19 de junio de 2013

27.

Veintisiete años les cumplo hoy. Edad impar en año impar. No sé si tiene importancia, pero me gusta que así sea. Como me gusta que haya gentes hermosas cerca, abrazándome.
Hoy tengo veintisiete. No es que sea una gran novedad, pero es la mía. Dos personas se embarazaron de mí  nueve meses antes de un día como hoy, hace veintisiete otoños, y la verdad se los agradezco, porque me gusta mucho ser yo. Sí, ando con el ego hinchadito, hasta me doy cuenta y todo. Pero hoy tengo licencia para eso, no?
Y además crecí. Y sané. Y soy feliz, contra todos los pronósticos.
Quedan cosas por hacer, tantas. Toda una vida enterita tendida a los pies.
Y sin embargo, tengo esta memoria de hace muchos años.
Ya le puedo decir a algún amigo: "hace más de una década que nos conocemos". Sí, suena a vejez. Pero a mi me gusta.
Tengo la sensación de que acumulé pliegues en la piel, memorias, arruguitas, cicatrices, personas, amores, rollos, miopías y un libro mío –todo mío-.
Sé que ya no me cuestan tanto algunas cosas. Aprendí a nombrar. A soltar. A caminar pausadito.
Sé que ya no soy una adolescente –costó comprenderlo, costó-. Un signo de madurez, supongo.
Sé que no quiero “aspirar a una vida mejor”. Me cago en los que te enchufan recetas para la “vida ideal, el progreso, el perrito, los hijitos”. Dejame nomás con esta vida mía, estrepitosa, a veces poco saludable, frenética, tranquila, falible y hermosísima. La que me hago pasito a paso. Y la que me descubre puta o monja, según el clima, pero nunca, jamás, señora de.
Sé que el mundo no es tan grande, tampoco. Encontré rincones que adoro.
Sé que amar no es tan difícil ni traumático ni complicado como suponía.
Sé que vivir sola es la mejor decisión que tomé en mucho tiempo. Mi casita es mi cueva y mi mundo. El espacio que construyo adentro, y afuera.
Veintisiete es el número de la celebración. Ya pasé el tiempo en el que tenía la misma cantidad de años que de dedos. Eso es algo importante. Y no me había dado cuenta de ese detalle hasta ahora. Mirá qué loco, tengo más años que dedos. Supongo que los veintisiete también llegan con una cantidad incontable de reflexiones pelotudas.
Sobreviví al apocalipsis preanunciado, a los agoreros de caca permanente, a los aconsejadores compulsivos, a momentos de mierda, a los señaladores de defectos, a tipitos que no me quisieron, a la santísima facultad, a dios, a cuatro o cinco trabajos, a la familia unita.
No sé cómo soy, esa es la pura verdad. Y es lo que más me gusta de cumplir años.
Que cambio. Y me contradigo. Y crezco, claro.
Sí sé que me encontré varias veces conmigo. Y eso bien vale la pena celebrarlo. 
Veintisiete otoños les cumplo hoy. Bienvenidos sean.

Brunancio




7 de junio de 2013

Sanar II.

Acá adentro hay cosas podridas, que ya no pueden ser más. Y abrir las ventanas ya no es suficiente.
Hay que tirar la basura de adentro. Juntarla, todita, desmenuzarla, clasificarla. Y arrojarla al río. 
Lagrimear un poco por eso que fue y ya no es más.
Que la pena recorra el cuerpo, un rato.
Que las basuritas se hagan camalote y después, más adelante, espuma de mar.
Yo me quiero quedar con el espacio vacío, lleno de nada, clarito como el agua, purificador.
Escuchar el silencio de ese espacio mío, ver correr la soledad del momento.
Y esperar que llegue lo que sea que tenga que llegar.


El comienzo, de Virginia Palomeque.


2 de junio de 2013

Interrupciones.


No me interrumpas ahora


                                                                       te estoy diciendo que te quiero



¿escuchás?



27 de mayo de 2013

25.

El otro día cantamos. Un pueblo todojunto cantando. Y bailando. Y siendo feliz, en la primera plaza del país. Desde hace diez años, somos felices ahí. Nadie nos caga a palos. Nadie nos echa. Tenemos el privilegio de vivir en este país, que hace fiesta en sus plazas y se llena de pueblo y de un amor enorme, abrazador, hermoso.
Decíamos hace dos noches: pocas veces vamos a poder decir que bailamos canciones de Charly o de Fito en la Plaza de Mayo. Cuánta felicidad. Qué ganas de abrazar inmensamente a la compañera Presidenta, y decirle todo lo que la queremos, la admiramos. Por suerte, lo sabe. Lo sabe perfectamente.
El amor al pueblo, del pueblo. Es eso.
¿Dónde estaban los que piden palos? ¿Los que se llenan la boca de odio y escupen: “acá ya no se puede vivir”? Qué tristes deben ser esas vidas, que no pueden sentir este amor con el pueblo, tan distinto, tan hermosamente único y diferente a todos los otros amores.
Fue una fiesta el 25. Un carnaval hermoso, repleto de abrazos con compañeros y compañeras desconocidos, pero que sienten el mismo amor con el pueblo, y porque era el día de la Patria, y a la Patria se la celebra y se la festeja y se le grita ¡Viva la Patria! en todo momento, para acariciarla. Y también, porque hace diez años el Flaco, ese compañero gigante, entró a jurar su mandato presidencial para cambiar el rumbo de nuestra historia. Sin dejar afuera de la Casa de la Patria sus convicciones e ideales. Así dijo. Y así fue.
Setecientas mil personas bailando, siendo felices, juntas y en paz, podemos dar fe de eso diez años después.






