más reciente, más
terrible, pero lejano ya, muy lejano.
Yo recuerdo el momento justo de aquella
tristeza.
Fue mía. La hice carne muchas noches,
hasta que la sacudí de adentro, después de la negrura y las
lágrimas y las palabras que no estaban por ningún lado. Fue mía la
tristeza. Entera y sólo mía, porque eso, aunque se quiera, es
imposible de compartir. Duele y duele y duele y duele, hasta que deja
de doler.
Yo suspiré adentro una verdad
fundamental: sé lo que quiero -y ser lo que quiero-
Entonces, sin que intermediara magia
alguna, lo triste ya no era ese dolor o los sucesos que provocaron el
dolor. Lo triste era el otro que no sabía, que no quería, que
dejaba pasar la vida. Y lo siento mucho, pero esta que escribe no
nació para penélope ni para boluda, muchas gracias por el
ofrecimiento.
Yo recuerdo el momento justo de esta
libertad.
Es mía. Y la construyo mía toditos
los días. Porque ser libre es una militancia de adentro, y una de
afuera también, claro. En algún momento miré para arriba, junte
las manos y los brazos, los estiré todo lo que me diera su largo,
estiré hasta sentir flojito cada músculo. Sonó mi espalda, sonó
mi cuello. Sonaron también todos mis deseos. Y, cuando uno estira y
cambia de posición, cambia la mirada. Y, depende como se mire, lo
que no fue puede ser un fracaso o lo que debía pasar. Esta que escribe siente/cree/decide que pasó lo
que debía pasar.
Entonces, me cruza una puerta en un
momento inoportuno, y salta el corazón de sorpresa por el saludo que
había sido tanto tiempo cotidiano y ahora es tan extraño. Y sin
embargo, son esos segundos, esos benditos segundos posteriores, que
miro el cielo, estiro el cuello arriba arriba y me río, me río y
comprendo que todo tiene un tiempo y un espacio, y que muchas cosas
pasan porque deben pasar. Como la puerta, el momento, el pasado.
Yo recuerdo el momento justo de mi
libertad.
-y es una suerte saberlo, saberlo acá adentro, hasta los huesos felices de este presente-.
![]() |
| Blue circus, de Marc Chagall. |
20 de mayo de 2014
Buscar.
no tuve que buscar a dios en ningún
lado, en lo que va del otoño
siempre me creí incapaz de sostenerlo
y no podría, además
lo infinito que no se puede ver me
horroriza un poco
suspiré poco en la penumbra, también
vi mi cara en otros ojos y acá estoy
no he muerto de vergüenza, todavía
y siento este calor que me funda el
día, aunque esté nublado y frío
no quiero buscar a dios, la verdad
me asusta la idea de estar alguna vez
tan desolada como para necesitarlo
y porque se me escapa lo construido
como infinito
por ficción
por inabarcable
por terrible
prefiero la alegría del hecho
consumado
del amor que arde putea y ama, en dosis
repartidas
prefiero la mano caliente que toca y
reparte
los ojos que miran y ven, ven hasta
adentro y adentro se quedan
prefiero el abrazo, latiendo
el cuerpo acomodado al otro cuerpo en
ese acto fundamental
siempre y cada vez más
prefiero el abrazo que salva
y confirma que no estamos solos
a pesar de los abismos, el tiempo/espacio, la
penumbra
y gracias a los besos, las palabras cotidianas, los otros que están, la caricia que habla
no estamos solos
aunque dios no exista.
![]() |
| El abrazo - Gustav Klimt |
7 de mayo de 2014
Decir.
Perdí la cuenta hace rato de la cantidad de sincericidios que he cometido.
Todos y cada uno me han desanudado la garganta, y eso vale más que mil tecitos con miel.
Dije, digo, diré.
Me sincericidaré un montón de veces más. Ya lo sé. Vengo en este paquete al que le encanta aguantarse, aguantarse, aguantarse, hasta que no da más, y se incendia. Y se incendia con ganas. Nada de filtros. Nada de medias tintas.
Lo cierto es que no me importa tanto. Ya me acepté hace rato. Lo estremecedor y hermoso es saber que hay varios que me quieren así, tal cual, incendiada y todo.
Y eso no deja de ser una sorpresa y un alivio.
Sol que me estás salvando
iluminan mi esperanza tus ojos claros
Sol me vas protegiendo
en este tiempo igual a los que ya fueron.
iluminan mi esperanza tus ojos claros
Sol me vas protegiendo
en este tiempo igual a los que ya fueron.
30 de abril de 2014
Soñadas II.
Soñé con una noche terriblemente oscura. Estaba en una casa gigante, también oscura. Había gente conmigo, adentro de la casa. Y miedo. Un miedo terrible que se palpaba, podía tocarlo con las manos. Desde el patio venían ruidos secos, como golpeteos sobre una superficie dura, madera quizás.
Una amiga, la única persona que conocía de la casa, me dijo que parecía que había que tener cuidado, porque la gente que estaba ahí no hablaba.