17 de mayo de 2013

Bondades.

S/T
Lo bueno es este cielo, de noche. La copa de vino. El vientito fresco de otoño, que asoma tímido a la ventana. Buenos son esos abrazos que empezaron hace tantos años, y aún hoy, quedan. Las amigashermanas y los amigoshermanos que calientan el corazón y ponen el oído para la catarsis y están estando, perdurando, queriendo(nos).
Lo hermoso es la nocturnidad de tus ojos profundos que miran. Y me ven, inexplicablemente, como si entendieran que todo es nuevo y asombroso y tengo miedo. Lo hermoso es que pueda quererte así, sin necesidad de decir tanto y hacer más.
Qué bueno tu abrazo y el mío, fundidos.
Qué bueno este tiempo, voraz y hermoso, que nos permite crecer con algunas palabras, con encuentros, bocas que salvan, sonrisas, abrazos, ojos que ven, silencios.
Esta pena, una cosa buena. Y la felicidad, también. Encuentro mis rincones ahí. Todas las máscaras que fui. Los espejos rotos que no supieron devolverme la mirada. Ahí están, las puedo contar, todas las veces que me quedé callada, que no supe nombrar/contestar/llamar. Y salí corriendo, muerta de miedo. Ojalá el tiempo me redima por lo que no pude decir. Lo bueno es que ahora todo resuena a viva voz, con la garganta fresca y nueva, por fin.
Qué cosa buena la palabra. Y nosotros, siendo(nos). 

9 de mayo de 2013

Extrañeza II.

Te extraño, hoy. Quizás, andamos a destiempo por estos días.
Yo, por ejemplo, esta noche me voy a dejar invadir por unas tristezas, extrañas, que no son mías. Unas negruras ajenas que merodean en los bordes de las ventanas.
Esta noche las voy a dejar pasar. Que entren, que habiten, que hagan ronda alrededor del cuerpo.
Mañana las exhalo. Las exilio. Las sano. Mañana se van a ir con el primer rayito de sol.
Hoy, además, te extraño. Con las manos y los ojos, te extraño. Quizás, andamos desencontrados, caminando en esquinas que no son las nuestras, a destiempo, destemplados.
Por suerte, siempre puede ser tiempo de reencuentro.
Te espero, entonces, a la vera de un buen vino cualquiera de estos días, compañero.

7 de mayo de 2013

Sanar.


Cada vez estoy más convencida de que todo tiene que ver con el amor. Curarse también. Sanarse del tiempo, implacable, que dejó un montón de tajos abiertos. 
Curarse de la culpa, la maldita culpa. Curarse del decir cuando no hay necesidad de decir nada.
Sanarse de todas las ausencias. De los nombres que nos hacen mierda.
Es hora de arriesgarse hermosamente, emprender el camino, sanar con amor, vivir esta vida, viaje infinito. Y aprender a decir lo nunca antes dicho. 

And in that moment, I swear, we were infinite  -The perks of being a wallflower-




29 de abril de 2013

Salado II.


Hace algunos días un amigo con el que solía convivir me devolvió unas fotos familiares que se traspapelaron en la mudanza. En una de esas fotos estoy, pequeñísima, con mi perra La Negra. Mi abuela paterna Nilia, la Chiche, que hacía la comida más exquisita que jamás voy a volver a probar, era la dueña de esa foto. La tenía en su casita del barrio Pompeya, al norte bien norte de Santa Fe. La abuela no tenía muchas fotos, sólo las importantes. Las de su casamiento, las de su mamá -mi bisabuela Aurelia, o Chocha, para la familia-, las de su papá -el bisabuelo Numa-, las de su único hijo cuando era chiquito y orejón –mi viejo, que sigue siendo ambas cosas-. Y las fotos de sus nietos. De esas tenía varias. Mi mamá le había regalado bastantes, para que la abuela no se quedara sin fotos nuestras.
Hace diez años la abuela se inundó. No llegó el Salado a su casa, pero sí el agua de lluvia, que tapó las calles, las veredas, entró en las casas y se quedó por varios días.
Apenas pudimos, sacamos a la abuela de ahí, hasta que bajara el agua. Estábamos lejos. Me acuerdo de la sensación de no poder salir de casa, de no poder ir a verla. Un dolor intenso y nuevo, que no conocía. Lo mismo con la Claudi, la mujer que nos cuidó (nos cuida) desde que me acuerdo. Ella estaba en Barranquitas. El Salado le llevó todo, todo. Hasta un tapial, creo, y muchas de sus mascotas. Lo mismo con mi viejo, en Barrio Alfonso. Ahí sí que llegó el Salado y ¡cómo! Azotó la casa y tuvieron que bajar del techo a mi hermanito de meses en un bolso de viaje hasta la canoa que los sacó de ahí, de la mierda marrón 

–¡¡Cuidado que en el bolso está mi hijo!!- gritó Alejandra, la esposa de mi papá. 

Hoy es una anécdota familiar. Lo mismo mis tíos y primos. A Centenario llegó el Salado y rompió el techo de la casa, el gato se fugó para siempre, y la mugre quedó por días y días y días. Mis tíos, que son sordomudos, se despertaron sorprendidos por el agua en medio de la noche. No imagino el miedo, no puedo.
Lo más terrible fueron las fotos. Después de los llantos, de los abrazos, de agradecer por estar vivos, de putear hasta quedarnos sin aliento, de gritar, de patalear, de marchar, de limpiar la mierda, de putear, putear y putear, lo que faltaba eran las fotos. No quedaban fotos de mis primos cuando eran chiquitos. Se perdieron fotos de mi hermanito Fabrizio, recién nacido. Varias de mi papá cuando era chico. Algunas de mis hermanos y yo.
Meses después, ese mismo año, perdí mis amígdalas, mi virginidad, mi novio. Y la perdí a mi abuela Nora, la abuela materna de los hermosos faroles verdes. Ella no se inundó, su hijo sí –mi tío-. Y eso la carcomió. El Salado la mató, sin dudas.
Ahora, diez años después, pienso que no pasó el tiempo. Que fue ayer. Ayer estaba en quinto año de la secundaria, despertándome de la siesta, sorprendida por la violencia de lo que se podría haber evitado. Son diez años condensados en un cúmulo de memorias que pueden contarse con los dedos de la mano. Y la memoria más feroz y más terrible es la de ese 2003. La del Salado. Es curioso que ahora viva en una ciudad donde el río me significa cosas tan diferentes, tan cercanas a la hermosura. Y hace algunos días mi amigo me dio esa foto en que estoy en el patio de una de las casas en las que viví cuando era chica con mi perra La Negra. Una foto manchada por el agua. Una foto rescatada. Traída del olvido a este presente, diez años después de que se nos metió el Salado adentro y nos tapó la boca.




25 de abril de 2013

Salado I.

Dormía la siesta. Hubo algunos gritos. De repente estaba metida hasta la cintura en la mugre del río desbarrancado, de todo el río que se había metido en mi ciudad, en mi barrio, en la casa de mi viejo, de mi tío, de mi abuela, de varios amigos.
Agua de mierda, pensé. Agua marrón, agua de mierda, llena de mierda y de bichos. Asqueroso criadero de bichos. Repugnante inmundicia marrón.
Después conseguir pan. Y velas. Y cagarse a puteadas con el almacenero y el supermercadista y la señora de la rotisería que remarcaban los precios en medio del kilombo y la tristeza y la muerte. Y pasar la primera noche. Jamás tuve tanto miedo. Me acuerdo de abrazar a mis hermanos. Abrir los ojos como nunca y abrazarlos.
Tiros.
Gritos.
Agua.
Tres o cuatro días así. Con los ovarios en la boca. Viviendo de la radio. LT10 y LT9 eran la comunicación con el mundo, con ese afuera que parecía tan lejos. Tuvimos un poco de hambre. Mucho sueño. La pasábamos subiendo las cosas a ladrillos o al primer piso o donde se pudiera. Me acuerdo de mi vieja rescatando la cristalería familiar heredada desde hacía años y años, diciendo -Si nos inundamos y nos quedamos sin nada, vendemos las copas. Las vendemos y a la mierda- . 
Volaban los helicópteros, todo el día y toda la noche. Volaban tiros en el barrio. Cada noche, sonaba el estruendo de las bombas detonando la base del río, para que baje. Una, dos, tres, cuatro, cinco bombas conté. Me acuerdo de los vidrios de mi casa a punto de colapsar y las paredes retumbando, flojas.

Un miércoles salió el sol. Era un hermoso miércoles. No llovía. Ni nubes había. Ahora, a buscar a los que perdimos. De los que no sabíamos nada. El río se nos metió adentro. Teníamos que nombrar. Llamar. Buscar. Había tanta gente en las calles. Durmiendo en Avenida Freyre. Sin nada. Gente sola, solísima y triste.

Abrazar, abrazar, abrazar. Se convirtió en cotidiano, en necesario. Y después, en costumbre, claro. Si no te veo más, acá está mi abrazo. Y si te veo siempre, te abrazo porque necesito decirte que te quiero o que gracias o qué suerte que estás.
Ayudar, como se pudiera.
Limpiar la mierda.
Servir comida.
Juntar ropa.
Barrer.
Sentir este odio tan profundo por los hijosdeputa que dejaron entrar el río en mi ciudad y mataron tanta gente y se cagaron en la vida.
Las crucecitas en la plaza son nuestros muertos. Pero también son las casas perdidas. Las fotos de los hijos. Los muebles. Los útiles de la escuela. Los libros.
Los hijosdeputa siguen sueltos. Reutemann. Balbarrey. Todas esas lacras. Tarde o temprano la justicia los va a condenar, como corresponde.
Mientras tanto, hubo que armar de nuevo.
Revolver la mugre. Tirar. Construir.
Volver al primer miércoles de sol, después de la mugre marrón.
Todavía hoy, diez años después.


Foto de Periódico Pausa



23 de abril de 2013

Respiro.

Darle aire al tiempo
para que la boca no se canse
de barajar rutinas y ciclos 
que no busca, la pobre.

Darle aire.
Un respiro a los ojos
para renovar las alas y el deseo

Al fin y al cabo
todo
necesita respirar.

...azul es tu soledad, ámbar es la bruma de tu alma... - Flaco Spinetta - Bahía Final
Dibujo: Gabi Rubi

20 de abril de 2013

Habana.


Muero de ganas de escribir poemas en La Habana. E inventar un mundo de palabras y guerrilla. 
Quiero ser una novia del Che, cualquier novia del Che, en Santa Clara, ardiendo de amor y revolución.
Hacerle muchos hijos que se llamen Ernestos y Fideles y Emilianos. 
Y gritar Hasta la Victoria inclusive cuando voy a comprar el pan. 
Quiero llevar una carabina capaz de asesinar antipatrias cipayos gorilas.
Y sin embargo, escribir poemas de amor en La Habana. 
Amanecer con el calor caribeño del mundo a medio hacer, lleno de compañeros.