Las puertas estaban bloqueadas, era imposible salir. Sentí un miedo espeso, que estaba adentro mío y contagiaba a los demás. Cuando noté eso, cerré los ojos, me miré las manos, y un calor nuevo me nació del estómago, y subía, subía por el pecho, hasta la garganta.
Perdí la ropa que llevaba puesta en algún momento. Alguna voz desconocida me dijo que se la había llevado alguien que de verdad necesitaba cubrirse.
Vos no -me dijo la voz. Estaba desnudísima en plena oscuridad, el calor me sofocaba un poco y el miedo -que ya no era mío- estaba invadiendo las paredes de esa casa vieja y pesadillesca.
No -dije. Yo acá no me quedo más.
Salir te puede costar la vida -me dijo la misma voz.
Y me dió paz. Una paz que nunca sentí. Una paz que me invadió las entrañas.
De repente estaba en el patio de la casa. Un patio gigante y negro, plagado de árboles con hojas negras. Había viento, sentía frío en los pies, pero nada más. Me acerqué al árbol que estaba más cerca, a mi derecha, y alcé del piso una de las hojas negras y al árbol se le cayeron todas, instantáneamente. Llegué a ver unos brotecitos verdes en ese patio oscuro, pero me estaba alejando de ahí, despacito, llevada por otra cosa que no eran mis pies.
De alguna forma me fui, aunque seguía igual de desnuda, y con frío.
Alguien me dió la mano. El calor volvió y se instaló en el pecho. Y sentí la paz hermosa otravez.
Tenía miedo de que me comas el corazón, eso era todo -le dije.
Una amiga, la única persona que conocía de la casa, me dijo que parecía que había que tener cuidado, porque la gente que estaba ahí no hablaba.
Las puertas estaban bloqueadas, era imposible salir. Sentí un miedo espeso, que estaba adentro mío y contagiaba a los demás. Cuando noté eso, cerré los ojos, me miré las manos, y un calor nuevo me nació del estómago, y subía, subía por el pecho, hasta la garganta.
Perdí la ropa que llevaba puesta en algún momento. Alguna voz desconocida me dijo que se la había llevado alguien que de verdad necesitaba cubrirse.
Vos no -me dijo la voz. Estaba desnudísima en plena oscuridad, el calor me sofocaba un poco y el miedo -que ya no era mío- estaba invadiendo las paredes de esa casa vieja y pesadillesca.
No -dije. Yo acá no me quedo más.
Salir te puede costar la vida -me dijo la misma voz.
Y me dió paz. Una paz que nunca sentí. Una paz que me invadió las entrañas.
De repente estaba en el patio de la casa. Un patio gigante y negro, plagado de árboles con hojas negras. Había viento, sentía frío en los pies, pero nada más. Me acerqué al árbol que estaba más cerca, a mi derecha, y alcé del piso una de las hojas negras y al árbol se le cayeron todas, instantáneamente. Llegué a ver unos brotecitos verdes en ese patio oscuro, pero me estaba alejando de ahí, despacito, llevada por otra cosa que no eran mis pies.
De alguna forma me fui, aunque seguía igual de desnuda, y con frío.
Alguien me dió la mano. El calor volvió y se instaló en el pecho. Y sentí la paz hermosa otravez.
Tenía miedo de que me comas el corazón, eso era todo -le dije.
22 de abril de 2014
Otoño.
Ando con ganas de irme un rato
pisar algún pasto crecidito de un lugar desconocido
sentir el otoño abajo de la piel
volver a leer un libro que cuente historias increíbles
caminar mirando el cielo
dormir con la luna de farol
y el río manso detrás
Últimamente, a la noche, cuando cierro los ojos
veo el día entero que pasó, con sus bellezas y sus fierezas
como la lluvia que golpea suave en el camino al trabajo
lo gris de algunos caminos
las miradas apagadas
el último abrazo de amor de la semana
las hojitas nuevas del otoño en la vereda
dispuestas perfectamente para hacer música mientras la gente camina
y no comprendo a veces cómo puede todo eso junto convivir cada día
arremolinarse delante de mis ojos y convertirse en algo bello
o no
Ando con ganas de elegir esta felicidad
de tu mano que me lleva
y esta boca que no para de reir
y este otoño que es abril y el corazón en la mano
y este abril siempre tan otoño y tanto amor y tan hermoso.
aguita del río manso
fresca y clarita
libre como venís
no han de acorralarte mis manos
siempre andarás en mí
siempre andarás en mí.
7 de abril de 2014
Concretamente II.
ayer se me atragantaron en un nudito las ganas de acurrucarme con vos.
a veces se me juntan todas esas ganas y me invaden los ojos.
pasa que te necesito a veces, porque te quiero.
y te quiero así, concienzudamente, con el corazón y con el cuerpo y con las ganas de compartir los abrazos y las carcajadas y mis penas y las tuyas. porque siento que así debería ser esto de andar de a dos.
concretamente, y a pesar de que siempre vuelvo de juntar todos mis pedacitos, tengo el corazón intacto y las ganas frescas y hermosas de que seamos juntos.
he razonado bastante este amor que siento y la verdad siento que no es nada racional.