"Vienes quemando la brisa, con soles de primavera, para plantar la bandera con la luz de tu sonrisa".



12 de abril de 2013

Crecer.

El Principito - Antoine de Saint-Exupéry

Creo que la gente crece para adelante.
Lo de arriba y abajo es una mentira inventada por este mundo consumista y bipolar que ve altos y petisos, blancos y negros, pobres y ricos.
Crecemos como podemos. Caminando. Hacia adelante. Dar pasos en falso y retroceder, es inevitable. Crecer cuesta un montón de vida y duele. Y es hermoso y contradictorio, como todo lo que vale la pena.
La mayoría de las veces, por suerte, hay gente que nos da la mano. O que nos la suelta cuando ya es necesario. Vamos aprendiendo así, accidentadamente, que estamos hechos de sueños y errores, estrellas, paradojas, ventanas y papeles. Cuesta no perder la capacidad de asombro, las ganas de cambiar el mundo, mirar todo como si fuera la primera vez, con ojos de niño. Crecer para adelante sabiendo mirar para arriba, con las ganas intactas de aprender a volar, porque lo imposible sólo está en nuestra cabeza.
Caminar con ganas, como nos sale, con amor, con abrazos, es la mejor manera que conozco de ser feliz.

8 de abril de 2013

quiero III


te mido la boca, los rincones, el abrazo estremecedor.
quiero nadar en tus ojos todas las noches.
-todas las noches-
te quiero amanecer.
salir con gusto a vos a la mañana.
encontrarte, de repente, impregnado en mi ropa, en el viento, los ojos
te llevaría con gusto.

esas pequeñeces confirmarían que estás siendo conmigo


"El beso", de Gustav Klimt (en un muro de Siria)

4 de abril de 2013

Pena.

Sonó un ruido seco. En algún lado estaba rompiendo algo, o varias cosas, que habían permanecido intactas por muchos años -duele como la putamadre-. Volvió a sonar. Algo así como una rama que se parte o las hojitas que pisamos al caminar -porque mis felicidades más lindas y mis tristezas más terribles, siempre tienen que ver con el otoño-. Es increíble que ya haya llegado abril. Este abril que siempre es muchos abriles. Un solo abril a mil, que me asesina me grita me estremece, pero me arde, me libera.
Silbé un tanguito por lo bajo. Lo sigo haciendo, ahora mismo. Pienso que el tango embellece la pena, cuando ya se la puede nombrar. Y pienso que todo puede ser un poco más bello, incluida la pena ésta, que me invade a veces. Si la música hace todo más lindo, la tristeza también debe tener sus compases. Yo pienso que esta pena mía, la del ruido seco que suena acá adentro, es un dos por cuatro. Y escucho postales del alma allá a lo lejos, y pienso qué hermoso que estos tipos hayan escrito esta música en el país que habito, y me alimenten el alma así, de esta manera tan crucial y necesaria.
En fin, la pena. El ruido seco. Tengo que invitarlos a pasar, de una buena vez por todas. Sí. 
Que lloren conmigo estas cosas que no digo, y ya no quiero no decir. 
Que vengan acá al lado mío, para empezar a nombrar.




Silbé las letras y a mi guitarra
el encordado se le enlutó.
Hoy canto algunas cantando aquellas
Canto por nadie, canto por vos.
Postales mías del alma viva
fotografiando lo que yo soy.
Letra: Adrián Abonizio


28 de marzo de 2013

Hueco.

[ahí mismo
en el hueco de tu abrazo
quepo entera y sin tapujos
-soy yo, increíblemente-
te suelto los besos que guardo, las palabras, los ojos, las manos
somos
dos fugitivos que se hallan
debajo de la luna, a la vera de un vino
-cosa extraña si las hay-]


24 de marzo de 2013

Tacho.

Reparar. Desdramatizar. Romper la palabra “seriedad”. Tirar cosas a la basura. Llenar el tacho de suciedades, traumitas, corazones rotos, frustraciones, zapatos viejos, carteras que no voy a arreglar, bombachas feas, apuntes que no quiero ver más, puntos suspensivos, manos que ya no voy a tocar, hijos de puta, algunas miradas que nunca fueron mías. Salir al sol. Volver. Que el viento de otoño nos funde. Abrazarnos inmensamente. Para siempre.
Barajar y dar de nuevo, que le dicen.

14 de marzo de 2013

Desafíos.

Él tiene sus desafíos.
Yo los míos.
El beso de la mañana dice suerte, nos vemos pronto. Y también dice palabras que no decimos, todavía.
A la noche, cuando nos abrazamos, es otra cosa. 

Estamos vivos. Hoy, aquí, ahora.
Hermosamente vivos para abrazarnos y enredarnos 
después de los días nublados
el tumulto
los desafíos.

-Ahí está un poco de la dosis de felicidad que transporto por estos días-


"La maman et la putain", película de Jean Eustache (1973)




9 de marzo de 2013

Ya.

Me duele la panza. No es un dolor común y corriente igual. Estoy nerviosa.
Me pica el pecho. Pero no de angustia. Es una mezcla extraña entre angustia y curiosidad.
Tengo ganas de nacerme de nuevo.
Es tiempo ya.

6 de marzo de 2013

Comandante.


Lo hermoso es que estos tipos que han muerto por nosotros son nuestros. Hermoso y terrible, claro, pero hermoso. Y con nuestros muertos no se jode, porque aquí no se rinde nadie. La Patria Grande va a andar renga por estos días. Estamos tristes. Pica una pena profunda en el pecho. Una pena con la misma forma que cuando perdimos al Flaco. 
¿Qué será que tiene esta Latinoamérica nuestra que hace que den la vida por ella?

Dijeron que no había que llorarlo al Comandante. Pero la verdad, es inevitable. Vamos a extrañarlo por peleón, por negro lindo, por simpático, por líder, por imprescindible. Ayer, hoy, mañana, pasado, nos va a doler el cuerpo porque tenemos que procesar la pena y comprenderlo en toda su magnitud: se nos murió Chávez. 
El mismo que mandó a la mierda el ALCA, y a Bush, y al Rey de España. El que se abrazaba inmensamente con el Flaco y con Cristina, y se cagaba de risa de los miserables, porque sabía que la historia los va a juzgar, en algún momento. Construir el Socialismo del Siglo XXI era su misión y su vida. Se le notaba en los ojos, lo veía en sus abrazos, en sus manos, en su inmensa capacidad para decir "los amo" con acciones (me late fuerte el corazón y me arden los ojos por esta pena enorme que lleva el nombre del Comandante).

Nos queda eso. La inmensidad del hombre que reinventó la Patria Grande. Y dijo las cosas que había que decir en el momento en el que había que decirlas. Llorarlo es ahora. Mañana será tiempo de seguir construyendo nuestra Latinoamérica democrática, unida y revolucionaria.

Por suerte, sabemos que habrá callecitas nuevas con los nombres de nuestros muertos, que bien vivos están. Escuelas. Hospitales. Habrá niños recién nacidos con sus nombres. No por el olvido, porque el pueblo no olvida nunca a sus líderes y menos a sus sueños, sino para molestar desde ahora y para siempre a todos los que celebran la muerte y se jactan de ser civilizados, a los miserables, a los hipócritas y a los hijosdeputa.

Somos muy privilegiados. La historia de que en nuestra América hubo un Chávez y un Fidel y un Néstor no nos la contó nadie… la estamos viendo con nuestros propios ojos, la vivimos intempestivamente, con amor, cada uno en su lugar, convencidos de que este es el camino. Y de que si en Venezuela no hay una Revolución socialista, yo no entiendo qué carajo significan esas palabras. Habrá, entonces, que ponerse a la altura de las circunstancias.

El Comandante, ahorita, debe andar gritando "exprópielo" en el cielo de los libertadores. Sé, con el cuerpo, con esta angustia que es mía y de millones, que no se va a apagar nunca la llama chavista (algún día, me fundiré en un abrazo fraterno y profundo con el pueblo venezolano, mientras tanto sólo tengo estas palabras).

¡Viva Chávez!
¡Viva Venezuela!
¡Viva la Revolución bolivariana!


5 de marzo de 2013

Seis.

tengo seis corazones
doce manos y sus doce pies
la ternura que brota a borbotones
en este viaje sin fin que es nuestra vida compartida

les debo mi espontaneidad
las carcajadas más grandes
los llantos catastróficos
los halagos sentidos
los moretones gigantes
las puteadas bien puestas
los enojos terribles
los mejores juegos del mundo
los besos más lindos que tuve en mi vida
                                              -y que tendré-
todo el amor que me cabe en el cuerpo


tengo seis abrazos
                       -tan increíblemente llenadores,
                        tan inmensamente míos y yo misma-

y la certeza, hermosamente atronadora, de que yo no sería yo sin ellos.
y que les daría la vida sin pensarlo dos veces.


Felíz día a mis hermosos y hermosas!

19 de febrero de 2013

Primerísima.

Nada nuevo bajo el sol, dicen.
Y yo veo el mundo siendo una lluvia, anunciando el otoño por venir.
Peatones apurados. 
Los huecos viejos, cada vez más huecos, cada vez más viejos.
Las sinceridades necesarias, sucediendo.
Y estas ganas de cambiar de adentro para afuera
nacer
nombrándome yo
por primerísima vez.




6 de febrero de 2013

Macana.

[¿viste cuando acecha la tristeza, sin razón aparente?
emerge desde las comisuras de la boca. chorrea en los ojos sin brillo. en las pocas ganas de reir.
así estamos.
aceptando algunos irrefrenables finales
entendiendo que habrá que afrontar, otra vez, comienzos
qué macana.
o mejor: qué pocas ganas.]

28 de enero de 2013

Hallazgo.

si durara la piel
estiraría el cansancio
las ganas de nacer
las ausencias éstas, que sobran,
yo misma.
me estiraría hasta hacerme carne en algún olvido.
en el infierno del olvido de otro
hasta estrujar las manos, el hartazgo, las caricias

hallarme de mi. ovillarme de mi. orillarme.
vaciar la soledad que acecha a los pies de la cama.
soplar esta presencia tenebrosa de otra boca
ser la dolorosa ausencia de alguien, quiero.
no la mía. ya no más la mía.

"Abandonos", de Gabi Rubi.

24 de enero de 2013

quiero II




[quiero verte
besarte
trepar a tus sueños
y dormirme
hacerte felíz de abrazos tibios
hacernos el amor de a ratos, hermosamente
nombrarte con tu nombre y con el mío
confundirlos
saberte conmigo
revolverte el pelo, besarte las manos
amanecernos en un nudo
y desenredarnos para anudarnos de nuevo
porque ¿sabés?
 no sé que viene después
y hoy, ay!, hoy quiero verte, besarte, decirte estas cosas
hacerte el amor]

22 de enero de 2013

Ganas.