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa, como dijo juan.
y yo suelo re-partir mis ganas de vos entre las mil tareas que inundan la mesa, hasta la noche.
a la noche tarareo alguna canción que me suena a vos,
y te llevo a dormir conmigo -aunque no andes por acá-.
a veces se me juntan todas esas ganas y me invaden los ojos.
pasa que te necesito a veces, porque te quiero.
y te quiero así, concienzudamente, con el corazón y con el cuerpo y con las ganas de compartir los abrazos y las carcajadas y mis penas y las tuyas. porque siento que así debería ser esto de andar de a dos.
concretamente, y a pesar de que siempre vuelvo de juntar todos mis pedacitos, tengo el corazón intacto y las ganas frescas y hermosas de que seamos juntos.
he razonado bastante este amor que siento y la verdad siento que no es nada racional.
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa, como dijo juan.
y yo suelo re-partir mis ganas de vos entre las mil tareas que inundan la mesa, hasta la noche.
a la noche tarareo alguna canción que me suena a vos,
y te llevo a dormir conmigo -aunque no andes por acá-.
26 de marzo de 2014
Concretamente.
a veces abro los ojos y ya es otoño.
hoy hace un otoño descomunal. se me arremolinó esta mañana en los ojos y me quiso dejar durmiendo, bajo el cielo nubladito y su abrazo fresco.
a veces el otoño es indicio del amor. y, claro, de las inseguridades y los miedos del amor. yo, por ejemplo, vengo descubriendo un corazón mío que no conocía. lo saco y lo contemplo, cada tanto, y me maravillo.
hoy hace un otoño descomunal. se me arremolinó esta mañana en los ojos y me quiso dejar durmiendo, bajo el cielo nubladito y su abrazo fresco.
a veces el otoño es indicio del amor. y, claro, de las inseguridades y los miedos del amor. yo, por ejemplo, vengo descubriendo un corazón mío que no conocía. lo saco y lo contemplo, cada tanto, y me maravillo.
específicamente todo,
pero todo todito aquello de lo que huí durante tanto tiempo, me anda
pegando brutales cachetazos.
a veces me encuentro a mi misma sólo sintiendo, sin pensar. tengo este amor,
voraz, que me anda comiendo por dentro, me despabila, despierto a las cuatro y treinta de la madrugada, sorprendida por la noche, por el repiqueteo
de mi sangre que corre y que sueña y que vuela también, claro.
concretamente el
nuevo vientito frío de este otoño hermoso y brutal me anda abriendo los ojos, me sacude las entrañas -y no de hambre precisamente-, le grita a mi subconsciente que estoy
amando,
con el cuerpo y el miedo y estas ganas de salir
corriendo yayaya. pero no, no me voy a ningún lado. estoy cansada de
salir corriendo.
y a veces está bueno quedarse a sentir.
![]() |
| Y, viste como es |
[encontré esto en carpetas guardadas hace mucho tiempo. la hojita dice, al pie, abril2013. pero es tan actual y tan de ahoritamismoacánomás, que saqué unas cosas y puse otras tantas. y ahora dice, al pie, marzo2014]
16 de marzo de 2014
Lili(ana).
Liliana va a estar protegiendo las puertas antes de entrar en la
muerte, como lo hicieron todos los gatos del mundo, siempre. Antes de
morir, hay un gato que vigila ese lugar y le huele las hendiduras.
Está ahí para decirnos hasta pronto.
Liliana enloquece después de comer
atún. Salta, corre, se alborota. Pasada la excitación se revuelca
panza arriba, agotada.
Liliana duerme conmigo cuando estoy
triste. Ella lo sabe. Me busca los pies y ahí se queda, latiendo
suavecito, acompasando la tristeza.
Liliana revuelve la basura y deja la
mugre esparcida. Tengo la sensación de que por dentro se mata de
risa cuando lo hace. De hecho, Liliana era sólo Lili al principio, pero después de varias cagadas se ganó un nombre completo.
Una vez leí que los gatos son animales
desamorados, que se irían con otra persona sin dudarlo, siempre que
les den de comer. Pero Liliana se perdió una vez, dos días enteros,
y volvió. Magullada y sucia. Volvió a su casa. Ese lugarcito en
este rincón del mundo que tiene olores conocidos, y donde la
acarician y la miman, a pesar de que tire la basura o a veces no use
las piedritas.
Liliana, a veces, mira fijamente las
paredes, los rincones donde en apariencia no hay nada. Sabemos que ve
cosas que los humanos no llegamos a percibir. Las energías de otros, los
fantasmas, el sonido.
Pocas mascotas he amado tanto.
Lo cierto también es que pocas son tan hermosas como ella.
Y sé que Liliana va a estar ahí,
cuando yo muera, dándome la bienvenida a lo desconocido.
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