A mi sí que me gustan tus piernas mecerse
como si fueran olas
Por lo que se ve
me gustó tu mar y tu canoa. 


Ando ganas de encontrarte
de una buena vez por todas.
El invierno largo se fue
y ya cambiaron las modas.
Llora, llora, lloran mis penas de amor 





Tema: Los Piojos
Versión: Perota Chingó

14 de enero de 2013

Mar.


mareó el mar. sacudió las ideas. 
llenó de sal las manos, el vientre, la cara.

entendí que te vengo queriendo sin exigencias. sin ningún tipo de garantías.
sonrío. si vos no estás donde estoy, pasa. como las olas cuando se van. 
las que vienen después ya no son las mismas. otras son. como nosotros.

sonrío.
ando llena de mar. tengo los dedos salados, todavía. ideas nuevas, sin forma, coloridas. 
ganas de vos.
sonrío. llena de mar así como ando.



4 de enero de 2013

Confesiones II


Hoy tengo esta certeza, terrible, de mi propia finitud
que sólo delata
mis urgentes angustiosas necesarias 
hermosas ancestrales
ganas de amar

                                                                   -venís?-



¿Cuando podrás
amar sin tantos complejos?
Para salir del tedio
destapá algún sueño.


31 de diciembre de 2012

Trece.


Quien busque el infinito, que cierre los ojos.
Milan Kundera.

Mañana será otro año. Otro camino. Y como es costumbre, vale entregar los mejores deseos al viento. Y regar la tierra de abrazos y besos. Así que acá les dejo los míos.
Quiéranse. Este cuerpo viene todo junto, adentro y afuera. Y es el único que vamos a tener. Hay que cuidarlo, para que dure. 
Amen. Con todo el cuero. Con los sentidos. Hasta los defectos.
Digan Gracias, Por favor, Te quiero, nada acaricia mejor que esas palabras. 
Así que, a ustedes, gracias. Los quiero, aunque no los conozca. Por favor, sean ustedes mismos, siempre.
Abracen. Besen. Rían. Que 2013 esté colmado de carcajadas. 
Sean felices. Muy, muy, muy felices. 

Felíz DosMilTrece y Buena Vida





"Cuándo fue la última vez que te preguntaste?"

28 de diciembre de 2012

Doce.

Uno. Crecí mucho.
Dos.  Hice cosas que me debía.
Tres. Amé. Y dejé de amar (como siempre).

Cuatro. Fui yo, contra todos los pronósticos.
Cinco. Tuve, tengo, con certeza nauseabunda, muchísima gente. Mis hermosísimas gentes que me aguantan el corazón. Que están ahí, estando. Sosteniendo el abrazo, la mirada, el beso.

Seis. Lloré mucho. Más de lo normal.
Siete. Me morí de risa. A carcajada limpia anduve. Mucho más de lo habitual. 
Ocho. Decidí.
Nueve. Me arrepentí, pero no de mucho.
Diez. Abracé tanto, pero tanto, que se me hincha el pecho cuando me acuerdo.
Once. Estuve triste, muy, muy.
Doce. Fui felíz. Tan increíblemente felíz, tantísimas veces. Que sólo quiero que empiece todo de nuevo. 



23 de diciembre de 2012

Extrañeza.


Te me metiste entre los párpados.
Andás revoloteando, violentamente, en mi cabeza.
No te quiero ahí, es la pura verdad. 
-aunque me encante simular que no te miro- 
Quiero otra cosa.
Una palabra quiero. Algo que nos diga. Nos nombre.
Porque así, así como ahora, ya no más, aburre, pesa una rutina que no busco.
-y sin embargo cuando estás, estremezco, y desbordo de ganas de tocarte-

Y después, la extrañeza. Esto de que digo tu nombre y no lo conozco. 
No sé quien sos. Cómo llegaste a mi cama. 
-Quién sos. Quién te nombra, además de mi-
Si te quiero querer. O sólo es esto que es. 

Y sin embargo, me zumbás en los oídos, te tengo impregnado en los ojos. 
Te llevo conmigo en este solsticio de verano. 
Más allá de que seas un extraño presente entre estas sábanas. 

22 de diciembre de 2012

Sucesos.

[Que no me encuentre enero
fugitiva de tu boca
                                                      -tan real que asusta, tan certera que arremete-
como sucede siempre que despuntan
los años nuevos]




"...una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujarla con mi mano en tu cara..."

11 de diciembre de 2012

Ver.



te miré viéndome

no como se ve un libro nuevo, o la calle al cruzarla, o la ventana al abrirse


te miré viéndome como se mira lo recóndito,

lo inmedible pero tocable, una piel al alcance de la mano

una infinitud que calma


en esta mirada, pensé, en la mirada de este hombre, ahorita mismo

no me voy a morir nunca.

Marc Chagall.


Poema expuesto en Arte y la Madre, noviembre 2012.


6 de diciembre de 2012

Barrio.

Puede haber varias cosas que definen un barrio. Pero la principalísima de todas son los vecinos.
Hoy relampaguea y tormentea desde hace ya un par de horas en el mío. En la ciudad. Y en la ciudad de enfrente. En el medio de la actividad climatológica, una hace cosas, que debe y quiere. Yo, por ejemplo, hoy tenía pilates. Y fui, por supuesto. Es mi tiempo para mí. Y para no llegar redonda al verano.
Cuando salí de ahí, llovía, pero no mucho. Me arriesgo al almacén, dije. Fui. Mientras esperaba que me atiendan, pasó lo obvio: el tormentón. Con relámpagos y vientos y gotas bien gruesas. Completito. Hice tiempo charlando con el almacenero. Paró un poco, y salí. Las bocacalles eran ríos. Y con correntadas importantes en ambos lados. ¿Por dónde mierda cruzo? Pregunta crucial que me hice (sentiende?). Y existencial. Tres vecinos miraban desde la vereda de mi casa, a resguardo bajo techo, mirando qué carajo hacía, seguramente esperando que me quebrara una gamba tratando de cruzar (eso pensé, de mierda que soy nomás). Me mando, dije. Me mandé. La primer correntada salió bien. A la segunda tambaleé, porque ya estaba confianzuda, y la muy soreta se llevó mi ojota. Chau, dije, en voz alta.
-¡¡¡CORRELA!!! -escuché que me gritaban.
Y ahí nomás, dos vecinos, padre e hijo, salieron a correr la ojota media cuadra, con lluvia y todo. Hasta que la detuvo la rueda de un auto estacionado y, milagrosamente, subió a la vereda. Ojete. Puro ojete.
Y, claro, ya me hice amiga de mis vecinos. Gracias, gracias, les dije. De nada, de nada, replicaron.
Eso es un barrio. Que dos locos que ni te conocen te corran la ojota, con lluvia y todo.
Está decidido: no me mudo más.

2 de diciembre de 2012

Silbidos de cielo.

Con amores fugaces e inolvidables, 
con parasiempres grávidos como espuma 
y el acero afilado de los probables 
colgado vigilante junto a la luna.
Soltar todo y largarse, Silvio Rodríguez.

Hace unos días
un hombre estuvo a punto de hacerme estallar el corazón
varias veces.
Tanta belleza. Tanta poesía cantada.
El mundo es mi recoveco hecho una canción de Silvio.
Silbidos de cielo.
Me enamoré esa noche. Como nunca. Como siempre, en realidad.
Como si fuera la primera vez. Como si nunca hubiera escuchado.
Después las mujeres que me rodean.
Las muchas muchachas que pueblan de voz el mundo.
Que cantan y se hinchan las estrellas. Se callan los grillos para escucharlas.
Ardió el mundo.
Subió fuego a fuego por la columna.
Extendí la mirada. Abrí los ojos.
Lloré sobre las escaleras toda conciencia sobre mí misma [esto de saber que somos finitos, tan]
Supe de mis dedos cuando tocan. De mi voz cuando canta. De mi amor roto y entero. De mi, supe. 
                                                                                           Gracias a todos ellos.






A Silvio, mis amigas y compañer@s.

8 de noviembre de 2012

Sueños II

anoche andaba en bicicleta.
soñaba que andaba y andaba.
giraba por la ciudad.
subía, bajaba, miraba.
comía una mandarina, dos.
subía, bajaba, miraba.

ardía el sol. soplaba caliente el viento de verano.
la bicicleta me llevaba a algún lado.

un árbol?, pensé
el río?, supuse
un otoño?, quise

pero no. andaba por caminos que no conocía.
mientras ardía el sol, allá arriba, increíblemente.

la bicicleta me llevó,
despacito,
hasta tu sombra.

permiso, te dije, esta tarde acá me quedo.


27 de octubre de 2012

Néstor.


Tengo palabras atragantadas. Atravesar la muerte de otro y sentirla cercana es algo inédito para mí. Otro que no es familia, ni amigo. Compañero, eso.

Las banderas, las consignas. Los compañeros. La Plaza.
Atravesar la Plaza, la primera Plaza del país, para despedir al compañero y presentarle nuestros respetos. Para que sepa que acá estamos y estaremos, construyendo lo que él empezó.

Ahí estaba el pueblo. Precioso. Colmado de banderías y de independencias. Yo estoy porque tengo que estar acá, escuché decir a una doña. También sentí eso. Venir a despedir. Venir a apoyar. Venir a encontrarnos con los que están y sienten como uno. Porque cuando duele, el cuerpo busca abrazos que duelan parecido, para no sentirse solo.

Pasar la noche porteña en la Plaza de Mayo. Y recibir el solcito de la mañana ahí. Donde también pasaron la noche varios descamisados, pobres y rotos que no tienen techo. Desperezarse y andar. Recibir el sol con mate caliente y bizcochos horneados y algunos diarios recién salidos para ver qué se dice y qué se dijo de los días que estábamos viviendo. Y mientras, mirar la pantalla que transmitía lo que pasaba desde adentro del Salón de los líderes latinoamericanos, por donde transitaron toda la noche compañeros y compañeras a despedir a Néstor.

¿Estábamos naciendo ahí? En esos momentos en que nos mirábamos y nos encontrábamos llorando el mismo dolor, la misma pérdida, sintiendo la misma y terrible falta. ¿Éramos nosotros descubriéndonos unidos por alguien que nos trascendió, y después de muerto nos funda? ¿Nacíamos ahí? ¿Fuimos un pueblo construyéndose una nueva identidad política, unos nuevos sujetos, hermanados por la muerte de uno de los nuestros?
Todavía faltaba la lluvia. Que empezó como llovizna y no paró durante el resto del día. Pero había un compañero muerto. Un compañero de corazón enorme, y al que, ironías de la muerte, su tiro del final fue un corazón que erró. Y a los compañeros muertos hay que despedirlos y acompañarlos.

De a poco libero esto. Tengo tantas palabras atragantadas. Que no sé cómo escribirlas. Para quién. Para mí, resuelvo. Y a la mierda. Vuelvo.

La lluvia no molestaba. Mojó, sí. Hizo frío, sí. Pero marcaba una diferencia con los otros días. Se me ocurrió pensar en algún momento que el pueblo y el cielo tenían ritmo circadiano. La lluvia convertía ese día en historia. Para siempre. El último día de despedida del compañero. El compañero que nos dio tanto, y que sólo la buena historiografía podrá hacerle justicia.

¿Nos trasciende esto que nos pasó?
Nos deja mareados en medio de una tormenta que aún no supimos calmar.
Nos deja pasmados ante lo injusto.
Y cantando, convencidos, con nuevo furor: Sean eternos los laureles, que supimos conseguir. Coronados de gloria vivamos… ¡o juremos con gloria morir!

A Néstor Carlos Kirchner.

19 de octubre de 2012

Mañanas.

Hay veces que me acariciás
como si estuviera por acabarse el mundo. De una forma final. Atroz.
Terriblemente hermosa.

Es incierto esto. Raro. Tranquilo... debe ser por eso que me gusta.
No tiene exigencias. Ni tiempos.
Hay cariño, no amor. Y eso, por ahora, es un alivio.

Hay veces que me duermo pensando en tu abrazo, en tu espalda, tu boca
y ay!, dudo de todo, un rato.

Pero no. Esto que somos es así, con sus incertezas y sus vaivenes
y sus gestos amorosos. O no.
Esto que no somos, no se mide.

Y eso es tan lindo como tu caricia mañanera.

20 de septiembre de 2012

Buenaventura.

En la ciudad donde vivo
andan floreciendo los aromos, los lapachos.
Se anda asomando la vida nueva de la primavera
en cada esquina, en cada cauce, en cada lluvia.

En la ciudad que habito, que quiero, que me llena
el río anda cantando una cancioncita con gusto a futuro,
anuncia el tiempo de las flores,
los colores, los olores.

La ciudad se anda convirtiendo en una ventana
hacia los abrazos,
en una pausa,
en un silencio,
en un solsticio.

Miro el cielo colmado de azul, repleto, felíz.
Llega el calor. El carnaval. La buenaventura.
Viene el tiempo de las polleras, las mareas,
las estrellas enormes, allá arriba,
los ciclos nuevos.

¿Cómo no va a ser tiempo de cambiar de piel,
también?



19 de septiembre de 2012

Preguntas I.

si un día no estoy más
¿se hará cargo el mundo de mi voz?
de todo lo que no llegue a decir, a abrazar, a sentir.

si un día no estoy más
¿me haré cargo de mi propia ausencia?

16 de septiembre de 2012

quiero.

[quiero una canción con mi nombre
un alguien nuevo que me diga tequiero
abrir grandes los ojos
maravillarme
quiero ver el mundo entero
decir algún nombre y sorprenderme
reir a carcajadas
enterrar soles y desenterrar lunas llenas, embarazadas de noche
conmoverme
llorar a mares
gritar lo mucho que amo esta vida tan vida
tan mía tan yo en el medio del espanto
y la ternura]

14 de septiembre de 2012

Y no.

quisiera que seas una sombrita nomás
algo que no voy a extrañar
un abrazo tibio
una sonrisa a medias
manos frías.

yno.
tu cuerpo no es sombra. es tan tangible como mis ganas de vos.
y tu abrazo es entero. y caliente.
y tu sonrisa, certera. y tus manos, llenas.

es una lástima que ya no quiera más esto,
así,
tal cual es. yno.

12 de septiembre de 2012

Confluencias.

Te abrazo y corren las mandarinas;
te beso, y todas las uvas sueltan el vino oculto  de su corazón
sobre mi boca.
Gioconda Belli

Te acaricio dulcemente. Quisiera que te quedes. Que esto sea algo. Poco más de lo que es.
Te miro ser toda la piel y toda la sangre. Y estas latitudes que confluyen en tu boca.
Contemplo tu espalda de aire. Tu hombría siéndome. Haciéndome.
Y me guardo toda la ternura del abrazo. Los besos tibios. La sonrisa entera.

[escribo porque es mi forma de sentir el mundo. a vos. a mi misma.
tengo un pergamino donde describo tus costados, incluso antes de haberlos conocido. 
así que no te preocupes. esto es mío. todo mío.]

Mañana serán otras mis manos. No éstas que te acarician hoy.
Qué suerte la mía. De haberte saboreado un día así. Entero.
Sin reclamos. Sin horarios. Simplemente siéndonos.
Con toda la vida a flor de piel, ardiendo ahí, a nuestros pies.


S/T - María Mamczur


6 de septiembre de 2012

Flores.

[me iría bien lejos
escaparía de varias gentes
de algunos conflictos
de ciertas mentiras que digo
de ciertas verdades que hago]

pero no.
que ya llega la primavera. de a poco.
me viene naciendo como de adentro.
la siento agrandarse en el pecho. me aliviana los pies.
ando suelta de manos.
vestidita de aire. ando.

[quiero flores. muchas flores.
que florezcan mil, en cada rincón.
ojos que aturdan.
llenarme de besos.
abrazarlos a todos los que andan vaciados de manos,
apurados
desquiciados
viciados de espantos
locos. abrazarlos]

pero si. que viene llegando el tiempo del viento cálido.
de hacer muchos amores. y de hacer el amor, también.
quiero andar, andar. que arda el sol en la cara.
que se llene la verdulería de mandarinas.
que sea verde el mundo. muy verde.

que te alivianes los pies.
que andes vestido y vestida de aire, quiero.